La prodigiosa tarde de Baltazar, Gabriel García Márquez (Español 1)

el

La jaula estaba terminada. Baltazar la colgó en el alero, por la fuerza de la costumbre, y cuando acabó de almorzar ya se decía por todos lados que era la jaula más bella del mundo. Tanta gente vino a verla, que se for­mó un tumulto frente a la casa, y Baltazar tuvo que descolgarla y cerrar la carpintería.
—Tienes que afeitarte —le dijo Úrsula, su mujer—. Pareces un capuchino.
—Es malo afeitarse después del almuerzo —dijo Baltazar.
Tenía una barba de dos semanas, un ca­bello corto, duro y parado como las crines de un mulo, y una expresión general de mucha­cho Pero era una expresión falsa. En febrero había cumplido 30 años, vivía con Úrsula desde hacía cuatro, sin casarse y sin tener hijos, y la vida le había dado muchos motivos para estar alerta, pero ninguno para estar asustado. Ni siquiera sabía que para al­gunas personas, la jaula que acababa de hacer era la más bella del mundo. Para él, acostum­brado a hacer jaulas desde niño, aquél había sido apenas un trabajo más arduo que los otros.
—Entonces repósate un rato —dijo la mu­jer—. Con esa barba no puedes presentarte en ninguna parte.
Mientras reposaba tuvo que abandonar la hamaca varías veces para mostrar la jaula a los vecinos. Úrsula no le había prestado aten­ción hasta entonces. Estaba disgustada por­que su marido había descuidado el trabajo de la carpintería para dedicarse por entero a la jaula, y durante dos semanas había dormido mal, dando tumbos y hablando disparates, y no había vuelto a pensar en afeitarse. Pero el disgusto se disipó ante la jaula terminada. Cuando Baltazar despertó de la siesta, ella le había planchado los pantalones y una camisa, los había puesto en un asiento junto a la ha­maca, y había llevado la jaula a la mesa del comedor. La contemplaba en silencio.
—¿Cuánto vas a cobrar? —preguntó.
—No sé —contestó Baltazar—. Voy a pedir treinta pesos para ver sí me dan veinte.
—Pide cincuenta —dijo Úrsula—. Te has trasnochado mucho en estos quince días. Ade­más, es bien grande. Creo que es la jaula más grande que he visto en mi vida.
Baltazar empezó a afeitarse.
—¿Crees que me darán los cincuenta pe­sos?
—Eso no es nada para don Chepe Mon­tíel, y la jaula los vale —dijo Úrsula—. De­bías pedir sesenta.
La casa yacía en una penumbra sofocante. Era la primera semana de abril y el calor pa­recía menos soportable por el pito de las chi­charras. Cuando acabó de vestirse, Baltazar abrió la puerta del patio para refrescar la casa, y un grupo de niños entró en el co­medor.
La noticia se había extendido. El doctor Octavio Gíraldo, un médico viejo, contento de la vida pero cansado de la profesión, pen­saba en la jaula de Baltazar mientras almor­zaba con su esposa inválida. En la terraza interior donde ponían la mesa en los días de calor, había muchas macetas con flores y dos jaulas con canarios. A su esposa le gus­taban los pájaros, y le gustaban tanto que odíaba a los gatos porque eran capaces de corriérselos. Pensando en ella, el doctor Gi­raldo fue esa tarde a visitar a un enfermo, y al regreso pasó por la casa de Baltazar a co­nocer la jaula.
Había mucha gente en el comedor. Puesta en exhibición sobre la mesa, la enorme cú­pula de alambre con tres pisos interiores, con pasadizos y compartimientos especiales para comer y dormir, y trapecios en el espacio re­servado al recreo de los pájaros, parecía el modelo reducido de una gigantesca fábrica de hielo. El médico la examinó cuidadosa­mente, sin tocarla, pensando que en efecto aquella jaula era superior a su propio pres­tigio, y mucho más bella de lo que había so­ñado jamás para su mujer.
