Sólo vine a llamar por teléfono, Gabriel García Márquez (Español 3)

Una tarde de lluvias primaverales, cuando viajaba sola hacia Barcelona conduciendo un coche alquilado, María de la Luz Cervantes sufrió una avería en el desierto de los Monegros. Era una mexicana de veintisiete años, bonita y seria, que años antes había tenido un cierto nombre como artista de variedades. Estaba casada con un prestidigitador de salón, con quien iba a reunirse aquel día después de visitar a unos parientes en Zaragoza. Al cabo de una hora de señas desesperadas a los automóviles y camiones de carga que pasaban raudos en la tormenta, el conductor de un autobús destartalado se compadeció de ella. Le advirtió, eso sí, que no iba muy lejos.

-No importa -dijo María-. Lo único que necesito es un teléfono.

Era cierto, y sólo lo necesitaba para prevenir a su marido de que no llegaría antes de las siete de la noche. Parecía un pajarito ensopado, con un abrigo de estudiante y los zapatos de playa en abril, y estaba tan aturdida por el percance que olvidó llevarse las llaves del automóvil. Una mujer que viajaba junto al conductor, de aspecto militar pero de maneras dulces, le dio una toalla y una manta, y le hizo un sitio a su lado. Después de secarse a medias, María se sentó, se envolvió en la manta, y trató de encender un cigarrillo, pero los fósforos estaban mojados. La vecina del asiento le dio fuego y le pidió un cigarrillo de los pocos que le quedaban secos. Mientras fumaban, María cedió a las ansias de desahogarse, y su voz resonó más que la lluvia o el traqueteo del autobús. La mujer la interrumpió con el índice en los labios.

-Están dormidas -murmuró.

María miró por encima del hombro, y vio que el autobús estaba ocupado por mujeres de edades inciertas y condiciones distintas, que dormían arropadas con mantas iguales a la suya. Contagiada por su placidez, María se enroscó en el asiento y se abandonó al rumor de la lluvia. Cuando se despertó era de noche y el aguacero se había disuelto en un sereno helado. No tenía la menor idea de cuánto tiempo había dormido ni en qué lugar del mundo se encontraban. Su vecina de asiento tenía una actitud de alerta.

-¿Dónde estamos? -le preguntó María.

-Hemos llegado -contestó la mujer.

El autobús estaba entrando en el patio empedrado de un edificio enorme y sombrío que parecía un viejo convento en un bosque de árboles colosales. Las pasajeras, alumbradas a penas por un farol del patio, permanecieron inmóviles hasta que la mujer de aspecto militar las hizo descender con un sistema de órdenes primarias, como en un parvulario. Todas eran mayores, y se movían con tal parsimonia que parecían imágenes de un sueño. María, la última en descender, pensó que eran monjas. Lo pensó menos cuando vio a varias mujeres de uniforme que las recibieron a la puerta del autobús, y que les cubrían la cabeza con las mantas para que no se mojaran, y las ponían en fila india, dirigiéndolas sin hablarles, con palmadas rítmicas y perentorias. Después de despedirse de su vecina de asiento María quiso devolverle la manta, pero ella le dijo que se cubriera la cabeza para atravesar el patio, y la devolviera en portería.

-¿Habrá un teléfono? -le preguntó María.

-Por supuesto -dijo la mujer-. Ahí mismo le indican.

Le pidió a María otro cigarrillo, y ella le dio el resto del paquete mojado. “En el camino se secan”, le dijo. La mujer le hizo un adiós con la mano desde el estribo, y casi le gritó “Buena suerte”. El autobús arrancó sin darle tiempo de más.

María empezó a correr hacia la entrada del edificio. Una guardiana trató de detenerla con una palmada enérgica, pero tuvo que apelar a un grito imperioso: “¡Alto he dicho!”. María miró por debajo de la manta, y vio unos ojos de hielo y un índice inapelable que le indicó la fila. Obedeció. Ya en el zaguán del edificio se separó del grupo y preguntó al portero dónde había un teléfono. Una de las guardianas la hizo volver a la fila con palmaditas en la espalda, mientras le decía con modos dulces:

-Por aquí, guapa, por aquí hay un teléfono.

