La noche del 15 de septiembre, Manuel Payno

Era la noche del 15 de septiembre de 1810. Los habitantes del pueblo de Dolores descansaban tranquilos y descuidados en brazos del sueño. Nada parecía turbar la monotonía no interrumpida durante doscientos y pico de años. Se observaba, sin embargo, una que otra ventana o puerta iluminada; pero poco a poco fueron extinguiéndose las luces, los perros se echaron a reposar, y todo quedó obscuro y silencioso, excepto el pequeño postigo de una casa situada en una calle próxima a la iglesia, donde se percibía la tenue claridad de una bujía.

El cuarto o alcoba de donde salía la luz era de un tamaño regular, y adornado de una manera que, en los tiempos de que vamos hablando, no dejaba de ser extraña. En una mesa tosca de madera, con carpeta de paño azul, había esparcidos algunos libros que por la pasta y cantos dorados, no podía dudarse que eran pertenecientes a un eclesiástico, y junto a ellos algunos otros con forros de pergamino raído. Sobre otra mesa se veían algunos planos y cartas geográficas confundidas y revueltas entre varios crisoles de barro, un telescopio pequeño, y algunos compases y escuadras; en la pared se veían colgados también algunos mapas, alternando con grandes pantallas de cristal; y por último, junto a un estante de libros estaba colgada una estola y unos relicarios de cera de “agnus”, y en un costado de la mesa estaba colocado un Santo Cristo y una imagen de la Virgen de los Dolores. Lo demás del cuarto no presentaba cosa digna de llamar la atención, a no ser multitud de canastos llenos de tierra, algunos pequeños hornillos, y una colmenera de palo. A pesar de los signos evidentes de que el que allí moraba no sólo un buen cristiano sino un ministro del culto, cualquiera habría dicho que tal habitación era propia para un astrólogo o alquimista del siglo XV.

En la habitación que hemos procurado describir se hallaba envuelto en una turca negra un anciano encorvado por los años, de frente espaciosa, nariz afilada y ojos vivos y chispeantes. Unas veces se paseaba con grande agitación de uno a otro extremo de la pieza; otras se sentaba delante de la mesa y con la mano en la frente, quedaba sumergido en honda cavilación; de repente tomaba la pluma y trazaba en un papel rápidamente algunas líneas y vocablos. Se conocía que tenía un gran pesar o que lo ocupaba algún proyecto inmenso.

De esta agitación lo sacó el rumor lejano del galope de un caballo. Se levantó y aproximándose lentamente al postigo, se puso a escuchar con atención. A poco, el rumor se hizo más perceptible y finalmente, un jinete embozado se apeó en la puerta de la casa. Nuestro personaje tomó la bujía y abrió el zaguán al embozado, el cual sin más ceremonia, introdujo al patio su caballo y cerró tras sí la puerta.
-Estamos perdidos, señor cura, exclamó el recién llegado. El cura iba a soltar la bujía a causa de la sorpresa; pero recobrándose, le contestó con calma:
-A lo que veo, estamos todavía libres y con vida; y siendo así, falta mucho para que nos consideremos perdidos; mas explíquese usted.

