La gallina degollada, Horacio Quiroga

Todo el día, sentados en el patio, en un banco estaban los cuatro hijos idiotas del matrimonio Mazzini-Ferraz. Tenían la lengua entre los labios, los ojos estúpidos, y volvían la cabeza con la boca abierta.

El patio era de tierra, cerrado al oeste por un cerco de ladrillos. El banco quedaba paralelo a él, a cinco metros, y allí se mantenían inmóviles, fijos los ojos en los ladrillos. Como el sol se ocultaba tras el cerco, al declinar los idiotas tenían fiesta. La luz enceguecedora llamaba su atención al principio, poco a poco sus ojos se animaban; se reían al fin estrepitosamente, congestionados por la misma hilaridad ansiosa, mirando el sol con alegría bestial, como si fuera comida.

Otra veces, alineados en el banco, zumbaban horas enteras, imitando al tranvía eléctrico. Los ruidos fuertes sacudían asimismo su inercia, y corrían entonces, mordiéndose la lengua y mugiendo, alrededor del patio. Pero casi siempre estaban apagados en un sombrío letargo de idiotismo, y pasaban todo el día sentados en su banco, con las piernas colgantes y quietas, empapando de glutinosa saliva el pantalón.

El mayor tenía doce años y el menor, ocho. En todo su aspecto sucio y desvalido se notaba la falta absoluta de un poco de cuidado maternal.

Esos cuatro idiotas, sin embargo, habían sido un día el encanto de sus padres. A los tres meses de casados, Mazzini y Berta orientaron su estrecho amor de marido y mujer, y mujer y marido, hacia un porvenir mucho más vital: un hijo. ¿Qué mayor dicha para dos enamorados que esa honrada consagración de su cariño, libertado ya del vil egoísmo de un mutuo amor sin fin ninguno y, lo que es peor para el amor mismo, sin esperanzas posibles de renovación?

Así lo sintieron Mazzini y Berta, y cuando el hijo llegó, a los catorce meses de matrimonio, creyeron cumplida su felicidad. La criatura creció bella y radiante, hasta que tuvo año y medio. Pero en el vigésimo mes sacudiéronlo una noche convulsiones terribles, y a la mañana siguiente no conocía más a sus padres. El médico lo examinó con esa atención profesional que está visiblemente buscando las causas del mal en las enfermedades de los padres.

Después de algunos días los miembros paralizados recobraron el movimiento; pero la inteligencia, el alma, aun el instinto, se habían ido del todo; había quedado profundamente idiota, baboso, colgante, muerto para siempre sobre las rodillas de su madre.

—¡Hijo, mi hijo querido! —sollozaba ésta, sobre aquella espantosa ruina de su primogénito.

El padre, desolado, acompañó al médico afuera.

—A usted se le puede decir: creo que es un caso perdido. Podrá mejorar, educarse en todo lo que le permita su idiotismo, pero no más allá.

—¡Sí!… ¡Sí! —asentía Mazzini—. Pero dígame: ¿Usted cree que es herencia, que…?

—En cuanto a la herencia paterna, ya le dije lo que creía cuando vi a su hijo. Respecto a la madre, hay allí un pulmón que no sopla bien. No veo nada más, pero hay un soplo un poco rudo. Hágala examinar detenidamente.

Con el alma destrozada de remordimiento, Mazzini redobló el amor a su hijo, el pequeño idiota que pagaba los excesos del abuelo. Tuvo asimismo que consolar, sostener sin tregua a Berta, herida en lo más profundo por aquel fracaso de su joven maternidad.

Como es natural, el matrimonio puso todo su amor en la esperanza de otro hijo. Nació éste, y su salud y limpidez de risa reencendieron el porvenir extinguido. Pero a los dieciocho meses las convulsiones del primogénito se repetían, y al día siguiente el segundo hijo amanecía idiota.

Esta vez los padres cayeron en honda desesperación. ¡Luego su sangre, su amor estaban malditos! ¡Su amor, sobre todo! Veintiocho años él, veintidós ella, y toda su apasionada ternura no alcanzaba a crear un átomo de vida normal. Ya no pedían más belleza e inteligencia como en el primogénito; ¡pero un hijo, un hijo como todos!

Del nuevo desastre brotaron nuevas llamaradas del dolorido amor, un loco anhelo de redimir de una vez para siempre la santidad de su ternura. Sobrevinieron mellizos, y punto por punto repitióse el proceso de los dos mayores.