María siguió con las otras mujeres por un corredor tenebroso, y al final entró en un dormitorio colectivo donde las guardianas recogieron las cobijas y empezaron a repartir las camas. Una mujer distinta, que a María le pareció más humana y de jerarquía más alta, recorrió la fila comparando una lista con los nombres que las recién llegadas tenían escritos en un cartón cosido en el corpiño. Cuando llegó frente a María se sorprendió de que no llevara su identificación.

-Es que yo sólo vine a hablar por teléfono -le dijo María.

Le explicó a toda prisa que su automóvil se había descompuesto en la carretera. El marido, que era mago de fiestas, estaba esperándola en Barcelona para cumplir tres compromisos hasta la media noche, y quería avisarle de que no estaría a tiempo para acompañarlo. Iban a ser las siete. Él debía salir de la casa dentro de diez minutos, y ella temía que cancelara todo por su demora. La guardiana pareció escucharla con atención.

-¿Cómo te llamas? -le preguntó.

María le dijo su nombre con un suspiro de alivio, pero la mujer no lo encontró después de repasar la lista varias veces. Se lo preguntó alarmada a una guardiana, y ésta, sin nada que decir, se encogió de hombros.

-Es que yo sólo vine a hablar por teléfono -dijo María.

-De acuerdo, maja -le dijo la superiora, llevándola hacia su cama con una dulzura demasiado ostensible para ser real-, si te portas bien podrás hablar por teléfono con quien quieras. Pero ahora no, mañana.

Algo sucedió entonces en la mente de María que le hizo entender por qué las mujeres del autobús se movían como en el fondo de un acuario. En realidad estaban apaciguadas con sedantes, y aquel palacio en sombras, con gruesos muros de cantería y escaleras heladas, era en realidad un hospital de enfermas mentales. Asustada, escapó corriendo del dormitorio, y antes de llegar al portón una guardiana gigantesca con un mameluco de mecánico la atrapó de un zarpazo y la inmovilizó en el suelo con una llave maestra. María la miró de través paralizada por el terror.

-Por el amor de Dios -dijo-. Le juro por mi madre muerta que sólo vine a hablar por teléfono.

Le bastó con verle la cara para saber que no había súplica posible ante aquella energúmena de mameluco a quien llamaban Herculina por su fuerza descomunal. Era la encargada de los casos difíciles, y dos reclusas habían muerto estranguladas con su brazo de oso polar adiestrado en el arte de matar por descuido. El primer caso se resolvió como un accidente comprobado. El segundo fue menos claro, y Herculina fue amonestada y advertida de que la próxima vez sería investigada a fondo. La versión corriente era que aquella oveja descarriada de una familia de apellidos grandes tenía una turbia carrera de accidentes dudosos en varios manicomios de España.

Para que María durmiera la primera noche, tuvieron que inyectarle un somnífero. Antes de amanecer, cuando la despertaron las ansias de fumar, estaba amarrada por las muñecas y los tobillos en las barras de la cama. Nadie acudió a sus gritos. Por la mañana, mientras el marido no encontraba en Barcelona ninguna pista de su paradero, tuvieron que llevarla a la enfermería, pues la encontraron sin sentido en un pantano de sus propias miserias.

No supo cuánto tiempo había pasado cuando volvió en sí. Pero entonces el mundo era un remanso de amor, y estaba frente a su cama un anciano monumental, con una andadura de plantígrado y una sonrisa sedante, que con dos pases maestros le devolvió la dicha de vivir. Era el director del sanatorio.

Antes de decirle nada, sin saludarlo siquiera, María le pidió un cigarrillo. Él se lo dio encendido, y le regaló el paquete casi lleno. María no pudo reprimir el llanto.

-Aprovecha ahora para llorar cuanto quieras -le dijo el médico, con voz adormecedora-. No hay mejor remedio que las lágrimas.

María se desahogó sin pudor, como nunca logró hacerlo con sus amantes casuales en los tedios de después del amor. Mientras la oía, el médico la peinaba con los dedos, le arreglaba la almohada para que respirara mejor, la guiaba por el laberinto de su incertidumbre con una sabiduría y una dulzura que ella no había soñado jamás. Era, por primera vez en su vida, el prodigio de ser comprendida por un hombre que la escuchaba con toda el alma sin esperar la recompensa de acostarse con ella. Al cabo de una hora larga, desahogada a fondo, le pidió autorización para hablarle por teléfono a su marido.