Entretanto, los dos personajes entraron a la alcoba; el cura tomó asiento en su poltrona y el embozado en otra silla frente a él.
-Diga usted ahora cuanto guste, continuó el cura con voz tranquila, que estoy dispuesto a escucharlo.
-Pues señor, la conspiración ha sido descubierta esta misma mañana en Querétaro.
-¡Descubierta!… ¿Y cómo?
-Hace días que, en una taberna, hubo una riña de la cual resultó un asesinato. La policía acudió y se apoderó de los agresores. Uno de ellos, temiendo ser sentenciado a muerte, ofreció descubrir secretos de importancia con tal de que se le perdonase. Se le garantizó la vida y todo lo ha descubierto. En consecuencia, el señor corregidor Domínguez aunque amigo de usted y de la patria, toma en cumplimiento de su deber medidas enérgicas; y mañana a estas horas, el señor Allende, usted y otros varios caerán en poder de García Rebollo.
-Nada de esto me asombra, amigo mío, porque entre los valientes hay también cobardes, y entre los hombres leales hay traidores miserables; pero, ¿cómo ha podido usted saber todo esto?
-La cosa es muy sencilla. La esposa del señor Domínguez que, como usted sabe, es una señora entusiasta por la libertad y generosa, y… vamos, llena de virtudes, me llamó para decirme que importaba que yo mismo pusiera en conocimiento de usted todas las noticias; o de lo contrario, la patria se perdía y usted, señor cura, sería fusilado…
-Amigo mío, cuando hay corazones tan nobles es menester confiar en que triunfará la buena causa: continúe usted.
-Yo que conocí todo lo que importaba que usted supiera las cosas, prometí a la señora, a fe de hombre, que sería cumplido su encargo. No tenía caballo, no tenía armas, no tenía dinero; así es que me salí como un loco a vagar por las calles, pensando cómo vencer tanta dificultad. Estaba a punto de llorar como un muchacho, cuando observé que un indio se apeó en la puerta de una barbería con el fin de rasurarse y cortarse el pelo. Dios quiso que el barbero cerrara su puerta; entonces, con mucho cuidado tomé el cabestro, me monté en el caballo y eché a correr, y no he parado hasta aquí. ¡Pobre animal! Veinticuatro leguas ha caminado sin tomar resuello. Con que ya que sabe usted todo, es menester que huya usted, que se oculte, que…
-¡Bobada! – contestó el cura dejando asomar a sus labios una sardónica sonrisa.
-¿Cómo?… ¿Qué piensa usted hacer entonces?
-Aprovechar el generoso aviso de usted y obrar con energía.
-Señor, está usted loco…
-Estoy más cuerdo de lo que a usted le parece.
El cura se puso a escribir y continuó:
-Es necesario que ahora mismo se marche usted para Querétaro, pues usted tiene familia a quien hacerle falta y podría comprometerse. De paso, ponga usted con reserva esta carta en manos de don Ignacio Allende que se halla en San Miguel. Le daré a usted otro caballo y… Vamos, amigo mío, no hay tiempo de pensar mucho ahora. Reciba usted este abrazo en prueba de mi gratitud y… Dios lo guíe por buen camino…
-Adiós, señor cura, dijo el jinete besándole la mano que el eclesiástico le tendió.
-Adiós, amigo. En la caballeriza hay varios caballos; escoja usted el tordillo que es fuerte, y no olvide mi encargo.
El personaje salió; el cura se dejó caer en su sillón e inclinó su venerable cabeza cana sobre el pecho. A poco se escucharon las pisadas del caballo, y el jinete que hacía un cuarto de hora que había llegado, partió de nuevo a galope.
-Este muchacho -pensó el cura saliendo de su estupor- es activo; como llegue a tiempo la carta a manos del capitán, todo saldrá bien. Ahora veamos los elementos con que cuento para fundar la libertad mexicana.
Al decir esto, abrió una gaveta del estante y comenzó a contar unas monedas: cinco, diez, veinte, treinta.
-Vaya -se dijo- no llega a doscientos pesos lo que tengo pero no hay cuidado, Dios nos protegerá.
Enseguida sacó un par de botellas de licor y algunos vasos, todo lo cual colocó en la mesa y volvió a sentarse.
Sonaron en el reloj de la iglesia tres cuartos para las doce, se escuchó el ladrido lejano de los perros y a poco, volvió a reinar un profundo silencio.
-¡Oh! -exclamó el cura dando una fuerte palmada en la mesa -¡Cómo vuela el tiempo, sin que haya medio de detenerlo! Pero… un tropel de gente a caballo se acerca… ¡Cuánto sentiré perder la vida o morir entre los hierros de un calabozo sin haber hecho nada por la libertad de México!… Sin duda vienen a aprenderme… veamos.
La cabalgadura se detuvo en la puerta de la casa del cura, y éste tomó la luz, y acompañado del criado abrió la puerta. Un jinete se apeó y abrazó al cura.
-Señor cura, ¿usted en vela a estas horas?
-Señor capitán, ¿usted corriendo por esos cerros tan tarde?
-¡Qué quiere usted!… Los enemigos no se descuidan, y es menester andar listos, y esto es que aún no comenzamos.
-Entremos, señor capitán, mientras el criado coloca a los caballos en la cuadra y les da un pienso de maíz.
-Lo necesitan a fe mía, porque han galopado mucho.
Los dos personajes entraron y el criado se dirigió a la caballeriza con las cabalgaduras.
-Sabe usted que nos han descubierto -dijo el capitán arrellenándose en una silla y desviando de su ancha frente su pelo rubio.
-Lo sé, señor don Ignacio -contestó el cura con calma, tomando asiento en su poltrona y envolviéndose en su turca.
-Así pues -continuó el capitán -todo se ha frustrado. Quince días más y damos un golpe maestro.
-Aún es tiempo -contestó el cura resueltamente.
-Quién sabe -respondió el capitán con tono de duda-. A estas horas, Querétaro y Guanajuato están en la mayor alarma y se toman providencias muy enérgicas y severas. Vea usted cómo no duermen…
Al decir este arrojó un papel sobre la mesa.
-¿Conque nos, querían prender? -repuso el cura con cachaza.
-Cabal; pero felizmente intercepté este oficio y antes de que se tomaran el trabajo de buscarnos habitación, ensillé mi caballo y ya me tiene usted aquí.
-¿Y el amigo Abasolo?
-Le he avisado lo ocurrido y no dilatará en venir.
-Bien, muy bien amigo mío, contestó el cura. ¿Y el regimiento de dragones de la reina, en qué estado se halla?
-A nuestras órdenes -replicó el capitán.
-¿Y los amigos de Puebla y Valladolid?
