Justicia India, Ricardo Jaimes Freyre (Español 2)

Cuadro DaniloLos dos viajeros bebían el último trago de vino, de pie al lado de la hoguera. La brisa fría de la mañana hacía temblar ligeramente las alas de sus anchos sombreros de fieltro. El fuego palidecía ya bajo la luz indecisa y blanquecina de la aurora; se esclarecían vagamente los extremos del ancho patio, y se trazaban sobre las sombras del fondo las pesadas columnas de barro que sostenían el techo de paja y cañas.
Atados a una argolla de hierro fija en una de las columnas, dos caballos completamente enjaezados esperaban, con la cabeza baja, masticando con dificultad largas briznas de hierba. Al lado del muro, un indio joven, en cuclillas, con una bolsa llena de maíz en una mano, hacía saltar hasta su boca los granos amarillentos.
Cuando los viajeros se disponían a partir, otros dos indios se presentaron en el enorme portón rústico. Levantaron una de las gruesas vigas que, incrustadas en los muros, cerraban el paso y penetraron en el vasto patio.
Su aspecto era humilde y miserable, y más miserable y humilde lo tornaban las chaquetas desgarradas, las burdas camisas abiertas sobre el pecho, las cintas de cuero, llenas de nudos, de las sandalias.
Se aproximaron lentamente a los viajeros que saltaban ya sobre sus caballos, mientras el guía indio ajustaba a su cintura la bolsa de maíz, y anudaba fuertemente en torno de sus piernas los lazos de sus sandalias.
Los viajeros eran jóvenes aún; alto el uno, muy blanco, de mirada fría y dura; el otro, pequeño, moreno, de aspecto alegre.
—Señor… —murmuró uno de los indios. El viajero blanco se volvió a él.
—Hola, ¿qué hay, Tomás?
—Señor… déjame mi caballo…
—¡Otra vez, imbécil! ¿Quieres que viaje a pie? Te he dado en cambio el mío, ya es bastante.
—Pero tu caballo está muerto.
—Sin duda está muerto; pero es porque le he hecho correr quince horas seguidas. ¡Ha sido un gran caballo!
El tuyo no vale nada. ¿Crees tú que soportará muchas horas?
—Yo vendí mis llamas para comprar ese caballo para la fiesta de San Juan… Además, señor, tú has quemado mi choza.
—Cierto, porque viniste a incomodarme con tus lloriqueos. Yo te arrojé un tizón a la cabeza para que te marcharas, y tú desviaste la cara y el tizón fue a caer en un montón de paja. No tengo la culpa. Debiste recibir con respeto mi tizón. ¿Y tú, qué quieres, Pedro? —preguntó, dirigiéndose al otro indio.
—Vengo a suplicarte, señor, que no me quites mis tierras. Son mías. Yo las he sembrado.
—Éste es asunto tuyo, Córdova —dijo el caballero, dirigiéndose a su acompañante.
—No, por cierto, éste no es asunto mío. Yo he hecho lo que me encomendaron. Tú, Pedro Quispe, no eres dueño de esas tierras. ¿Dónde están tus títulos? Es decir, ¿dónde están tus papeles?
—Yo no tengo papeles, señor. Mi padre tampoco tenía papeles, y el padre de mi padre no los conocía. Y nadie ha querido quitarnos las tierras. Tú quieres darlas a otro. Yo no te he hecho ningún mal.
—¿Tienes guardada en alguna parte una bolsa llena de monedas? Dame la bolsa y te dejo las tierras.
Pedro dirigió a Córdova una mirada de angustia.
—Yo no tengo monedas, ni podría juntar tanto dinero,
—Entonces, no hay nada más que hablar. Déjame en paz.
—Págame, pues, lo que me debes.
—¡Pero no vamos a concluir nunca! ¿Me crees bastante idiota para pagarte una oveja y algunas gallinas que me has dado? ¿Imaginaste que íbamos a morir de hambre?
El viajero blanco, que empezaba a impacientarse, exclamó:
—Si seguimos escuchando a estos dos imbéciles, nos quedamos aquí eternamente…
La cima de la montaña, en el flanco de la cual se apoyaba el amplio y rústico albergue, comenzaba a brillar herida por los primeros rayos del sol. La estrecha aridez se iluminaba lentamente y la desolada aridez del paisaje, limitado de cerca por las sierras negruzcas, se destacaba bajo el azul del cielo, cortado a trechos por las nubes plomizas que huían.
Córdova hizo una señal al guía, que se dirigió hacia el portón. Detrás de él salieron los dos caballeros.
Pedro Quispe se precipitó hacia ellos y asió las riendas de uno de los caballos. Un latigazo en el rostro lo hizo retroceder. Entonces, los dos indios salieron del patio, corriendo velozmente hacia una colina próxima, treparon por ella con la rapidez y seguridad de las vicuñas, y al llegar a la cumbre tendieron la vista en torno suyo.
Pedro Quispe aproximó a sus labios el cuerno que llevaba colgado a su espalda y arrancó de él un son grave y prolongado. Detúvose un momento y prosiguió después con notas estridentes y rápidas.
Los viajeros comenzaban a subir por el flanco de la montaña; el guía, con paso seguro y firme, marchaba indiferente, devorando sus granos de maíz. Cuando resonó la voz de la bocina, el indio se detuvo, miró azorado a los dos caballeros y emprendió rapidísima carrera por una vereda abierta en los cerros. Breves instantes después, desaparecía a lo lejos.
Córdova, dirigiéndose a su compañero, exclamó:
—Álvarez, esos bribones nos quitan nuestro guía.
Álvarez detuvo su caballo y miró con inquietud en todas direcciones.
—El guía… ¿Y para qué lo necesitamos? Temo algo peor.
La bocina seguía resonando, y en lo alto del cerro la figura de Pedro Quispe se dibujaba en el fondo azul, sobre la rojiza desnudez de las cimas.
Diríase que por las cuchillas y por las encrucijadas pasaba un conjuro; detrás de los grandes hacinamientos de pasto, entre los pajonales bravíos y las agrias malezas, bajo los anchos toldos de lona de los campamentos, en las puertas de las chozas y en la cumbre de los montes lejanos, veíanse surgir y desaparecer rápidamente figuras humanas. Deteníanse un instante, dirigían sus miradas hacia la colina en la cual Pedro Quispe arrancaba incesantes sones a su bocina, y se arrastraban después por los cerros, trepando cautelosamente.
Alvarez y Córdova seguían ascendiendo por la montaña; sus caballos jadeaban entre las asperezas rocallosas, por el estrechísimo sendero, y los dos caballeros, hondamente preocupados, se dejaban llevar en silencio.
De pronto, una piedra enorme, desprendida de la cima de las sierras, pasó cerca de ellos, con un largo rugido; después otra…, otra…
Álvarez lanzó su caballo a escape, obligándolo a flanquear la montaña. Córdova lo imitó inmediatamente; pero los peñascos los persiguieron. Parecía que se desmoronaba la cordillera. Los caballos, lanzados como una tempestad, saltaban sobre las rocas, apoyaban milagrosamente sus cascos en los picos salientes y vacilaban en el espacio, a enorme altura.
En breve las montañas se coronaron de indios. Los caballeros se precipitaron entonces hacia la angosta garganta que serpenteaba a sus pies, por la cual corría dulcemente un hilo de agua, delgado y cristalino.
Se poblaron las hondonadas de extrañas armonías; el son bronco y desapacible de los cuernos brotaba de todas partes, y en el extremo del desfiladero, sobre la claridad radiante que abría dos montañas, se irguió de pronto un grupo de hombres.