El médico se incorporo con toda la majestad de su rango. “Todavía no, reina”, le dijo, dándole en la mejilla la palmadita más tierna que había sentido nunca. “Todo se hará a su tiempo”. Le hizo desde la puerta una bendición episcopal, y desapareció para siempre.

-Confía en mi -le dijo.

Esa misma tarde María fue inscrita en el asilo con un número de serie, y con un comentario superficial sobre el enigma de su procedencia y las dudas sobre su identidad. Al margen quedó una calificación escrita de puño y letra del director: agitada.

Tal como María lo había previsto, el marido salió de su modesto apartamento del barrio de Horta con media hora de retraso para cumplir los tres compromisos. Era la primera vez que ella no llegaba a tiempo en casi dos años de una unión libre bien concertada, y él entendió el retraso por la ferocidad de las lluvias que asolaron la provincia aquel fin de semana. Antes de salir dejó un mensaje clavado en la puerta con el itinerario de la noche.

En la primera fiesta, con todos los niños disfrazados de canguro, prescindió del truco estelar de los peces invisibles porque no podía hacerlo sin la ayuda de ella. El segundo compromiso era en casa de una anciana de noventa y tres años, en silla de ruedas, que se preciaba de haber celebrado cada uno de sus últimos treinta cumpleaños con un mago distinto. Él estaba tan contrariado con la demora de María, que no pudo concentrarse en las suertes más simples. El tercer compromiso era el de todas las noches en un café concierto de las Ramblas, donde actuó sin inspiración para un grupo de turistas franceses que no pudieron creer lo que veían porque se negaban a creer en la magia. Después de cada representación llamó por teléfono a su casa, y esperó sin ilusiones a que María le contestara. En la última ya no pudo reprimir la inquietud de que algo malo había ocurrido.

De regreso a casa en la camioneta adaptada para las funciones públicas vio el esplendor de la primavera en las palmeras del Paseo de Gracia, y lo estremeció el pensamiento aciago de cómo podía ser la ciudad sin María. La última esperanza se desvaneció cuando encontró su recado todavía prendido en la puerta. Estaba tan contrariado, que se le olvidó darle la comida al gato.

Sólo ahora que lo escribo caigo en la cuenta de que nunca supe cómo se llamaba en realidad, porque en Barcelona sólo lo conocíamos con su nombre profesional: Saturno el Mago. Era un hombre de carácter raro y con una torpeza social irremediable, pero el tacto y la gracia que le hacían falta le sobraban a María. Era ella quien lo llevaba de la mano en esta comunidad de grandes misterios, donde a nadie se le hubiera ocurrido llamar a nadie por teléfono después de la media noche para preguntar por su mujer. Saturno lo había hecho de recién venido y no quería recordarlo. Así que esa noche se conformó con llamar a Zaragoza, donde una abuela medio dormida le contestó sin alarma que María había partido después del almuerzo. No durmió más de una hora al amanecer. Tuvo un sueño cenagoso en el cual vio a María con un vestido de novia en piltrafas y salpicado de sangre, y despertó con la certidumbre pavorosa de que había vuelto a dejarlo solo, y ahora para siempre, en el vasto mundo sin ella.

Lo había hecho tres veces con tres hombres distintos, incluso él, en los últimos cinco años. Lo había abandonado en Ciudad de México a los seis meses de conocerse, cuando agonizaban de felicidad con un amor demente en un cuarto de servicio de la colonia Anzures. Una mañana María no amaneció en la casa después de una noche de abusos inconfesables. Dejó todo lo que era suyo, hasta el anillo de su matrimonio anterior, y una carta en la cual decía que no era capaz de sobrevivir al tormento de aquel amor desatinado. Saturno pensó que había vuelto con su primer esposo, un condiscípulo de la escuela secundaria con quien se casó a escondidas siendo menor de edad, y al cual abandonó por otro al cabo de dos años sin amor. Pero no: había vuelto a casa de sus padres, y allí fue Saturno a buscarla a cualquier precio. Le rogó sin condiciones, le prometio mucho más de lo que estaba resuelto a cumplir, pero tropezó con una determinación invencible. “Hay amores cortos y hay amores largos”, le dijo ella. Y concluyó sin misericordia: “Este fue corto”. Él se rindió ante su rigor. Sin embargo, una madrugada de Todos los Santos, al volver a su cuarto de huérfano después de casi un año de olvido, la encontró dormida en el sofá de la sala con la corona de azahares y la larga cola de espuma de las novias vírgenes.