-Al corriente, pero para el primero de octubre.
-Pues entonces no hay que pensar; el tiempo es corto y la actividad y la energía nos salvarán.
-Permítame usted, señor cura, que le diga que no veo ningunos elementos para hacer una revolución; y si no cuenta usted con otros materiales, los que existen en esta habitación son propios para fabricar platos y criar abejas y gusanos de seda; mas no para sublevar a ocho millones de habitantes llenos de preocupaciones y acostumbrados a la ciega obediencia al rey.
-Y esas objeciones, capitán, ¿tienen algo que huela a temor?
-¡Vive Dios! -exclamó el capitán -que nunca me acuerdo haber tenido temor, más que a Dios, señor cura. Supongo que ésta es una chanza… De lo contrario…
-De lo contrario, ¿qué haría usted, capitán?
-¿Qué haría?… Abandonar la amistad de usted, correr yo solo e1 peligro y morir luchando como un hombre.
-Capitán, usted es el hombre digno de ser compañero del anciano cura de Dolores… Era una chanza efectivamente, mas no han dejado de llamarme la atención las prudentes reflexiones de usted. Yo soy valiente por entusiasmo y por convencimiento de que debo dedicar los últimos años de mi vida en alguna cosa útil; pero usted es intrépido por carácter, por temperamento y porque circula en sus venas la sangre ardiente de la juventud y no debe haber ningún género de reflexión, tanto más, cuanto que de una manera o de otra, el cadalso amaga nuestro cuello.
-Tiene usted razón, señor cura, y casi me avergüenzo de haber hecho semejantes reflexiones; sin embargo, corno no veo aquí ni armas, ni parque, ni gente, ni…
-El pueblo duerme, capitán; pero cuando le despertemos una vez con las mágicas palabras de religión y libertad, no volverá a reposar hasta que no haya lanzado del otro lado del mar a sus opresores. A mi vez, confieso que tiene usted razón al preguntarme cuáles son los elementos con que cuento: muy bien, se los enseñaré a usted. Diciendo esto, sacó las pocas monedas que había en la gaveta y señaló al capitán las botellas y vasos que estaban sobre la mesa.
Los dos personajes se quedaron un momento mirándose uno al otro, y después prorrumpieron en una carcajada de risa.
-Somos unos locos, señor cura.
-Somos unos valientes, señor capitán.
-Así, señor cura…
-Así, señor capitán, es menester no olvidar cuanto hemos platicado debajo de los pomposos árboles del Guadiana, que hace que se realicen esos sueños dulcísimos de gloria que han sido, durante mucho tiempo, el delirio de ambos. Sin embargo, capitán, esos sueños terminarán ¿sabe usted cómo?
-En un patíbulo al que subiremos juntos.
-Como también, juntos hemos de participar de la gloria y de los triunfos que nos esperan, señor cura.
-Bien dicho, capitán. Aún conozco que puedo empuñar una lanza y un fusil, que puedo estrechar entre mis rodillas un fogoso caballo; que puedo, como el rayo de Dios, hacer temblar a los ejércitos de los españoles.
Al decir esto brillaban los ojos del anciano con indecible alegría; su cuerpo aparecía derecho y galano, y en su frente se leía esa íntima seguridad que tienen los valientes en sus empresas.
El joven capitán, lleno también de alegría, exclamó:
-Señor cura, en este momento no me cambio por el más poderoso de los reyes de la Tierra. ¡Viva Cristo! Los deseos que hemos explayado tanto en nuestras conversaciones, debajo de aquellos frondosos árboles de mi patria, van a realizarse; y acaso después de las penalidades y fatigas de una sangrienta guerra veremos a México libre y poderoso. Esta esperanza, señor cura, es la felicidad de mi vida.
-¡Valiente y virtuoso joven! -murmuró el cura a media voz.
Y luego alzándola le dijo:
-Deseo saber cómo se descubrió la conspiración; pues el que me dio el aviso pocos momentos antes de que usted llegara, me aseguró que fue a consecuencia de unos asesinatos…
-En efecto, unos dicen eso, y otros que el doctor Iturriaga, que a esta hora habrá pasado a la otra vida, lo declaró todo en sus últimos momentos.
-¡Cobarde! – replicó el cura – como si el procurar la libertad del pueblo fuera un pecado…
-Qué quiere usted… la conciencia. En cuanto a mí, juzgo que Dios me favorecerá.
-Ésta es mi creencia también. Pero veo que estamos perdiendo el tiempo: las doce de la noche van a dar y aún no hemos pensado en los medios de salir de este atolladero.
-Eso mismo pienso yo; mas nada digo a usted porque…
El cura quedó un momento sumergido en una profunda meditación y luego dijo: -En verdad que la empresa es más difícil de lo que parece. Es tan tarde… pero, ¡miserable de mí!, he dicho que es mejor obrar que pensar. De todas maneras, hemos de perder la cabeza. ¿Está usted conforme?
-Lo he dicho.
-Venga esa mano. La libertad o la muerte, señor don Ignacio Allende.
El capitán estrechó la mano al cura contestándole:
-La libertad o la muerte, señor don Miguel Hidalgo y Costilla.
-¡Hola! -gritó el cura Hidalgo con voz de trueno.
Un criado humilde con su calzón de cuero, su sombrero tendido de petate y su jerga de lana se presentó y cruzando los brazos, dijo:
-¿Qué manda su merced, señor cura?
-Ve con mucho silencio y llama uno por uno a todos los serenos que encuentres: si te preguntaran para qué, les dirás que su cura necesita de ellos mucho.
El criado salió.
A poco llegó un sereno, luego otro y luego otro; por fin se reunieron doce individuos.
-Amigos, ha llegado la ocasión en que deseo probar si el afecto y respeto que profesáis al pobre viejo cura de Dolores es verdadero o no. Voy a exigiros un gran favor; si no me lo concedéis, paciencia… entonces tendré que abandonar este pueblo y quizá para siempre.
Los serenos pusieron sus faroles en el suelo y el cura tomó una botella, llenó los vasos de licor y, con voz muy suave y dulce, les dijo:
Hijos míos, es una noche ésta que, por mi fe, ha de ser de eterna memoria en México y merece que brindemos por… Acercaos.
-Señor cura, no nos atrevemos a beber en presencia de usted -dijo uno de ellos-; esas cosas las hacemos por necesidad, por costumbre, pero entre nosotros y no en presencia de un hombre tan venerable.