Mas por encima de su inmensa amargura quedaba a Mazzini y Berta gran compasión por sus cuatro hijos. Hubo que arrancar del limbo de la más honda animalidad, no ya sus almas, sino el instinto mismo, abolido. No sabían deglutir, cambiar de sitio, ni aun sentarse.

Aprendieron al fin a caminar, pero chocaban contra todo, por no darse cuenta de los obstáculos. Cuando los lavaban mugían hasta inyectarse de sangre el rostro. Animábanse sólo al comer, o cuando veían colores brillantes u oían truenos. Se reían entonces, echando afuera lengua y ríos de baba, radiantes de frenesí bestial. Tenían, en cambio, cierta facultad imitativa; pero no se pudo obtener nada más.

Con los mellizos pareció haber concluido la aterradora descendencia. Pero pasados tres años desearon de nuevo ardientemente otro hijo, confiando en que el largo tiempo transcurrido hubiera aplacado a la fatalidad.

No satisfacían sus esperanzas. Y en ese ardiente anhelo que se exasperaba en razón de su infructuosidad, se agriaron. Hasta ese momento cada cual había tomado sobre sí la parte que le correspondía en la miseria de sus hijos; pero la desesperanza de redención ante las cuatro bestias que habían nacido de ellos echó afuera esa imperiosa necesidad de culpar a los otros, que es patrimonio específico de los corazones inferiores.

Iniciáronse con el cambio de pronombre: tus hijos. Y como a más del insulto había la insidia, la atmósfera se cargaba.
—Me parece —díjole una noche Mazzini, que acababa de entrar y se lavaba las manos—que podrías tener más limpios a los muchachos.
Berta continuó leyendo como si no hubiera oído.
—Es la primera vez —repuso al rato— que te veo inquietarte por el estado de tus hijos.

Mazzini volvió un poco la cara a ella con una sonrisa forzada:
—De nuestros hijos, ¿me parece?
—Bueno, de nuestros hijos. ¿Te gusta así? —alzó ella los ojos.

Esta vez Mazzini se expresó claramente:
—¿Creo que no vas a decir que yo tenga la culpa, no?
—¡Ah, no! —se sonrió Berta, muy pálida— ¡pero yo tampoco, supongo!… ¡No faltaba más!… —murmuró.
—¿Qué no faltaba más?
—¡Que si alguien tiene la culpa, no soy yo, entiéndelo bien! Eso es lo que te quería decir.

Su marido la miró un momento, con brutal deseo de insultarla.
—¡Dejemos! —articuló, secándose por fin las manos.
—Como quieras; pero si quieres decir…
—¡Berta!
—¡Como quieras!

Éste fue el primer choque y le sucedieron otros. Pero en las inevitables reconciliaciones, sus almas se unían con doble arrebato y locura por otro hijo.

Nació así una niña. Vivieron dos años con la angustia a flor de alma, esperando siempre otro desastre. Nada acaeció, sin embargo, y los padres pusieron en ella toda su complaciencia, que la pequeña llevaba a los más extremos límites del mimo y la mala crianza.

Si aún en los últimos tiempos Berta cuidaba siempre de sus hijos, al nacer Bertita olvidóse casi del todo de los otros. Su solo recuerdo la horrorizaba, como algo atroz que la hubieran obligado a cometer. A Mazzini, bien que en menor grado, pasábale lo mismo. No por eso la paz había llegado a sus almas. La menor indisposición de su hija echaba ahora afuera, con el terror de perderla, los rencores de su descendencia podrida. Habían acumulado hiel sobrado tiempo para que el vaso no quedara distendido, y al menor contacto el veneno se vertía afuera. Desde el primer disgusto emponzoñado habíanse perdido el respeto; y si hay algo a que el hombre se siente arrastrado con cruel fruición es, cuando ya se comenzó, a humillar del todo a una persona. Antes se contenían por la mutua falta de éxito; ahora que éste había llegado, cada cual, atribuyéndolo a sí mismo, sentía mayor la infamia de los cuatro engendros que el otro habíale forzado a crear.

Con estos sentimientos, no hubo ya para los cuatro hijos mayores afecto posible. La sirvienta los vestía, les daba de comer, los acostaba, con visible brutalidad. No los lavaban casi nunca. Pasaban todo el día sentados frente al cerco, abandonados de toda remota caricia. De este modo Bertita cumplió cuatro años, y esa noche, resultado de las golosinas que era a los padres absolutamente imposible negarle, la criatura tuvo algún escalofrío y fiebre. Y el temor a verla morir o quedar idiota, tornó a reabrir la eterna llaga.