María le contó la verdad. El nuevo novio, viudo, sin hijos, con la vida resuelta y la disposición de casarse para siempre por la iglesia católica, la había dejado vestida y esperando en el altar. Sus padres decidieron hacer la fiesta de todos modos. Ella siguió el juego. Bailó, cantó con los mariachis, se pasó de tragos, y en un terrible estado de remordimientos tardíos se fue a la media noche a buscar a Saturno.

No estaba en casa, pero encontró las llaves en la maceta de flores del corredor, donde las escondieron siempre. Esta vez fue ella quien se le rindió sin condiciones. “¿Y ahora hasta cuando?”, le preguntó él. Ella le contestó con un verso de Vinicius de Moraes: “El amor es eterno mientras dura”. Dos años después, seguía siendo eterno.

María pareció madurar. Renunció a sus sueños de actriz y se consagró a él, tanto en el oficio como en la cama. A finales del año anterior habían asistido a un congreso de magos en Perpignan, y de regreso conocieron a Barcelona. Les gustó tanto que llevaban ocho meses aquí, y les iba tan bien, que habían comprado un apartamento en el muy catalán barrio de Horta, ruidoso y sin portero, pero con espacio de sobra para cinco hijos. Había sido la felicidad posible, hasta el fin de semana en que ella alquiló un automóvil y se fue a visitar a sus parientes de Zaragoza con la promesa de volver a las siete de la noche del lunes. Al amanecer del jueves, todavía no había dado señales de vida.

El lunes de la semana siguiente la compañía de seguros del automóvil alquilado llamó por teléfono a casa para preguntar por María. “No sé nada”, dijo Saturno. “Búsquenla en Zaragoza”. Colgó. Una semana después un policía civil fue a su casa con la noticia de que habían hallado el automóvil en los puros huesos, en un atajo cerca de Cádiz, a novecientos kilómetros del lugar donde María lo abandonó. El agente quería saber si ella tenía más detalles del robo. Saturno estaba dándole de comer al gato, y apenas si lo miro para decirle sin más vueltas que no perdieran el tiempo, pues su mujer se había fugado de la casa y él no sabía con quién ni para dónde. Era tal su convicción, que el agente se sintió incómodo y le pidió perdón por sus preguntas. El caso se declaró cerrado.

El recelo de que María pudiera irse otra vez había asaltado a Saturno por Pascua Florida en Cadaqués, adonde Rosa Regás los habían invitado a navegar a vela. Estábamos en el Marítim, el populoso y sórdido bar de la gauche divine en el crepúsculo del franquismo, alrededor de una de aquellas mesas de hierro con sillas de hierro donde sólo cabíamos seis a duras penas y nos sentábamos veinte. Después de agotar la segunda cajetilla de cigarrillos de la jornada, María se encontró sin fósforos. Un brazo escuálido de vellos viriles con una esclava de bronce romano se abrió paso entre el tumulto de la mesa, y le dio fuego. Ella lo agradeció sin mirar a quién, pero Saturno el Mago lo vio. Era un adolescente óseo y lampiño, de una palidez de muerto y una cola de caballo muy negra que le daba a la cintura. Los cristales del bar soportaban apenas la furia de la tramontana de primavera, pero él iba vestido con una especie de piyama callejero de algodón crudo, y unas albarcas de labrador.

No volvieron a verlo hasta fines del otoño, en un hostal de mariscos de La Barceloneta, con el mismo conjunto de zaraza ordinaria y una larga trenza en vez de la cola de caballo. Los saludó a ambos como a viejos amigos, y por el modo como besó a María, y por el modo como ella le correspondió, a Saturno lo fulminó la sospecha de que habían estado viéndose a escondidas. Días después encontró por casualidad un nombre nuevo y un numero de teléfono escritos por María en el directorio doméstico, y la inclemente lucidez de los celos le reveló de quién eran. El prontuario social del intruso acabó de rematarlo: veintidós años, hijo único de ricos, decorador de vitrinas de moda, con una fama fácil de bisexual y un prestigio bien fundado como consolador de alquiler de señoras casadas. Pero logró sobreponerse hasta la noche en que María no volvió a casa. Entonces empezó a llamarlo por teléfono todos los días, primero cada dos o tres horas, desde las seis de la mañana hasta la madrugada siguiente, y después cada vez que encontraba un teléfono a la mano. El hecho de que nadie contestara aumentaba su martirio.