-Vaya, hijos míos… acercaos, no tengáis temor. Dios ha criado las cosas para regalo del hombre, y éste lo único que debe hacer es usar con moderación de ellas. Embriagarse es malo; pero beber un trago en compañía de los amigos… Porque yo soy, no un cura agrio y regañón sino vuestro amigo, ¿no es verdad?; procuro vuestra felicidad, planteo fábricas de loza para que no haya necesidad de que vengan de España, cultivo las moreras y las viñas… Lo que sucede es que muchas veces no podemos hacer todo lo que queremos, el gobierno lo impide y… ¿pero no bebéis? Afuera miedo y vergüenza, os repito que soy vuestro amigo.
El cura repartió los vasos de licor y los serenos los tomaron casi llorando.
-No es malo este vino -continuó el cura colocando con cierta indiferencia el vaso sobre la mesa-. Pero, si se nos dejara, podríamos hacerlo con nuestras uvas, en Dolores, mucho mejor que en Málaga y en Jerez; pero ya lo he dicho: el gobierno español ha prohibido el que aquí se fabrique vino por no perjudicar a España, como si los que viven en América no fueran sino unos perros. ¿Qué dicen ustedes de esto?
-Que es muy mal hecho, señor cura, y que debíamos pedir el que se permitiera a los dueños de viñas en Dolores…
-Será en vano, no harán caso; lo que es necesario es pedirlo, pero por la fuerza. Justamente he llamado a ustedes para eso. Esta noche es menester pronunciarse por la libertad.
Al escuchar esta palabra dicha con energía y decisión, retrocedieron espantados los serenos.
-¿Os asustáis?- dijo el cura, encarándose resueltamente con ellos.
-No es eso, señor cura -respondió uno-, sino que el tomar las armas contra nuestro rey y nuestro gobierno es cosa que jamás nos resolveremos a ejecutar. Ordénenos usted que nos echemos del balcón abajo, y lo haremos al instante porque queremos a usted mucho; pero hacer armas contra nuestro gobierno… nunca.
-Compadre -interrumpió otro-, es menester no poner obstáculos a lo que quiere el señor cura. Cuando él nos dice una cosa es señal de que nos conviene.
-Usted hará lo que quiera, compadre; pero yo le digo a usted que los pelos del cuerpo se me erizan sólo de pensarlo. Me voy, con permiso de su merced, señor cura, con estos otros cuatro muchachos que son mis amigos y que no quiero que den una pesadumbre a su familia.
El interlocutor tomó su sombrero y otros cuatro lo imitaron.
-¡Miserables! -exclamó el cura colérico-. ¡Cuando vuestro anciano cura está pronto a derramar su sangre en defensa de vuestra libertad y de vuestra religión, lo abandonáis y tenéis miedo como si fuerais unos niños! ¡Id, esclavos, no os necesito! ¡Que el gobierno os venda como bestias! ¡Que os quite vuestra religión! ¡Que os trate como si no fuerais hijos de Dios y criaturas inteligentes; que usurpe eternamente un suelo que os pertenece todo, todo! ¡Nada importa! ¡Al fin tengo el placer de que pocos días me quedarán de vida, porque al final debo ser fusilado! ¡La orden para prenderme está dada, aquí la tenéis sobre la mesa!
Los serenos, que veneraban al cura como a un Dios, que lo querían como a un padre por las frecuentes obras de caridad y por la dulzura con que trataba a los pobres, quedaron aterrorizados con sus formidables palabras y exclamaron:
-Perdonadnos, señor cura: haced lo que gustéis, y os seguiremos aunque sea al suplicio.
-Entráis en razón, hijos míos: se quiere que no tengáis ya esa religión santa, se os oprime, se os trata mal y todo esto exige remedio. Estáis en poder de los egipcios y es menester libraros de la cautividad. Acordaos de mis sermones y no seáis desconfiados como los israelitas.
Los circunstantes oían con marcada compunción las palabras del eclesiástico; éste continuó:
-Perdonadme, hijos míos, si he podido exaltarme; pero el hombre débil no es dueño de sus acciones.
-¡Señor cura!
-Nada de violencia: el que no quiera tomar parte que se retire a su casa, en la inteligencia que no por eso me incomodaré. ¿Quién de vosotros quiere retirarse?
-Ninguno -respondieron a una voz.
-Gracias, hijos míos.
El cura llenó los vasos de vino.
-Brindo por que el aislado grito de libertad que va a resonar en Dolores, tenga eco del uno al otro extremo de México, y porque los mexicanos no dejen la espada hasta haber conseguido su libertad.
Los circunstantes bebieron.
-Bien, muchachos, muy bien. Mañana a estas horas habremos hecho mucho; el señor capitán Allende tiene a su disposición el regimiento de dragones de la reina y contamos también con el de Celaya. Ahora es menester mucha actividad.
El cura comenzó a distribuir dinero entre los serenos y continuó:
-Dos de ustedes a la torre a repicar las campanas, dos a buscar cohetes, otros dos a los alrededores a convocar gente en mi nombre y cuatro a las calles a gritar.
-¡Viva el señor cura Hidalgo!- exclamaron todos.
-No, tened.
El cura formó una banderola con un pañuelo y pegó en el centro de él una estampa de la Virgen de Guadalupe.
-Gritad: ¡Viva la Virgen de Guadalupe! ¡Viva la libertad y mueran los gachupines!
Los serenos, gozosos como si se hubieran sacado la lotería, salieron de la casa del cura gritando: “¡Viva la libertad!”.
A poco, multitud de cohetes tronaban; las campanas y esquilas se escuchaban; y las gentes y muchachos que por curiosidad salían a las puertas y ventanas de las casas, se unían al grupo y gritaban maquinalmente: “¡Viva la libertad! ¡Viva el cura Hidalgo! ¡Viva la Virgen de Guadalupe! ¡Mueran los gachupines!”
Diez minutos después, un inmenso gentío con hachones, cañaverales y banderolas formadas con pañitos, discurría y ondeaba como una gran serpiente de fuego por todas las calles de Dolores.
El cura condujo a la ventana al capitán Allende, y señalándole a la multitud frenética que se desgañitaba, le dijo:
-La chispa está arrojada, el combustible es mucho y el incendio no se apagará fácilmente.
El reloj dio doce campanadas.
Cuando se supo en México la noticia del grito de Dolores, el inmenso edificio del gobierno, construido con la calma de trescientos años y consolidado con añejas preocupaciones, tembló hasta sus cimientos.
Así comenzó la libertad de México. Si no hubiera historia de ella escrita y testigos presenciales, se creería que era una fábula o cuento inventado para entretener a los niños.