Hacía tres horas que no hablaban, y el motivo fue, como casi siempre, los fuertes pasos de Mazzini.

—¡Mi Dios! ¿No puedes caminar más despacio? ¿Cuántas veces…?
—Bueno, es que me olvido; ¡se acabó! No lo hago a propósito.

Ella se sonrió, desdeñosa: —¡No, no te creo tanto!
—Ni yo jamás te hubiera creído tanto a ti… ¡tisiquilla!
—¡Qué! ¿Qué dijiste?…
—¡Nada!
—¡Sí, te oí algo! Mira: ¡no sé lo que dijiste; pero te juro que prefiero cualquier cosa a tener un padre como el que has tenido tú!

Mazzini se puso pálido.
—¡Al fin! —murmuró con los dientes apretados—. ¡Al fin, víbora, has dicho lo que querías!
—¡Sí, víbora, sí! Pero yo he tenido padres sanos, ¿oyes?, ¡sanos! ¡Mi padre no ha muerto de delirio! ¡Yo hubiera tenido hijos como los de todo el mundo! ¡Esos son hijos tuyos, los cuatro tuyos!

Mazzini explotó a su vez.
—¡Víbora tísica! ¡eso es lo que te dije, lo que te quiero decir! ¡Pregúntale, pregúntale al médico quién tiene la mayor culpa de la meningitis de tus hijos: mi padre o tu pulmón picado, víbora!

Continuaron cada vez con mayor violencia, hasta que un gemido de Bertita selló instantáneamente sus bocas. A la una de la mañana la ligera indigestión había desaparecido, y como pasa fatalmente con todos los matrimonios jóvenes que se han amado intensamente una vez siquiera, la reconciliación llegó, tanto más efusiva cuanto infames fueran los agravios.

Amaneció un espléndido día, y mientras Berta se levantaba escupió sangre. Las emociones y mala noche pasada tenían, sin duda, gran culpa. Mazzini la retuvo abrazada largo rato, y ella lloró desesperadamente, pero sin que ninguno se atreviera a decir una palabra.

A las diez decidieron salir, después de almorzar. Como apenas tenían tiempo, ordenaron a la sirvienta que matara una gallina.

El día radiante había arrancado a los idiotas de su banco. De modo que mientras la sirvienta degollaba en la cocina al animal, desangrándolo con parsimonia (Berta había aprendido de su madre este buen modo de conservar la frescura de la carne), creyó sentir algo como respiración tras ella. Volvióse, y vio a los cuatro idiotas, con los hombros pegados uno a otro, mirando estupefactos la operación… Rojo… rojo…

—¡Señora! Los niños están aquí, en la cocina.

Berta llegó; no quería que jamás pisaran allí. ¡Y ni aun en esas horas de pleno perdón, olvido y felicidad reconquistada, podía evitarse esa horrible visión! Porque, naturalmente, cuando más intensos eran los raptos de amor a su marido e hija, más irritado era su humor con los monstruos.

—¡Que salgan, María! ¡Échelos! ¡Échelos, le digo!

Las cuatro pobres bestias, sacudidas, brutalmente empujadas, fueron a dar a su banco.
Después de almorzar salieron todos. La sirvienta fue a Buenos Aires y el matrimonio a pasear por las quintas. Al bajar el sol volvieron; pero Berta quiso saludar un momento a sus vecinas de enfrente. Su hija escapóse enseguida a casa.

Entretanto los idiotas no se habían movido en todo el día de su banco. El sol había traspuesto ya el cerco, comenzaba a hundirse, y ellos continuaban mirando los ladrillos, más inertes que nunca.
De pronto algo se interpuso entre su mirada y el cerco. Su hermana, cansada de cinco horas paternales, quería observar por su cuenta. Detenida al pie del cerco, miraba pensativa la cresta. Quería trepar, eso no ofrecía duda. Al fin decidióse por una silla desfondada, pero aun no alcanzaba. Recurrió entonces a un cajón de kerosene, y su instinto topográfico hízole colocar vertical el mueble, con lo cual triunfó.

Los cuatro idiotas, la mirada indiferente, vieron cómo su hermana lograba pacientemente dominar el equilibrio, y cómo en puntas de pie apoyaba la garganta sobre la cresta del cerco, entre sus manos tirantes. Viéronla mirar a todos lados, y buscar apoyo con el pie para alzarse más.