—Esto es una aventura de la imaginación —dijo. Buscó a Baltazar en el grupo, y agre­gó, fijos en él sus ojos maternales—: Hubie­ras sido un extraordinario arquitecto.
Baltazar se ruborizó.
—Gracias —dijo.
—Es verdad —dijo el médico. Tenía una gordura lisa y tierna como la de una mujer que fue hermosa en su juventud, y unas ma­nos delicadas. Su voz parecía la de un cura hablando en latín—. Ni siquiera será nece­sario ponerle pájaros —dijo, haciendo girar la jaula frente a los ojos del público, como si la estuviera vendiendo—. Bastará con col­garla entre los árboles para que cante sola. —Volvió a ponerla en la mesa, pensó un mo­mento, mirando la jaula, y dijo:— Bueno, pues me la llevo.
—Está vendida —dijo Úrsula.
—Es del hijo de don Chopo Montiel —dijo Baltazar—. La mandó a hacer expresamente.
El médico asumió una actitud respetable.
—¿Te dio el modelo?
—No —dijo Baltazar—. Dijo que quería una jaula grande, como ésa, para una pareja de turpiales.
El médico miró la jaula.
—Pero ésta no es para turpiales.
—Claro que sí, doctor —dijo Baltazar, acercándose a la mesa. Los niños lo rodea­ron—. Las medidas están bien calculadas —dijo, señalando con el índice los diferen­tes compartimientos. Luego golpeó la cúpula con los nudillos, y la jaula se llenó de acor­des profundos—. Es el alambre más resistente que se puede encontrar, y cada juntura está soldada por dentro y por fuera —dijo.
—Sirve hasta para un loro —intervino uno de los niños.
—Así es —dijo Baltazar.
El médico movió la cabeza.
—Bueno, pero no te dio el modelo —dijo—. No te hizo ningún encargo preciso, aparte de que fuera una jaula grande para turpiales. ¿No es así?
—Así es —dijo Baltazar.
—Entonces no hay problema —dijo el mé­dico—. Una cosa es una jaula grande para turpiales y otra cosa es esta jaula. No hay pruebas de que sea ésta la que te mandaron hacer.
—Es esta misma —dijo Baltazar, ofusca­do—. Por eso la hice.
El médico hizo un gesto de impaciencia.
—Podrías hacer otra —dijo Úrsula, mirando a su marido. Y después, hacia el médico—: Usted no tiene apuro.
—Se la prometí a mi mujer para esta tarde —dijo el médico.
—Lo siento mucho, doctor —dijo Balta­zar—, pero no se puede vender una cosa que ya está vendida.
El médico se encogió de hombros. Secán­dose el sudor del cuello con un pañuelo, con­templó la jaula en silencio, sin mover la mi­rada de un mismo punto indefinido, como se mira un barco que se va.
—¿Cuánto te dieron por ella?
Baltazar buscó a Úrsula sin responder.
—Sesenta pesos —dijo ella.
El médico siguió mirando la jaula.
—Es muy bonita —suspiró—. Sumamen­te bonita. —Luego, moviéndose hacia la puer­ta, empezó a abanicarse con energía, sonrien­te, y el recuerdo de aquel episodio desapa­reció para siempre de su memoria.
—Montiel es muy rico —dijo.
En verdad, José Montiel no era tan rico co­mo parecía, pero había sido capaz de todo por llegar a serlo. A pocas cuadras de allí, en una casa atiborrada de arneses donde nunca se había sentido un olor que no se pudiera vender, permanecía indiferente a la novedad de la jaula. Su esposa, torturada por la obse­sión de la muerte, cerró puertas. y ventanas después del almuerzo y yació dos horas con los ojos abiertos en la penumbra del cuarto, mientras José Montiel hacía la siesta. Así la sorprendió un alboroto de muchas voces. En­tonces abrió la puerta de la sala y vio un tu­multo frente a la casa, y a Baltazar con la jaula en medio del tumulto, vestido de blan­co y acabado de afeitar, con esa expresión de decoroso candor con que los pobres llegan a la casa de los ricos.