Anuncios

3 comentarios sobre “La noche del 15 de septiembre, Manuel Payno

  1. 1. La historia se desarrolla en el pueblo de Dolores, donde todo era tranquilo durante más de 200 años. Toda la gente dormía, sólo se veía unas cuantas luces y una de esas luces era la de una pequeña casa ubicada en una calle cerca de la iglesia.

    2. El cuarto del cura Hidalgo era de tamaño regular, adornado de una manera extraña para esos tiempos. Había una mesa de madera y encima de ésta había unos libros pertenecientes a un eclesiástico, sobre otra mesa encontraban, planos unas cartas geográficas, un telescopio pequeño ,compases escuadras,etcétera. Al costado de la mesa estaban en Santo Cristo y una imagen de la Virgen de los Dolores. Si no fuera por estos signos evidentes cualquiera podría decir qué la habitación era de un atrólogo del siglo xv.

    3. El cura Hidalgo físicamente era un anciano, encorvado por los años, de frente espaciosa, nariz afilada, y ojos vivos y chispeantes. Psicológicamente era un hombre fuerte, valiente, de un gran coraje, generoso, de buen corazón, dulce, carismático, pero eso sí con un gran poder de líderazgo porque no cualquiera se hubiera atrevido a armar todo ese revuelto en contra de aquella monarquía poderosa, a dar su vida luchando por la libertad del pueblo.

    4. Cuando el jinete le dijo el cura Hidalgo, “estamos perdidos” le dio a entender que el gobierno había descubierto la conspiración en contra de ellos y que Allende en el cura Hidalgo y otros varios tenían orden de fusilación. El cura Hidalgo ya estaba sospechando sobre esto, “entre los valientes también hay cobardes…” el jinete pensaba que la guerra por la libertad se había acabado y que todo aquel que estaba metido en las conspiraciones sería fusilado por lo cual estaba asustado y dijo, “estamos perdidos” pero el cura Hidalgo no se dio por vencido y siguió adelante con el plan de llevar a México hacia la libertad.

    5. La conspiración se descubrió por qué un sentenciado a muerte ofreció descubrie secretos de importancia con tal de que se le perdonara su vida, el hombre con toda la información al gobierno. Ahora Hidalgo Allende, y otros conpiradores tendrían una orden de fusilación. Al cura Hidalgo no le sorprendió nada la noticia porque él estaba conciente que tarde o temprano habría un cobarde o traidor que contaría los secretos. “Porque entre valientes hay tambien cobardes, y entre los hombres leales hay también traidores miserables…”

    6. El Jinete logró hacerte de un caballo cuando le robó el caballo a un indio que estaba en la puerta de una barbería, entonces el jinete aprovechó y cuidadosamente agarro el caballo. Y se echó a correr, y no paró hasta llegar a la casa del cura Hidalgo para poder avisarle del descubrimiento de la conspiración de la Orden de fusilación.

    7. El cura con 30 monedas (no lo suficientemente) unas botellas de licor, y algunos vasos. Cualquiera diría que esto no era suficiente ni para armar una fiesta, mucho menos para armar todo un movimiento contra del gobierno. Pero la verdad era otra porque él tenía fe en que Dios lo iluminaría, lo protegería y así podría seguir con el plan hacia la libertad.

    8. El cura Hidalgo consideró que el capitán era digno de ser su compañero por el capitán al igual que él, era un hombre muy valiente y que tenía el mismo pensamiento en mente de que México será por fin libre, además él podría dar su vida en el campo si fuera necesario. ” Capitán, usted es el hombre digno de ser compañero del anciano cura de Dolores” le dijo el cura porque el billete capitán era un hombre con carácter y que por sus venas corría sangre ardiente de la juventud.