Pero la mirada de los idiotas se había animado; una misma luz insistente estaba fija en sus pupilas. No apartaban los ojos de su hermana mientras creciente sensación de gula bestial iba cambiando cada línea de sus rostros. Lentamente avanzaron hacia el cerco. La pequeña, que habiendo logrado calzar el pie iba ya a montar a horcajadas y a caerse del otro lado, seguramente sintióse cogida de la pierna. Debajo de ella, los ocho ojos clavados en los suyos le dieron miedo.

—¡Soltáme! ¡Déjame! —gritó sacudiendo la pierna. Pero fue atraída.
—¡Mamá! ¡Ay, mamá! ¡Mamá, papá! —lloró imperiosamente. Trató aún de sujetarse del borde, pero sintióse arrancada y cayó.
—Mamá, ¡ay! Ma. . . —No pudo gritar más. Uno de ellos le apretó el cuello, apartando los bucles como si fueran plumas, y los otros la arrastraron de una sola pierna hasta la cocina, donde esa mañana se había desangrado a la gallina, bien sujeta, arrancándole la vida segundo por segundo.

Mazzini, en la casa de enfrente, creyó oír la voz de su hija.
—Me parece que te llama—le dijo a Berta.
Prestaron oído, inquietos, pero no oyeron más. Con todo, un momento después se despidieron, y mientras Berta iba dejar su sombrero, Mazzini avanzó en el patio.
—¡Bertita!
Nadie respondió.
—¡Bertita! —alzó más la voz, ya alterada.

Y el silencio fue tan fúnebre para su corazón siempre aterrado, que la espalda se le heló de horrible presentimiento.
—¡Mi hija, mi hija! —corrió ya desesperado hacia el fondo. Pero al pasar frente a la cocina vio en el piso un mar de sangre. Empujó violentamente la puerta entornada, y lanzó un grito de horror.
Berta, que ya se había lanzado corriendo a su vez al oír el angustioso llamado del padre, oyó el grito y respondió con otro. Pero al precipitarse en la cocina, Mazzini, lívido como la muerte, se interpuso, conteniéndola:
—¡No entres! ¡No entres!
Berta alcanzó a ver el piso inundado de sangre. Sólo pudo echar sus brazos sobre la cabeza y hundirse a lo largo de él con un ronco suspiro.

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3 comentarios sobre “La gallina degollada, Horacio Quiroga

  1. 1) El tono del escritor al describe a los cuatro hijos es de no insultar a los hijos , sino de una manera fácil para tratar de entender cuales son las perspectivas de los cuatro hijos. Los cuatro hijos de Berta y Mazzini padecen de una enfermedad llamada meningitis. Esta enfermedad causa que los hijos estén un poco retrasados mentales. Por esa razón el escritor los describe como idiotas. “Todo el dia, sentados en el patio, en un banco estaban los cuatro hijos idiotas del matrimonio Mazzini-Ferraz.” “Tenían la lengua entre los labios, los ojos estúpidos, y volvían la cabeza con la boca abierta.” Los hijos estaban muy idiotas o en otras palabras retrasados que no se saben cuidar y asearse por sí solos.

    2) Para el matrimonio el tener un hijo tener un gran significado y riesgo.Tenía un gran significado porque al tener un hijo nunca sabían si iba a salir defectuoso o con una enfermedad grave. Cuando Mazzini y Berta supieron que tendrían al primer hijo ellos nunca esperaban que el tendria una enfermedad. “Así lo sintieron Mazzini y berta, cuando el hijo llegó, a los catorce meses de matrimonio, creyeron cumplida su felicidad. “ Ellos eran un matrimonio joven y feliz al esperar su primer hijo.

    3) El remordimiento que tenía Mazzini era que él pensaba que la enfermedad era herencia del lado paterno. Sin embargo la madre, Berta tenía parte de la culpa. Berta tenía un pulmón que no soplaba bien. Los dos genes de los padres chocaban y pienso yo que era lo que causaba que los sus hijos tuvieran meningitis.

    5) Muchas personas creen que es necesidad culpar a otros mientras ellos son los que cometieron los errores. Ellos tienen esa necesidad porque no quieren admitir culpa. Otra de las tantas razones también es por el egoísmo. Alguien que es egoísta solo piensa en sí mismo. En el cuento Mazzini quiere culpar a Berta por la enfermedad cual los cuatro hijos de ellos tienen. “Preguntale, preguntale al médico quien tiene la mayor culpa de la meningitis de tus hijos: mi padre o tu pulmón picado, víbora!” digo Mazzini. Mazzini trato de culpar a Berta, sin embargo muchas de las veces las personas no tienen la culpa de una enfermedad porque puede ser genético.