En este momento, una piedra enorme chocó contra el caballo de Álvarez; se le vio vacilar un instante y caer luego y rodar por la falda de la montaña. Córdova saltó a tierra y empezó a arrastrarse hacia el punto en que se veía el grupo polvoroso del caballo y del caballero.
Los indios comenzaron a bajar de las cimas: de las grietas y de los recodos salían uno a uno, avanzando cuidadosamente, deteniéndose a cada instante con la mirada observadora en el fondo de la quebrada. Cuando llegaron a la orilla del arroyo, divisaron a los dos viajeros. Álvarez, tendido en tierra, estaba inerte. A su lado, su compañero, de pie, con los brazos cruzados, en la desesperación de la impotencia, seguía fijamente el descenso lento y temeroso de los indios.
En una pequeña planicie ondulada, formada por las depresiones de las sierras que la limitan en sus cuatro extremos con cuatro anchas crestas, esperaban reunidos los viejos y las mujeres el resultado de la caza del hombre. Las indias, con sus cortas faldas redondas, de telas groseras, sus mantos sobre el pecho, sus monteras resplandecientes, sus trenzas ásperas que caían sobre las espaldas, sus pies desnudos, se agrupaban en un extremo silenciosas, y se veía entre sus dedos la danza vertiginosa del huso y el devanador.
Cuando llegaron los perseguidores, traían atados sobre los caballos a los viajeros. Avanzaron hasta el centro de la explanada, y allí los arrojaron en tierra, como dos fardos. Las mujeres se aproximaron entonces y los miraron con curiosidad, sin dejar de hilar, hablando en voz baja.
Los indios deliberaron un momento. Después un grupo se precipitó hacia el pie de la montaña. Regresó conduciendo dos grandes cántaros y dos grandes vigas. Y mientras unos excavaban la tierra para fijar las vigas, los otros llenaban con el licor de los cántaros pequeños jarros de barro.
Y bebieron hasta que empezó el sol a caer sobre el horizonte, y no se oía sino el rumor de las conversaciones apagadas de las mujeres y el ruido del líquido que caía dentro de los jarros al levantarse los cántaros.
Pedro y Tomás se apoderaron de los cuerpos de los caballeros, y los ataron a los postes. Álvarez, que tenía roto el espinazo, lanzó un largo gemido. Los dos indios los desnudaron, arrojando lejos de sí, una por una, todas sus prendas. Y las mujeres contemplaban admiradas los cuerpos blancos.
Después empezó el suplicio. Pedro Quispe arrancó la lengua a Córdova y le quemó los ojos. Tomás llenó de pequeñas heridas, con un cuchillo, el cuerpo de Álvarez. Luego vinieron los demás indios y les arrancaron los cabellos y los apedrearon y les clavaron astillas en las heridas. Una india joven vertió, riendo, un gran jarro de chicha sobre la cabeza de Álvarez.
Moría la tarde. Los dos viajeros habían entregado, mucho tiempo hacía, su alma al Gran Justiciero; y los indios, fatigados, hastiados ya, indiferentes seguían hiriendo y lacerando los cuerpos.
Luego fue preciso jurar el silencio. Pedro Quispe trazó una cruz en el suelo, y vinieron los hombres y las mujeres y besaron la cruz. Después desprendió de su cuello el rosario, que no lo abandonaba nunca, y los indios juraron sobre él, y escupió en la tierra, y los indios pasaron sobre la tierra húmeda.
Cuando los despojos ensangrentados desaparecieron y se borraron las últimas huellas de la escena que acababa de desarrollarse en las asperezas de la altiplanicie, la inmensa noche caía sobre la soledad de las montañas.