—Qué cosa tan maravillosa —exclamó la esposa de José Montiel, con una expresión radiante, conduciendo a Baltazar hacia el interior—. No había visto nada igual en mi vida —dijo, y agregó, indignada con la multitud que se agolpaba en la puerta—: Pero llévesela para adentro que nos van a convertir la sala en una gallera.
Baltazar no era un extraño en la casa de José Montiel. En distintas ocasiones, por su eficacia y buen cumplimiento, había sido lla­mado para hacer trabajos de carpintería me­nor. Pero nunca se sintió bien entre los ricos. Solía pensar en ellos, en sus mujeres feas y conflictivas, en sus tremendas operaciones qui­rúrgicas, y experimentaba siempre un senti­miento de piedad. Cuando entraba en sus ca­sas no podía moverse sin arrastrar los pies.
—¿Está Pepe? —preguntó.
Había puesto la jaula en la mesa del co­medir.
—Está en la escuela —dijo la mujer de José Montiel—. Pero ya no debe demorar. —Y agregó:— Montiel se está bañando.
En realidad José Montiel no había tenido tiempo de bañarse. Se estaba dando una ur­gente fricción de alcohol alcanforado para sa­lir a ver lo que pasaba. Era un hombre tan prevenido, que dormía sin ventilador eléctrico para vigilar durante el sueño los rumores de la casa.
—Adelaida —gritó—. ¿Qué es lo que pasa?
—Ven a ver qué cosa maravillosa —gritó su mujer.
José Montiel —corpulento y peludo, la toalla colgada en la nuca— se asomó por la ventana del dormitorio.
—¿Qué es eso?
—La jaula de Pepe —dijo Baltazar.
La mujer lo miró perpleja.
—¿De quién?
—De Pepe —confirmó Baltazar. Y después dirigiéndose a José Montiel—: Pepe me la mandó a hacer.
Nada ocurrió en aquel instante, pero Bal­tazar se sintió como si le hubieran abierto la puerta del baño. José Montiel salió en cal­zoncillos del dormitorio.
—Pepe —gritó.
—No ha llegado —murmuró su esposa, inmóvil.
Pepe apareció en el vano de la puerta. Te­nía unos doce años y las mismas pestañas rizadas y el quieto patetismo de su madre.
—Ven acá —le dijo José Montiel—. ¿Tú mandaste a hacer esto?
El niño bajó la cabeza. Agarrándolo por el cabello, José Montiel lo obligó a mirarlo a los ojos.
—Contesta.
El niño se mordió los labios sin responder.
—Montiel —susurró la esposa.
José Montiel soltó al niño y se volvió hacia Baltazar con una expresión exaltada.
—Lo siento mucho, Baltazar —dijo—. Pe­ro has debido consultarlo conmigo antes de proceder. Sólo a ti se te ocurre contratar con un menor. —A medida que hablaba, su ros­tro fue recobrando la serenidad. Levantó la jaula sin mirarla y se la dio a Baltazar—. ­Llévatela en seguida y trata de vendérsela a quien puedas —dijo—. Sobre todo, te ruego que no me discutas. —Le dio una palmadita en la espalda, y explicó:— El médico me ha prohibido coger rabia.
El niño había permanecido inmóvil, sin parpadear, hasta que Baltazar lo miró perple­jo con la jaula en la mano. Entonces emitió un sonido gutural, como el ronquido de un perro, y se lanzó al suelo dando gritos.
José Montiel lo miraba impasible, mientras la madre trataba de apaciguarlo.
—No lo levantes —dijo—. Déjalo que se rompa la cabeza contra el suelo y después le echas sal y limón para que rabie con gusto.
El niño chillaba sin lágrimas, mientras su madre lo sostenía por las muñecas.
—Déjalo —insistió José Montiel.
Baltazar observó al niño como hubiera ob­servado la agonía de un animal contagioso. Eran casi las cuatro. A esa hora, en su casa, Úrsula cantaba una canción muy antigua, mientras cortaba rebanadas de cebolla.