    6) Había mucha negligencia hacia los hijos de los padres porque ellos se sentían decepcionados. Ellos se sentían de esa forma porque todos, uno tras otro de los hijos salieron igual con meningitis. Ellos por un tiempo se daban por vencido y se culpaban uno al otro por tener hijos idiotas.

    7) El veneno que se vertía afuera era el de la víbora a la hija. Tambien el veneno es comparado con lo que la pareja tenia guardado del coraje.

    8) El principal conflicto de la pareja era que ellos siempre temían tener hijos con defectos.También era que ellos no tenían gran comunicación porque ellos discutían como cualquier pareja. “Las emociones y mala noche pasada tenían, sin duda, gran culpa.” Mazzini aceptó que el tenia la culpa sobre lo ocurrido. “ Mazzini la retuvo abrazado largo rato, y ella lloró desesperadamente, pero sin que ninguno se atreviera a decir una palabra.”

    9) La madre de los cuatro hijos con meningitis cambio su actitud hacia ellos con su relación cuando la pareja tuvo su quinto hijo. Antes de tener su quinto hijo la señora Berta cuidaba de sus hijos, pero cuando nació su hija Bertita las cosas cambiaron la relación de la madre hacia sus hijos. “Si aún los últimos tiempos Berta cuidaba siempre de sus hijos, al nacer Bertita olvidose casi del todo de los otros.” lo mismo le ocurrio a Mazzini. Para ellos era un triunfo porque finalmente pudieron tener una hija que no tuviera esa enfermedad que los atormentaba.

    10) Lo que creo yo que hizo impulso a los hijos cometer semejante acto fue que ellos sentían que la hija, Bertita tomo todo el cariño de sus padres mientras ellos fueron hechos a un lado. “Al nacer Bertita olvidose casi del todo de los otros.” Los hijos casi todo el tiempo eran ignorados por sus padres “…no hubo ya para los cuatro hijos mayores afecto posible.” Esto causó que la sirvienta cuidara de ellos. “La sirvienta los vestía, les daba de comer, los acostaba, con visible brutalidad.” Los padres complacieron a su hija Bertita con todo mientras los otros cuatro no, siempre eran hechos pero menos. “… Bertita cumplio cuatro anos, y esa noche, resultado de las golosinas que era a los padres absolutamente imposible negarle…”

    11) El tema de la historia es siempre hay otra cara a la moneda. Cuando todo parece ocurrir mal siempre hay esperanza, pero nunca se sabe que puede ocurrir. Los padres por un tiempo casi se daban por vencido al saber que todos los hijos que tenian, tenian una enfermedad que seguía pasando, pero al final tuvieron la oportunidad de tener una hija normal sin ningun defecto cual los hizo muy feliz. Esto causó los otros hijos enlazarse y los hizo reaccionar la manera de cual ellos lo hicieron.