Al cuarto día le contestó una andaluza que sólo iba a hacer la limpieza. “El señorito se ha ido”, le dijo, con suficiente vaguedad para enloquecerlo. Saturno no resistió la tentación de preguntarle si por casualidad no estaba ahí la señorita María.

-Aquí no vive ninguna María -le dijo la mujer-. El señorito es soltero.

-Ya lo sé -le dijo él -. No vive, pero a veces va. ¿O no?

La mujer se encabritó.

-¿Pero quién coño habla ahí?

Saturno colgó. La negativa de la mujer le pareció una confirmación más de lo que ya no era para él una sospecha sino una certidumbre ardiente. Perdió el control. En los días siguientes llamó por orden alfabético a todos los conocidos de Barcelona. Nadie le dio razón, pero cada llamada le agravó la desdicha, porque sus delirios de celos eran ya célebres entre los trasnochadores impenitentes de la gauche divine, y le contestaban con cualquier broma que lo hiciera sufrir. Sólo entonces comprendió hasta qué punto estaba solo en aquella ciudad hermosa, lunática e impenetrable, en la que nunca sería feliz. Por la madrugada, después de darle de comer al gato, se apretó el corazón para no morir, y tomó la determinación de olvidar a María.

A los dos meses, María no se había adaptado aún a la vida del sanatorio. Sobrevivía picoteando apenas la pitanza de cárcel con los cubiertos encadenados al mesón de madera bruta, y la vista fija en la litografía del general Francisco Franco que presidía el lúgubre comedor medieval. Al principio se resistía a las horas canónicas con su rutina bobalicona de maitines, laudes, vísperas, y otros oficios de iglesia que ocupaban la mayor parte del tiempo. Se negaba a jugar a la pelota en el patio de recreo, y a trabajar en el taller de flores artificiales que un grupo de reclusas atendía con una diligencia frenética. Pero a partir de la tercera semana fue incorporándose poco a poco a la vida del claustro. A fin de cuentas, decían los médicos, así empezaban todas, y tarde o temprano terminaban por integrarse a la comunidad.

La falta de cigarrillos, resuelta en los primeros días por una guardiana que se los vendía a precio de oro, volvió a atormentarla cuando se le agotó el poco dinero que llevaba. Se consoló después con los cigarrillos de papel periódico que algunas reclusas fabricaban con las colillas recogidas de la basura, pues la obsesión de fumar había llegado a ser tan intensa como la del teléfono. Las pesetas exiguas que se ganó más tarde fabricando flores artificiales le permitieron un alivio efímero.

Lo más duro era la soledad de las noches. Muchas reclusas permanecían despiertas en la penumbra, como ella, pero sin atreverse a nada, pues la guardiana nocturna velaba también el portón cerrado con cadena y candado. Una noche, sin embargo, abrumada por la pesadumbre, María preguntó con voz suficiente para que le oyera su vecina de cama:

-¿Dónde estamos?

La voz grave y lúcida de la vecina le contestó:

-En los profundos infiernos.

-Dicen que esta es tierra de moros -dijo otra voz distante que resonó en el ámbito del dormitorio-. Y debe ser cierto, porque en verano, cuando hay luna, se oye a los perros ladrándole a la mar.

Se oyó la cadena en las argollas como un ancla de galeón, y la puerta se abrió. La cancerbera, el único ser que parecía vivo en el silencio instantáneo, empezó a pasearse de un extremo al otro del dormitorio. María se sobrecogió, y sólo ella sabía por qué.

Desde su primera semana en el sanatorio, la vigilante nocturna le había propuesto sin rodeos que durmiera con ella en el cuarto de guardia. Empezó con un tono de negocio concreto: trueque de amor por cigarrillos, por chocolates, por lo que fuera. “Tendrás todo”, le decía, trémula. “Serás la reina”. Ante el rechazo de María, la guardiana cambió de método. Le dejaba papelitos de amor debajo de la almohada, en los bolsillos de la bata, en los sitios menos pensados. Eran mensajes de un apremio desgarrador capaz de estremecer a las piedras. Hacía más de un mes que parecía resignada a la derrota, la noche en que se promovió el incidente en el dormitorio.