—Pepe —dijo Baltazar.
Se acercó al niño, sonriendo, y le tendió la jaula. El niño se incorporó de un salto, abra­zó la jaula, que era casi tan grande como él, y se quedó mirando a Baltazar a través del tejido metálico, sin saber qué decir. No había derramado una lágrima.
—Baltazar —dijo Montiel, suavemente—. Ya te dije que te la lleves.
—Devuélvela —ordenó la mujer al niño.
—Quédate con ella —dijo Baltazar. Y lue­go, a José Montiel—: Al fin y al cabo, para eso la hice.
José Montiel lo persiguió hasta la sala.
—No seas tonto, Baltazar —decía, cerrán­dole el paso—. Llévate tu trasto para la casa y no hagas más tonterías. No pienso pagarte ni un centavo.
—No importa —dijo Baltazar—. La hice expresamente para regalársela a Pepe. No pen­saba cobrar nada.
Cuando Baltazar se abrió paso a través de los curiosos que bloqueaban la puerta, José Montiel daba gritos en el centro de la sala. Estaba muy pálido y sus ojos empezaban a enrojecer.
—Estúpido —gritaba—. Llévate tu ca­charro. Lo último que faltaba es que un cual­quiera venga a dar órdenes en mi casa. ¡Ca­rajo!
En el salón de billar recibieron a Baltazar con una ovación. Hasta ese momento, pen­saba que había hecho una jaula mejor que las otras, que había tenido que regalársela al hijo de José Montiel para que no siguiera llorando, y que ninguna de esas cosas tenía nada de particular. Pero luego se dio cuenta de que todo eso tenía una cierta importancia para muchas personas, y se sintió un poco excitado.
—De manera que te dieron cincuenta pe­sos por la jaula.
—Sesenta —dijo Baltazar.
—Hay que hacer una raya en el cielo —di­jo alguien—. Eres el único que ha logrado sacarle ese montón de plata a don Chepe Mon­tiel. Esto hay que celebrarlo.
Le ofrecieron una cerveza, y Baltazar co­rrespondió con una tanda para todos. Como era la primera vez que bebía, al anochecer es­ taba completamente borracho, y hablaba de un fabuloso proyecto de mil jaulas de a se­senta pesos, y después de un millón de jaulas hasta completar sesenta millones de pesos.
—Hay que hacer muchas cosas para ven­dérselas a los ricos antes que se mueran —de­cía, ciego de la borrachera—. Todos están enfermos y se van a morir. Cómo estarán de jodidos que ya ni siquiera pueden coger bien.
Durante dos horas el tocadiscos automático estuvo por su cuenta tocando sin parar. To­dos brindaron por la salud de Baltazar, por su suerte y su fortuna, y por la muerte de los ricos, pero a la hora de la comida lo de­jaron solo en el salón.
Úrsula lo había esperado hasta las ocho, con un plato de carne frita cubierto de re­banadas de cebolla. Alguien le dijo que su marido estaba en el salón de billar, loco de felicidad, brindando cerveza a todo el mundo, pero no lo creyó porque Baltazar no se había emborrachado jamás. Cuando se acostó, casi a la medianoche, Baltazar estaba en un salón iluminado, donde había mesitas de cuatro puestos con sillas alrededor, y una pista de baile al aire libre, por donde se paseaban los alcaravanes. Tenía la cara embadurnada de colorete, y como no podía dar un paso más, pensaba que quería acostarse con dos mujeres en la misma cama. Había gastado tanto, que tuvo que dejar el reloj como garantía, con el compromiso de pagar al día siguiente. Un mo­mento después, despatarrado por la calle, se dio cuenta de que le estaban quitando los za­patos, pero no quiso abandonar el sueño más feliz de su vida. Las mujeres que pasaron para la misa de cinco no se atrevieron a mirarlo, creyendo que estaba muerto.