    9. El capitán le dice al cura que los dos son unos locos porque ellos pensaban organizar toda una revuelta en contra del Rey con tan sólo 30 monedas, unas botellas de vino, unos vasos, y unas palabras mágicas de religión y libertad para leventar al pueblo que duerme. Por eso el capitán se carcajeo y le dijo al cura, ” somos unos locos…”

    11. Los serenos son llamdos por que el cura los necesitaba. El cura Hidalgo quería ver si el respecto y afecto de su pueblo era verdadero; los llamó para hacer que se dieran cuenta de que ellos no tenían tantas libertades, y que la unica forma de obtenerlas era pidiendolas por la fuerza. “Esta noche es menestar pronunciarse por la libertad.”

    12. Cuatro de los serenos se querían retirar porque estaban muy espantados de levantarse en armas contra el rey, es algo que ellos nunca lo han hecho ni lo harían. Ellos sabían que si hacían eso estarían condenandose ellos mismos hacia la muerte y los aterrorizados de dejar a sus pobres familias es mejor retirarse. “Los pelos del cuerpo se me erizan sólo de pensarlo.” Los serenos espantados no quisieron ayudar al cura aún sabiendo que era para el bien de todos. El cura se molesto, “id, esclavos, no os necesito.” Él les dijó que si les gustaba ser tratados como animales, él no los detendría, pero que una cosa si tuvieran en cuenta que nada importaba porque a l fín el moriría fusilado dentro de unos días. Después de escuchar esto, los serenos entrarón en razón, “perdónadnos,Señor Cura, haced lo que gusteís, y os seguiremos aunque sea el suplicio.”

    13. El cura contaba con el regimiemto de dragones de la reina, con el de Celaya, pero con lo más importante que contaba era con el pueblo enfurecido ya cansado de todas las injusticias, de no tener libertad. La multitud frénetica estaba aramada con hanchones, cañaverales y banderolas formadas cobn pañitos.

    14. La gente de pueblo se alboroto cuando escucharon a los serenos gritando¡ viva la libertad! Después cohetes tronaban, la gente curiosamente salía y se unía al grupo con machetes, cañaverales y banderolas y todos gritando “¡viva la libertad! ¡viva el cura Hidalgo! ¡viva la virgen de Guadalupe! ¡mueran los gachupines!”

    15. Cuando el cura Hidalgo le digo al capitán, “la chispa estar arrojada, el combustible es mucho y el incendio no se apagará fácilmente.” Te refieres a que él se encargó de armar la revuelta para que la gente pudiera abrir sus ojos acerca de lo que realmente está pasando después con el pueblo entero de lo que era más justo para todos empezaron a rendirse y cada vez más y más hasta formar una gran multitud armada con machetes, cañaverales, palos, etcétera, lista para luchar hasta poder conseguir lo que quería y nadie ni nada los iba a detener.

    16. La libertad de México empezo de la manera menos esperada. Los conspiradores la tenían planeada para otra fecha pero los planes se vinieron abajo. Entonces es cuando el cura Hidalgo empieza a improvisar armando de valor a la gente del pueblo para así poder formar un ejército. La gente se reúne con machetes,palos, etcétera y empieza a gritar ¡viva la libertad! ¡viva el cura Hidalgo! ¡viva la Virgen de Guadalupe! ¡mueran los gachupines! Así es como comenzo esta guerra en contra el gobierno español para que México pueda ser hoy en día una nación libre y soberana.