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3 comentarios sobre “Justicia India, Ricardo Jaimes Freyre (Español 2)

  1. En justicia India por Ricardo Jaimes Freyre los indígenas sufren muchos abusos por los blancos. A Tomas le quitaron su caballo y le dieron un caballo muerto a cambio, además le quemaron su choza. También a Pedro le quisieron quitar su tierra demandando una bolsa llena de monedas para dejarle sus tierras. Tampoco le quisieron pagar por la oveja y las gallinas que Pedro les dio a los viajeros blancos. Finalmente a Pedro le dieron un latigazo.
    ​Yo creo que los indígenas sufrieron muchas injusticias y falta de respeto por ser indígenas pues los blancos sienten que son mejores que los indios por tener la piel blanca. Córdova, uno de los viajeros blancos se refiere a los indígenas como “unos imbeciles”. Este es un problema que ha existido por muchas generaciones y el cual era más visto en épocas pasadas pero que aun hoy en día esas injusticias suceden. Nosotros hemos dejado que esta situación continúe y no hemos hecho lo suficiente para parar abusos o discriminación a los indígenas. Por ejemplo aquí en Estados Unidos les quitaron la mayoría de sus tierras dejándoles solo una área limitada para vivir. En Latino America los indígenas viven en gran pobreza.
    ​Los blancos sienten que son mejores que los indígenas y razonan sus abusos de una manera ridicula. En el cuento le echan la culpa a tomas por quemazón de la choza, diciendo que fue su culpa por que se movió cuando le iban a dar un tizón. Le quitan el caballo, diciéndole que le dieron otro a cambio, sin embargo ese caballo estaba muerto. Luego, dicen que las tierras no son de Pedro pues no tiene papeles de ellas, ni monedas para pagar por ellas y Córdova dice que solo hace lo que le “encomendaron”.
    ​Los viajeros blancos se marcharon sin imaginarse lo que les pasaría. Después que le dan el latigazo y cuando ve a los hombres marchándose; Pedro toco su corneta y así pidió ayuda a otros indígenas. El guía abandona a los abandona viajeros blancos y otros indígenas empiezan a tocar mas cornetas. Los viajeros siguen subiendo la montaña rocosa cautelosamente mientras indígenas van y vienen. De repente empiezan a caer las rocas y esto hace que se caigan. Los indígenas tratan a los viajeros como animales de caza y se unen para capturarlos. Una vez que lo logran los llevan a donde esta un grupo de indígenas y los arrojan “como dos fardos” para hacer justicia.
    ​Los paisajes que dan la impresión de una sinfonía escrita para trompetas y tambores son las cornetas que tocan los indígenas. Comenzando con el cuerno que toca Pedro, lo toca “un son grave y prolongado…y prosiguió después con notas estridentes y rápidas”, pueden ser sonidos de trompeta y los rugidos de las rocas que ruedan por la montaña pueden ser los sonidos de tambores.
    ​Los indígenas repartieron su propia justicia y esta justicia es muy diferente a la justicia de los Estados Unidos. La justicia india fue muy cruel con Córdova y Álvarez, mientras la justicia de mi ciudad y país no es tan cruel. El grupo indígena no solo le quitaron la vida a los blancos si no que los torturaron. A Córdova le quemaron los ojos, le arrancaron la lengua a parte de golpearlo. A Álvarez le acuchillaron. A ambos los apedrearon, arrancaron el pelo y golpearon e hicieron y laceraron los cuerpos.
    Es como si todos los abusos que estos indígenas habían sufrido en manos de los blancos fue desquitado Córdova y Álvarez, todo su coraje fue saciado con la muerte y mutilación de los cuerpos. Este es un tipo de justicia que jamás se vería aquí en nuestro país. En nuestro país sin importar que tan grotesco e injusto o abusivo haya sido el crimen; el acusado tiene la ventaja de un juicio y de un castigo humano. En la carcel tienen ropa limpia, comida suficiente y no hay castigo “cruel e inusual”. El castigo peor, en lugares donde se permite la pena de muerte, es la pena de muerte, pero de manera humana. Lo que se le hizo a los viajeros blancos no seria visto como justicia en nuestro país, sino como una barbaridad. Yo pienso que también el la historia esta justicia no fue bien vista, pues después de los hechos “fue precisó jurar silencio”, despojar de los cuerpos “y se borraron las últimas huellas”.

  2. •1) Los indígenas sufrían de muchos abusos,ya que no tenían los mismos derechos que los blancos. Los blancos se querían apoderar de todas las tierras y de todas las cosas que nos les permanecían a ellos. Trataban mal a los indígenas y les hacían creer que no tenían las mismas oportunidades que según ellos tenían. En esta historia dos indios quieren que les entreguen lo que les pertenece, no quieren que se los arrebaten, pero hay dos hombres blancos que no es quieren regresar sus pertenencias por que no se los merecen. Uno de los indios pide que le regresen su caballo y el otro no quiere que le quiten sus tierras. Pero estos dos hombre blancos no les quieren regresar ni el caballo ni as tierras, según había sido un intercambio de caballos pero el intercambio no era muy justo ya que el blanco le dio un caballo muerto al indio, y no le quería regresar sus tierras al otro indio porque no tenia pruebas de que eran suyas esas tierras, según el necesitaba unos documentos que dijeran de quien eran esas tierras, por mala suerte el indio no contaba con esos documentos y por esa razón no les quiso regresar sus tierras, a menos que el indio le diera una bolsa llena de monedas, pero el indio era tan pobre que no contaba con esas monedas. En mi opinión yo digo que eso fue mucha expoliación para estos indígenas ya que los no tenían los mismos derechos que otros tenían, aunque este indio no hubiera tenido papeles de esas tierras no tenia derecho el otro hombre de quitarle las tierras ya que el tampoco tenia documentos de esas tierras, y solo se las iba a quitar para venderlas a alguien mas. Lo del caballo tampoco fue justo ya que el indio había vendido sus llamas para comprar un caballo y resulta que otra persona viene a cambiárselo por un caballo muerto, eso no es justo y además se lo quito por la fuerza. Hubieron muchas explotaciones más, y todas fueron injustas.