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  1. Marlene Gonzalez dice:

    La prodigiosa tarde de Baltazar

    Describe la personalidad de Úrsula y la de Baltazar.
    Úrsula y Baltazar son una pareja que no están casados pero han estado viviendo juntos por 4 años. Baltazar es un gran trabajador. Se enfoco y trabajo dos semanas sin muchos alimentos que necesita un humano para construir una jaula. Esta jaula fue para el hijo del hombre más rico del pueblo, Pepe. El pueblo fue muy fascinado con la jaula que construyó Baltazar. La describieron como “la más bella del mundo”. Úrsula, su esposa tenía la mentalidad de vender la jaula a una de las personas del pueblo por un razonable precio. Sin embargo, el enfoque de Baltazar fue nomás a vendersela a el niño de doce años, Pepe, en vez de venderla al público. “ Estaba disgustada por­que su marido había descuidado el trabajo de la carpintería para dedicarse por entero a la jaula, y durante dos semanas había dormido mal, dando tumbos y hablando disparates, y no había vuelto a pensar en afeitarse.” Por sus diferentes perspectivas en este enfoque, causó un poco de argumento contra la pareja.

    ¿Cómo es el ambiente? (Da ejemplos).
    El ambiente en donde toma lugar ha de hacer una ciudad muy parecida a un pueblo. Yo creo que ha de estar un poco chico, considerando que la noticia se había extendido rápido de que Baltazar construyó una de las jaulas más bellas del mundo. “Era la primera semana de abril y el calor pa­recía menos soportable por el pito de las chi­charras”. El ambiente estaba un poco insoportable con el clima que por esta razón, Baltazar abre las puertas de su patio en donde un grupo de niños entraron al comedor por ver la jaula. También, como todos lo siguieron a Baltazar a la casa de Pepe cuando fue a entregarle la jaula.

    ¿Cuál fue el razonamiento de Baltazar para no venderle la jaula al médico?
    El razonamiento de Baltazar por no venderle la jaula al médico fue porque ya estaba pensando en dársela a Pepe, el hijo de José Montiel que parecía muy rico al resto de la gente.
    “Bueno, pues me la llevo.
    —Está vendida —dijo Úrsula.
    —Es del hijo de don Chopo Montiel —dijo Baltazar—. La mandó a hacer expresamente.
    El médico asumió una actitud respetable.”

    ¿Cómo describirías al pueblo y a su gente? Da ejemplos
    Yo describiría al pueblo y su gente como muy unida pero en el modo de estar muy curiosos y estar actualizado en lo que está pasando. “La noticia se había extendido.” “La casa yacía en una penumbra sofocante.” En los ojos de Úrsula, cree que es la jaula más grande que ha visto en su vida. Por estas razones, Baltazar le mostraba la jaula a los vecinos, que han de informar al resto del pueblo de la jaula en una corto periodo de tiempo. “Había mucha gente en el comedor. Puesta en exhibición sobre la mesa, la enorme cú­pula de alambre con tres pisos interiores, con pasadizos y compartimientos especiales para comer y dormir, y trapecios en el espacio re­servado al recreo de los pájaros, parecía el modelo reducido de una gigantesca fábrica de hielo.” También, cuando Baltazar fue a entregarle la jaula a Pepe, una abundancia de seguidores, estaban presente, incluyendo cuando Montiel empezó a discutir con Baltazar. “Cuando Baltazar se abrió paso a través de los curiosos que bloqueaban la puerta, José Montiel daba gritos en el centro de la sala.”

    ¿Qué clases sociales observas y qué diferencias hay entre ellas en sus vidas cotidianas?
    Clases sociales que observo son los ricos y los pobres. Por ejemplo, Úrsula y Baltazar son pobres, Baltazar trabajando como artesano que descuido de su trabajo como carpintero por dedicarse a la elaboración de la jaula. José Montiel está visto con mucho poder y rico. Su rutina de todos los días es obviamente diferente que la de Baltazar por no tener las mismas privilegiados de tener tanto dinero. “Pero nunca se sintió bien entre los ricos. Solía pensar en ellos, en sus mujeres feas y conflictivas, en sus tremendas operaciones qui­rúrgicas, y experimentaba siempre un senti­miento de piedad. Cuando entraba en sus ca­sas no podía moverse sin arrastrar los pies.” Estar rico no siempre se significa la vida mejor. Está phrase claramente enseña cómo a pesar de que Baltazar no tiene la misma suerte que José de la riqueza, si tiene algo que no tiene Jose. Esto es la felicidad entre el mismo y de no ser tan negativo o actuar en una manera dificil nomas por no tener algo su modo. Baltazar aprecia su vida tanto en el modo que se salió de su trabajo de carpintero nomas por hacerle esa jaula a Pepe.

    ¿Qué fue lo que motivó a Baltazar a actuar como lo hizo? ¿Y a José Montiel?
    Lo que motivó a Baltazar a actuar como hizo fue que él es un ser buen humano, manteniendo su promesa a Pepe de que le iba a dar la jaula que le hizo.
    “En el salón de billar recibieron a Baltazar con una ovación. Hasta ese momento, pen­saba que había hecho una jaula mejor que las otras, que había tenido que regalársela al hijo de José Montiel para que no siguiera llorando, y que ninguna de esas cosas tenía nada de particular. Pero luego se dio cuenta de que todo eso tenía una cierta importancia para muchas personas, y se sintió un poco excitado.” Porque José Montiel tiene una personalidad media cruel y difícil a comprender, el siente que tiene mucho poder, especialmente en su casa. José no quiso que Pepe accepte la jaula que le hizo Baltazar. Entonces, cuando Baltazar no resistía en regalarsela a Pepe, Jose se sentía furioso porque no le estaba haciendo caso a la decisión del padre. “Llévate tu ca­charro. Lo último que faltaba es que un cual­quiera venga a dar órdenes en mi casa. ¡Ca­rajo!”