  2. En la historia La noche del 15 de septiembre escrita por Manuel Payno se fu desarrollando en el pueblo de dolores. “Era la noche del 15 de septiembre de 1810. Los habitantes del pueblo de Dolores descansaban tranquilos y descuidados en brazos del sueño.” El pueblo poco a poco se fue durmiendo, anqué algunos no sabían que en esa noche iban a cambiar sus vidas. La historia también comienza en la caza de un cura, este cura tuvo un gran impacto en las vidas de este pueblo. “Se observaba, sin embargo, una que otra ventana o puerta iluminada; pero poco a poco fueron extinguiéndose las luces, los perros se echaron a reposar, y todo quedó obscuro y silencioso, excepto el pequeño postigo de una casa situada en una calle próxima a la iglesia, donde se percibía la tenue claridad de una bujía.”
    El cuarto de hidalgo no era tan grande era de tamaño regular pero su curato no tenía nada de regular era extraño. “El cuarto o alcoba de donde salía la luz era de un tamaño regular, y adornado de una manera que, en los tiempos de que vamos hablando, no dejaba de ser extraña. En una mesa tosca de madera, con carpeta de paño azul, había esparcidos algunos libros que por la pasta y cantos dorados, no podía dudarse que eran pertenecientes a un eclesiástico, y junto a ellos algunos otros con forros de pergamino raído.”También en su cuarto se veían muchos mapas al igual que un cuadro de un santo Cristo y la imagen de la Virgen de los dolores.
    El cura hidalgo era valiente y luchaba por lo que más quería y por su pueblo y su gente. Era un hombre con ideas muy astutas. “En la habitación que hemos procurado describir se hallaba envuelto en una turca negra un anciano encorvado por los años, de frente espaciosa, nariz afilada y ojos vivos y chispeantes. Unas veces se paseaba con grande agitación de uno a otro extremo de la pieza; otras se sentaban delante de la mesa y con la mano en la frente, quedaba sumergido en honda cavilación; de repente tomaba la pluma y trazaba en un papel rápidamente algunas líneas y vocablos. Se conocía que tenía un gran pesar o que lo ocupaba algún proyecto inmenso.”Hidalgo le interesaba mucho las estrellas y todo lo que tenía que ver con el universo, se podría decir que él era un astrologo no titulado.
    Cuando el jinete vino a la casa de hidalgo le dijo “Estamos perdidos.” El cura al principio estaba confundido porque no sabía porque estaba diciendo eso. Luego entendió lo que él le estaba tratando de decir en otras palabras el jinete le dijo que ellos no podían ganar la guerra y que los iban a capturar, él sentía temor pero Hidalgo le contesto tranquilamente y le digo que ellos a todavía estaban libres. “Estamos perdidos, señor cura, exclamó el recién llegado. El cura iba a soltar la bujía a causa de la sorpresa; pero recobrándose, le contestó con calma:-A lo que veo, estamos todavía libres y con vida; y siendo así, falta mucho para que nos consideremos perdidos; mas explíquese usted.”
    La conspiración fue descubierta cuando uno de los soldados fue capturado por los oponentes. El temor de este fue tan grande que reveló el secreto con tal de salvar su vida. “Pues señor, la conspiración ha sido descubierta esta misma mañana en Querétaro.- ¡Descubierta!… ¿Y cómo?-Hace días que, en una taberna, hubo una riña de la cual resultó un asesinato. La policía acudió y se apoderó de los agresores. Uno de ellos, temiendo ser sentenciado a muerte, ofreció descubrir secretos de importancia con tal de que se le perdonase. Se le garantizó la vida y todo lo ha descubierto. En consecuencia, el señor corregidor Domínguez aunque amigo de usted y de la patria, toma en cumplimiento de su deber medidas enérgicas; y mañana a estas horas, el señor Allende, usted y otros varios caerán en poder de García Rebollo.” Hidalgo no se sorprendió de esto porque le sabia que ay personas fieles como también personas cobardes y no fieles.
    El jinete logro llegar a la casa del cura porque el encontró un caballo o más bien se lo robo. Al principio el estaba desesperado porque no sabía en que transportarse para ir a la casa de el cura. El estaba a punto de llorar por estas razones él debía de ir a la casa del cura para bridarle una noticia que era muy importante y devastadora y no tenía idea como iba a llegar asta allá , pero la suerte estaba con él. “No tenía caballo, no tenía armas, no tenía dinero; así es que me salí como un loco a vagar por las calles, pensando cómo vencer tanta dificultad. Estaba a punto de llorar como un muchacho, cuando observé que un indio se apeó en la puerta de una barbería con el fin de rasurarse y cortarse el pelo. Dios quiso que el barbero cerrara su puerta; entonces, con mucho cuidado tomé el cabestro, me monté en el caballo y eché a correr, y no he parado hasta aquí.”
    El cura no contaba con ningún elemento para poder ganar esa batalla porque no tenía suficiente dinero el solo contaba con dios. EL cura no le preocupaba mucho de no tener armas porque su fe era tan inmensa que su única protección era dios. “Al decir esto, abrió una gaveta del estante y comenzó a contar unas monedas: cinco, diez, veinte, treinta. -Vaya -se dijo- no llega a doscientos pesos lo que tengo pero no hay cuidado, Dios nos protegerá.”
    El cura decidió que le capitán era digno de hacer su compañero porque él era valiente y no tenia temor de nada con la excepción de a dios. El cree en dios al igual que el capitán. “Y esas objeciones, capitán, ¿tienen algo que huela a temor?-¡Vive Dios! -exclamó el capitán -que nunca me acuerdo haber tenido temor, más que a Dios, señor cura. Supongo que ésta es una chanza… De lo contrario…-De lo contrario, ¿qué haría usted, capitán?-¿Qué haría?… Abandonar la amistad de usted, correr yo solo e1 peligro y morir luchando como un hombre. -Capitán, usted es el hombre digno de ser compañero del anciano cura de Dolores.” Los dos tenían ideas semejantes era por eso que a los dos querían hacerse compañeros.
    Yo crea que el capitán le dice al cura que son unos locos porque saben los dos que no tiene ningún tipo de armas para poder combatir el gobierno español. Cuando el cura le enseno a el capitán sus elementos en ese instante el capitán supo que no tenían nada de armas o recursos lo único que podían hacer era reírse. “confieso que tiene usted razón al preguntarme cuáles son los elementos con que cuento: muy bien, se los enseñaré a usted. Diciendo esto, sacó las pocas monedas que había en la gaveta y señaló al capitán las botellas y vasos que estaban sobre la mesa. Los dos personajes se quedaron un momento mirándose uno al otro, y después prorrumpieron en una carcajada de risa.-Somos unos locos, señor cura.-Somos unos valientes, señor capitán.”
    Ignacio Allende era una persona que era valiente y no le temía a nada, nada más que a dios. EL era el capitán que Hidalgo escogió. EL creía fiel mente en dios. El era joven pero su actitud y su madures era come de un señor. “Venga esa mano. La libertad o la muerte, señor don Ignacio Allende. El capitán estrechó la mano al cura contestándole:-La libertad o la muerte, señor don Miguel Hidalgo y Costilla.” “Un criado humilde con su calzón de cuero, su sombrero tendido de petate y su jerga de lana se presentó y cruzando los brazos.”
    Los serenos fueron llamados para demostrar que si son fieles a el cura Hidalgo y para luchar por su tierra junto al cura y el capitán. Los serenos fueron puestos a prueba y algunos cedieron, el cura saco una botella y les propuso un brindis primero ellos no querían pero el final dijeron que si. “Señor cura, no nos atrevemos a beber en presencia de usted -dijo uno de ellos-; esas cosas las hacemos por necesidad, por costumbre, pero entre nosotros y no en presencia de un hombre tan venerable.”Hidalgo llamo a los serenos porque el pensaba que ellos eran los más fieles en ese pueblo y los que más podía confiar.
    Unos de los serenos se querían retirar por cobardes. Ellos le tenían mido a su gobierno y rey. Ellos dijeron “No es eso, señor cura -respondió uno-, sino que el tomar las armas contra nuestro rey y nuestro gobierno es cosa que jamás nos resolveremos a ejecutar.”Ellos admiraban al cura ellos podían hacer todo lo que les dijera menos ir contra su gobierno. Luego uno de sus compadres les dijo que si el cura les ha dicho esto era porque le convenía y debían que hacer todo lo que le pide. “Los serenos, que veneraban al cura como a un Dios, que lo querían como a un padre por las frecuentes obras de caridad y por la dulzura con que trataba a los pobres, quedaron aterrorizados con sus formidables palabras y exclamaron:-Perdonadnos, señor cura: haced lo que gustéis, y os seguiremos aunque sea al suplicio.-Entráis en razón, hijos míos.”
    El cura contaba con el ejercito de los hombres serenos el cual estaban disputes a luchar por su pueblo y país. El cura una mas ves les digo que quien de ellos se quería retirar uno de ellos le dijo ninguno al decir estas palabras el cura sabia que el contaba con estos hombres valientes. “-Nada de violencia: el que no quiera tomar parte que se retire a su casa, en la inteligencia que no por eso me incomodaré. ¿Quién de vosotros quiere retirarse?-Ninguno -respondieron a una voz.-Gracias, hijos míos.”Y también con todo su pueblo.
    La gente del pueblo se alboroto porque uno de los serenos fue por todo el pueblo gritando “Viva la Virgen de Guadalupe! ¡Viva la libertad y mueran los gachupines! Los serenos, gozosos como si se hubieran sacado la lotería, salieron de la casa del cura gritando: “¡Viva la libertad!” La gente ya sabía lo que iba a ocurrir ellos también gritaron con mucha felicidad y orgullos. Hidalgo y su pueblo estaban listos para paliar por su México. “El cura condujo a la ventana al capitán Allende, y señalándole a la multitud frenética que se desgañitaba, le dijo:-La chispa está arrojada, el combustible es mucho y el incendio no se apagará fácilmente.”
    La metáfora “la chispa está arrojada, el combustible mucho y el incendio no se apagará fácilmente”. Significa que ellas han comenzado la guerra y no pueden hacer nada para evitarlo. Todo la gente está reunida y son muchos ellos están dispuestos a pelear hasta la muerte, a viendo comenzado esto y la gente estando dispuesta a todo va estar difícil que los derroten. Esto es lo que yo crea que significa esta metáfora.
    La libertad de México comenzó por la gente. La gente ya no estaba dispuesta tolerar el gobierno español. La gente quería leyes jutas y querían un trato justo. EL cura hidalgo fue uno de los elementos más importantes para la independencia de México. EL fue el que les dio valor al pueblo y les enseño que no le debían que tener miedo al gobierno y que paliaran por lo que más quieren. Al decir estas palabras ellos se juntaron con el cura Hidalgo y al capitán Ignacio Allende y cono todo este ejército ellos se rebelaron contra el gobierno español.