    •2) Los hombres blancos no comprendian mucho y eran muy injustos, ellos creían que los indígenas eran superiores a ellos, y por lo tanto los hombres blancos merecían más que los demás. Eso era lo que ellos creían pero no se daban cuenta en el daño que les hacían a los demás ellos solo pensaban en si mismos. Explotaban a los indígenas y no les tenían respeto, les gustaba hacerlos sentir mal y humillarlos. Los blancos solo querian quedarse con todas las cosas y hacerles creer a los indígenas que ellos no merecían nada y que les tuvieran mas respeto.
    •3) Al llegar cerca a una montaña uno de los indígenas saco un instrumento musical (Un cuerno) el cual emitía un sonido demasiado fuerte y que era como una especie de aviso. Al sonar este cuerno mas personas indígenas comenzaron a llegar. Pero en cuanto esto paso el indio guia salio huyendo por miedo ya que el sabia lo que pasaría después. Gracias a ese cuerno pudieron a llegar más indígenas hacia donde se escuchaba el sonido del cuerno, y fue a si como llegaron hasta donde se encontraban los hombres blancos. Fue ahí donde murieron los dos hombres blancos que había sido injustos, y groseros con estos dos indígenas, fue hay donde los mataron entre todos los indios hasta que dejaron de existir aquellos dos hombres blancos que en algún momento los habían ofendido.
    •4) Yo pienso que el momento apropiado para que se escuchara una sinfonía de tambores y trompetas es cuando suena el cuerno y que todos los indios se dirigen hacia el sonido, ese seria un buen momento ya que era muy temprano y el sol apenas se podía ver salir. Ese hubiera sido un buen momento para que se escuchara esa sinfonía a si daría mas vida a esa pequeña parte de la historia.
    •5) Para comenzar quiero decir que hoy en día las leyes son un poco mas estrictas, y no se nos permite matar a nadie y menos de la forma en que los indígenas mataron a estos dos hombres en esta historia. Hoy en día hay mucha discriminación a si como se ve en la historia, pero poco a poco nos estamos dando cuenta de que todos tenemos los mismos derechos y oportunidades que los demás, aun hay mucha inseguridad, ya que hay mucha violencia y muchos asesinatos. Hoy en día ya no hay esclavitud como la que había hace mucho tiempo atras, tal vez la hay en algunos lugares pero ya no hay mucha. Como dije hace un instante, poco a poco las personas abren sus ojos y se dan cuenta de que todos merecemos las mismas oportunidades que los demás y ya todo ha cambiado bastante en los ultimos años, y espero que así siga para que cada vez mas haya menos discriminación e inseguridad en el mundo. Porque esa es una de las razones que llevan a las personas a matar a otros ya que saben que están siendo injustos con ellos y con otras personas no, es ahí donde todo cambia sus mentes y los hace sentir diferentes. Y lo unció que quieren es que se haga justicia.

  3. Menciona todos los abusos que sufrieron los indigenas, la actitud de los blancos y escribe una reflexion sobre la explotacion del indigena en latinoamerica.

    Explica los razonamientos de los hombres blancos.

    Como fue la captura de los blancos (DESCRIBE)

    Que pasajes te dan una impresion de sinfonia escrita para trompetas y tambores?

    Compara la justicia india con las leyes actuales que rigen un pais.

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