    ¿Qué era lo que realmente encolerizaba a José Montiel?
    Lo que realmente encolerizaba a Jose Montiel fue que no sentía el poder que siempre tenía de costumbre por su rices. Entonces cuando Baltazar siguió resistiendo en la idea de no regalarle la jaula a Pepe, Jose se enojo especialmente por el sentimiento de sentir que lo estaban mandando, en su propio hogar.
    “—Baltazar —dijo Montiel, suavemente—. Ya te dije que te la lleves.
    —Devuélvela —ordenó la mujer al niño.
    —Quédate con ella —dijo Baltazar. Y lue­go, a José Montiel—: Al fin y al cabo, para eso la hice.
    José Montiel lo persiguió hasta la sala.
    —No seas tonto, Baltazar —decía, cerrán­dole el paso—. Llévate tu trasto para la casa y no hagas más tonterías. No pienso pagarte ni un centavo.
    —No importa —dijo Baltazar—. La hice expresamente para regalársela a Pepe. No pen­saba cobrar nada.”

    ¿Dónde adviertes evidencias de crítica social?
    Donde advierto evidencias de crítica social son cuando José Montiel y Baltazar se meten en una discusión en aceptando la jaula que construyó Baltazar. José siente que nomas porque es rico, que tiene más poder de los demás, especialmente en su decisión de no aceptar la jaula de Baltazar. Es como que si Jose no quería perder en la conversación. Esto es en el sentido como cuando Montiel resistía la oferta, Baltazar le daba más razón en porque era la mejor decisión en regalarsela a Pepe. “ No pienso pagarte ni un centavo.
    —No importa —dijo Baltazar—. La hice expresamente para regalársela a Pepe. No pen­saba cobrar nada.”

    Infiere lo que sucederá cuando Úrsula se entere de todo.
    Mis pensamientos sobre qué sucederá cuando Úrsula se entere de todo es que va estar muy confundida pero furiosa al mismo tiempo. “Como era la primera vez que bebía, al anochecer estaba completamente borracho, y hablaba de un fabuloso proyecto de mil jaulas de a se­senta pesos, y después de un millón de jaulas hasta completar sesenta millones de pesos.” Porque Úrsula sabía que su pareja nunca tomaba, cuando descubra la resaca que esta Baltazar, ha de estar muy decepcionada.” pero no lo creyó porque Baltazar no se había emborrachado jamás.” Esto es porque va a pensar que él le ha estado mentiras todos estos años en que no tomaba y furiosa por el sentimiento de que le echo mentiras desde que han estado juntos, pero la verdad es que si era su primera vez tomando.

    ¿Cuál es el tema?
    El tema de la historia “La prodigiosa tarde de Baltazar” es que las clases sociales no tienen specifico ambiente. Puedes hacer pobre y feliz, haciendo la comunidad feliz, o puedes hacer rico pero miserable.

  2. Jimelda L. dice:

    Ursula

    En la historia,Ursula es “esposa” de Baltazar. Leyendo los principios de la historia ella parece ser una mujer desalentadora pero ella es mejor describida como agridulce. Ella es sinceramente contundente,“Tienes que afeitarte… Pareces un capuchino…Con esa barba no puedes presentarte en ninguna parte”. Ella tiende bien a su esposo silenciosamente, le plancha la ropa y mueve su espléndida jaula al comedor. Sus compromisos de su esposo son de ella también (aparentemente), cuando vienen personas a la casa a mirar la jaula,aunque ya esta vendida, Úrsula está dispuesta a negociar otras propuestas, “Podrías hacer otra —dijo Úrsula, mirando a su marido. Y después, hacia el médico—: Usted no tiene apuro”. Baltazar rechaza esta propuesta y refuerza que la jaula codiciado ya esta vendida. Úrsula reconoce el trabajo y esfuerzo en el que su esposo puso en la jaula y numas quiere el mejor precio para ella.