  2. En el cuento La Gallina Degollada el tono que usa el autor Horacio Quiroga es oscura, distante y despreciable hacia los cuatro niños de Mazzini y Berta. Cuando describe a los niños el autor usa palabras como “imbecil”, “ojos estupidos”. La relación de los padres hacia sus hijos es siempre distante y de desprecio porque ellos no son normales. Para el matrimonio Mazzini-Ferraz el tener un hijo representaba una honrada consagración de amor y una manera de enfocar el amor hacia un hijo en vez de así mismos. Es así que “cuando el hijo llegó, a los catorce meses de matrimonio, creyeron cumplida su felicidad.” Sin embargo cuando el niño enfermo ellos quedaron destrozados.
    Mazzini cargaba con sigo el remordimiento de que era culpa de el y su familia que los niños se enfermara. El pensaba que talvez sus hijos pagaban por los excesos de su abuelo. Especialmente cuando sus primeros cuatro hijos tuvieron la misma suerte de enfermarse antes de cumplir los dos anos.
    Así pues por varios anos el matrimonio solo tuvo los cuatro hijos imbeciles y Mazzini y Berta cuidaron de ellos. Quiroga dice: “Hubo que arrancar del limbo de la más honda animalidad, no ya sus almas, sino el instinto mismo, abolido”. Esto quiere decir que los padres con gran compasión trataron de quitar el instinto animal de sus hijos. Quiroga describe “no sabían deglutir, cambiar de sitio, ni aun sentarse…aprendieron al fin a caminar…tenían, en cambio, cierta facultad imitativa.”
    Se dice que la necesidad de culpar a los otros es de corazones inferiores por que una persona de corazón superior se enfocaría en el amor a sus hijos sin importar que no sean normales. A lo opuesto de personas de corazones inferiores no se enfocan en otorgar amor sin fronteras a sus hijos, si no se enfocan en fijarse de quien es la culpa de la imperfección.
    Así pues los cuidados y compasión de los padres hacia sus cuatro hijos termino cuando nació su hija Bertita; al ver a su hija normal, despreciaron a los otros cuatro por que eran imperfectos. Y por eso tanta negligencia hacia los cuatro hijos. A los padres les daba coraje por que sus cuatro hijos no eran normales. Yo pienso que sentían eso por que los hijos deberían ser una consagración del matrimonio, y si los hijos no eran perfectos, el matrimonio no era perfecto tampoco. Y cuando nació Bertita le dieron toda la atención a ella por que era una hija normal, lo que ellos siempre deseaban.
    Pero aunque tuvieron una hija normal el veneno entre ellos dos no dejo de existir. Ambos sentían rencor el uno contra el otro por los hijos enfermos. Cada una pensaba que era culpa del otro. Cada que algo salía mal, por ejemplo cuando se enfermaba Bertita, ellos dos se peleaban culpándose el uno al otro.
    El principal conflicto en la pareja era de quien era la culpa por los cuatro hijos imperfectos. Berta le echaba la culpa a Mazzini por que su padre (el abuelo) murió de delirio, mientras que Mazzini le echaba la culpa a Berta por su pulmón dañado.
    Berta, la madre de los hijos nunca mostró gran afecto o amor por sus hijos, pero si los mantenía y cuidaba. Pero “al nacer Bertita olvidóse casi del todo de los otros”. Se enfoco solo en Bertita y llego sentir horror por los cuatro hijos imbeciles. El autor escribe, “su solo recuerdo la horrorizaba, como algo atroz que la hubieran obligado a cometer”.
    Así pues los cuatro hijos vivían en gran negligencia, sin amor ni atención. Con sus limitadas facultades tenían muy poco que disfrutar. A los cuatro hijos les encantaba ver la puesta del sol y en el día que ocurrió la tragedia “los idiotas no se habían movido en todo el día de su banco. El sol había traspuesto ya el cerco, comenzaba a hundirse…”. Y fue en este momento que Bertita se interpuso colocándose en medio de lo hijos y la puesta del sol. Interrumpiéndoles su pasatiempo favorito. Yo creo que fue lo que los impulso a cometer semejante acto; ellos tenían muchas limitaciones pero si aprendieron a imitar gracias a la atención de la madre antes de que naciera Bertita. Al no saber como reaccionar cuando Bertita los interrumpió, lo único que a ellos se les ocurrió fue hacer lo que miraron que hizo la sirvienta con la gallina. “Uno de ellos le apretó el cuello…como si fueran plumas, y los otros la arrastraron de una sola pierna…[a] donde esa mañana se había desangrado a la gallina”.
    A través de este cuento los temas son crueldad y des-amor. La crueldad se mira en el tratamiento de los padres y la sirvienta hacia los cuatro hijos. También como los hijos matan cruelmente a Bertita. También como los padres son crueles el uno contra el otro culpándose del estado de los cuatro hijos enfermos. Pero sobre todo el des-amor de Mazzini y Berta hacia ellos mismos, y hacia los cuatro hijos imperfectos. Esta es una historia muy triste y trágica.

  3. Cual es el tono del escritor al describir a los cuatro hijos?

    Que representaba tener un hijo para el matrimonio?

    Que remordimiento tenia Mazzini?

    Da tu interpretacion (usa evidencias) de la siguiente frase:
    “Hubo que arrancar del limbo de la más honda animalidad, no ya sus almas, sino el instinto mismo, abolido”.

    Explica por que se dice que la imperiosa necesidad de culpar a los otros, es patrimonio específico de los corazones inferiores.

    Por que tanta negligencia de los padres a los cuatro hijos?

    Cual era el veneno que se vertia afuera?

    Cual era el principal conflicto de la pareja?

    Explica los cambios de actitud que la madre tuvo con relacion a sus hijos.

    Que impulso a los hijos a cometer semejante acto? (da evidencias).

    Cual es el tema?

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