  3. Responde detalladamente las siguientes preguntas:

    1. ¿Dónde se desarrolla la historia?

    2. Describe el cuarto del cura Hidalgo.

    3. Describe física y psicológicamente al cura Hidalgo.

    4. Explica que quiso decir el jinete cuando dijo: “Estamos perdidos”

    5. ¿Cómo se descubrió la conspiración?

    6. ¿Cómo logró el jinete hacerse de un caballo para llegar a donde estaba el cura?

    7. ¿Con qué elementos contaba el cura para fundar la libertad mexicana?

    8. ¿Por qué consideró el cura que el capitán era digno de ser su compañero?

    9. ¿Por qué crees que el capitán le dice al cura que los dos son unos locos?

    10. ¿Cómo describirías a Ignacio Allende con relación a su personalidad y rasgos físicos?

    11. ¿Para qué son llamados los serenos?

    12. ¿Por qué se querían retirar cuatro de los serenos? ¿Por qué siempre sí se quedaron?

    13. ¿Con qué ejército contaba el cura?

    14. Describe cómo fue que se alborotó la gente del pueblo.

    15. Explica la metáfora: “la chispa está arrojada, el combustible mucho y el incendio no se apagará fácilmente”. (detalladamente)

    16. En resumidas cuentas, ¿cómo comenzó la libertad de México?

Tu comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s