    Baltazar

    Baltazar es un humilde carpintero de treinta anos.Su trabajo recibe elogios,personas que admiran su trabajo le dicen que él hubiera sido un arquitecto grandioso. Baltazar incansablemente, por quince días,trabaja arduamente en la jaula que Pepe Mantiel le mandó a hacer. Recibo muchos complementos y atención en su jaula. Con la atención también recibe propuestas pero las rechaza y dice que jaula ya está “vendida” a Pepe. Cuando Baltasar se va a la casa de José Montiel, a dejar su pedido se pone ambivalente. Su percepción de la gente rica no es buena, piensa de ellos especialmente en las mujeres como falsas y problemáticas. Al entrar a la casa de los Montieles se sintió incómodo. Cuando Baltazar descubre que los Montieles no estuvieron conscientes de los planes de Pepe, y le rechazan la jaula, Baltazar insiste en dárselo gratis al niño. Baltazar olvida el trabajo extensivo que puso en la Jaula y insiste en regalarselo,como si quería guardar su honor. La gente del pueblo celebran el éxito de Baltazar en vender la jaula y se toman la alegría. Es allí en donde Baltazar toma por la primera vez y se recuesta en la calle atrapado en su imaginación, comprometido en pagar las bebidas el dia siguiente.

    ¿Cómo describirías al pueblo y a su gente?

    Al oír la noticia de la jaula todos del pueblo se reúnen a mirar la jaula divina,”Tanta gente vino a verla, que se for­mó un tumulto frente a la casa, y Baltazar tuvo que descolgarla y cerrar la”. El pueblo está repleto de la maldición de ambición. El pueblo tiene curiosidad sobre la apariencia de la jaula pero también son curiosos en el monto de dinero que Baltazar le va sacar a los Montieles,” Hay que hacer una raya en el cielo —di­jo alguien—. Eres el único que ha logrado sacarle ese montón de plata a don Chepe Mon­tiel. Esto hay que celebrarlo”. Todos estan montados en una pirámide de clase sociales.La única cosa que llevan en común es su ambición de concebir dinero.

    Ambiente

    El pueblo está categorizado en clases sociales. Se siente tensión entre todas las clases.Los pobres contra los ricos y ricos en contra los pobres,”Hay que hacer muchas cosas para venderlas a los ricos antes que se mueran —de­cía, ciego de la borrachera—. Todos están enfermos y se van a morir. Cómo estarán de jodidos que ya ni siquiera pueden coger bien“.

    ¿Cuál fue el razonamiento de Baltazar para no venderle la jaula al médico?

    El doctor le ofrece comprarle la jaula a Baltazar porque es bella y su esposa es entusiasta de los pájaros. Baltazar, fiel con sus cliente, le responde con,”Lo siento mucho, doctor —dijo Balta­zar—, pero no se puede vender una cosa que ya está vendida”. Baltazar ya ha hecho un compromiso con el hijo de José Montiel y la jaula para él lla estaba “vendida” aunque todavía no ha recibido la paga.

    ¿Qué era lo que realmente encoleriza a José Montiel?

    Jose Montiel estaba medio rabioso al descubrir que su hijo hizo compromisos con Baltazar sin su permiso. Jose miro al niño “chillar” y hacer un escándalo en el piso pero eso no es lo que lo condujo a enfurecerse. Lo que enfureció a Jose de todo fue Baltazar. Baltazar ofreció a darle la jaula a Pepe sin pago. Jose le digo a Baltazar que se valla, que no le iba a pagar “ni un centavo”, pero Baltazar, persiste y no le da importancia a la agenda de José.Jose se cansa de Baltazar y explota emocionalmente,”Estúpido —gritaba—. Llévate tu ca­charro. Lo último que faltaba es que un cual­quiera venga a dar órdenes en mi casa. ¡Ca­rajo!”.

    ¿Dónde adviertes evidencias de crítica social?

    Baltazar es el primero en criticar la vida de los Montieles. Los describe como ricos pero despide eso y dice que en verdad no eran ricos pero hicieron una illusion en creerse que si eran. Baltazar describe a las mujeres ricas como feas, problemáticas y repletas en cirugías. Como un tumor viviente. Cuando está borracho Baltazar confiesa cuanto animosidad tiene sobre ellos,”Todos están enfermos y se van a morir. Cómo estarán de jodidos que ya ni siquiera pueden coger bien”. José es más sutil al principio pero luego cambia drásticamente. Al descubrir los planes de su hijo el dice lo siguiente,”Pe­ro has debido consultarlo conmigo antes de proceder. Sólo a ti [Baltazar] se te ocurre contratar con un menor.” Al decir esto creo que Jose se refirió a la clase social de Baltazar. Como Baltazar es pobre José insinúa que a el nomas se le ocurriría hacer tratos con un niño. Cuando Jose se enoja con Baltazar le refiere como un “cualquiera”,”Estúpido —gritaba—. Llévate tu ca­charro. Lo último que faltaba es que un cual­quiera venga a dar órdenes en mi casa. ¡Ca­rajo!”. José está enterrado en su propia integridad, y verbalmente acosa libremente a Baltazar y falla en reconocer su benevolencia.

    ¿Qué fue lo que motivó a Baltazar a actuar como lo hizo? ¿Y a José Montiel?

    Baltazar miro el escándalo que causaba Pepe, como gritaba,”Baltazar observó al niño como hubiera ob­servado la agonía de un animal contagioso”. Al mirar la actuación de Pepe, Baltazar se sintió rendido y quiso darle la jaula como un regalo,”No importa —dijo Baltazar—. La hice expresamente para regalarsela a Pepe. No pen­saba cobrar nada”. Jose se sintió ofendido, creo que lo que dijo Baltazar le dio un golpe a su egoísmo. Recibir un regalo de alguien más pobre que él fue lo que lo ofendió y iso que tenga un colapso mental.

    Compara la relación de José Montiel y su esposa con la de Baltazar y Úrsula.

    Yo creo que Ursula sostiene poder considerable (o mas) en su relación con Baltazar.
    Ella dice lo que está en su mente y es honesta con su esposo. Baltazar considera sus sentimientos de ella. Jose Montiel es más controlador, lo que él quiere su esposa lo sigue. Yo creo que su esposa le tiene miedo de lo que él podría ser capaz. Cuando Baltasar se pone furioso ella se pone callada y sigue detrás de lo que dice su esposo,”Devuélvela —ordenó la mujer al niño”.

    Infiere lo que sucederá cuando Úrsula se entere de todo.

    Yo creo que Úrsula se va enfurecer. Como ella quiso que la jaula se venda al doctor y Baltazar no quiso. Ursula claramente le dijo que él podía hacer otra jaula para Pepe pero Baltazar rechazó esa idea. Úrsula es dominante y es extremadamente honesta, no estaría sorprendida si ella estaría decepcionada en su “esposo”.

    ¿Cuál es el tema?

    El tema es sobre las clases sociales. A través de la historia nos encontramos con gente de diferentes clases sociales. Por ejemplo Baltazar y su esposa son ejemplos de la clase más pobre en el pueblo. El doctor es clase media y por último, la familia de José Montiel, los más ricos. En la historia los ricos y los pobres tienen una rivalidad y diferentes perspectivas de ellos mismos. Baltazar mira a los ricos, como se ahogan en su riqueza pero sus mentes han sido distorsionados. Jose mira los pobres con arrogancia, como si son unos cualquieras y ignorantes. Pero José falla en reconocer su propia desgracia.

  3. JCPozo dice:

    Describe la personalidad de Úrsula y la de Baltazar.

    ¿Cómo es el ambiente? (Da ejemplos).

    ¿Cuál fue el razonamiento de Baltazar para no venderle la jaula al médico?

    ¿Cómo describirías al pueblo y a su gente? Da ejemplos

    ¿Qué clases sociales observas y qué diferencias hay entre ellas en sus vidas cotidianas?

    ¿Qué fue lo que motivó a Baltazar a actuar como lo hizo? ¿Y a José Montiel?

    ¿Qué era lo que realmente encolerizaba a José Montiel?

    ¿Dónde adviertes evidencias de crítica social?

    Infiere lo que sucederá cuando Úrsula se entere de todo.

    ¿Cuál es el tema?

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