Cuando estuvo convencida de que todas las reclusas dormían, la guardiana se acercó a la cama de María, y murmuró en su oído toda clase de obscenidades tiernas, mientras le besaba la cara, el cuello tenso de terror, los brazos yermos, las piernas exhaustas. Por último, creyendo tal vez que la parálisis de María no era de miedo sino de complacencia, se atrevió a ir mas lejos. María le soltó entonces un golpe con el revés de la mano que la mandó contra la cama vecina. La guardiana se incorporó furibunda en medio del escándalo de las reclusas alborotadas.

-Hija de puta -gritó-. Nos pudriremos juntas en este chiquero hasta que te vuelvas loca por mí.

El verano llegó sin anunciarse el primer domingo de junio, y hubo que tomar medidas de emergencia, porque las reclusas sofocadas empezaban a quitarse durante la misa los balandranes de estameña. María asistió divertida al espectáculo de las enfermas en pelota que las guardianas correteaban por las naves como gallinas ciegas. En medio de la confusión, trató de protegerse de los golpes perdidos, y sin saber cómo se encontró sola en una oficina abandonada y con un teléfono que repicaba sin cesar con un timbre de súplica. María contestó sin pensarlo, y oyó una voz lejana y sonriente que se entretenía imitando el servicio telefónico de la hora:

-Son las cuarenta y cinco horas, noventa y dos minutos y ciento siete segundos

-¡Maricón! -dijo María.

Colgó divertida. Ya se iba, cuando cayó en la cuenta de que estaba dejando escapar una ocasión irrepetible. Entonces marcó seis cifras, con tanta tensión y tanta prisa, que no estuvo segura de que fuese el número de su casa. Esperó con el corazón desbocado, oyó el timbre, una vez, dos veces, tres veces, y oyó por fin la voz del hombre de su vida en la casa sin ella.

-¿Bueno?

Tuvo que esperar a que se le pasara la pelota de lágrimas que se le formó en la garganta.

-Conejo, vida mía -suspiró.

Las lágrimas la vencieron. Al otro lado de la línea hubo un breve silencio de espanto, y una voz enardecida por los celos escupió la palabra:

-¡Puta! Y colgó en seco.

Esa noche, en un ataque frenético, María descolgó en el refectorio la litografía del generalísimo, la arrojó con todas sus fuerzas contra el vitral del jardín, y se derrumbó bañada en sangre. Aún le sobró rabia para enfrentarse a golpes con los guardianes que trataban de someterla, sin lograrlo, hasta que vio a Herculina plantada en el vano de la puerta, con los brazos cruzados mirándola. Se rindió. No obstante, la arrastraron hasta el pabellón de las locas furiosas, la aniquilaron con una manguera de agua helada, y le inyectaron trementina en las piernas. Impedida para caminar por la inflamación provocada, María se dio cuenta de que no había nada en el mundo que no fuera capaz de hacer por escapar de aquel infierno. La semana siguiente, ya de regreso al dormitorio común, se levantó de puntillas y tocó en la celda de la guardiana nocturna.

El precio de María, exigido por ella de antemano, fue llevarle un mensaje a su marido. La guardiana aceptó, siempre que el trato se mantuviera en secreto absoluto. Y la apuntó con un índice inexorable.

-Si alguna vez se sabe, te mueres.

Así que Saturno el Mago fue al sanatorio de locas el sábado siguiente, con la camioneta de circo preparada para celebrar el regreso de María. El director en persona lo recibió en su oficina, tan limpia y ordenada como un barco de guerra, y le hizo un informe afectuoso sobre el estado de su esposa. Nadie sabía de dónde llegó, ni cómo ni cuándo, pues el primer dato de su ingreso era en el registro oficial dictado por él cuando la entrevistó. Una investigación iniciada ese mismo día no había concluido nada. En todo caso, lo que más intrigaba al director era cómo supo Saturno el paradero de su esposa. Saturno protegió a la guardiana.

-Me lo informó la compañía de seguros del coche -dijo.

El director asintió complacido. “No sé cómo hacen los seguros para saberlo todo”, dijo. Le dio una ojeada al expediente que tenía sobre su escritorio de asceta, y concluyó:

-Lo único cierto es la gravedad de su estado.

Estaba dispuesto a autorizarle una visita con las precauciones debidas si Saturno el Mago le prometía, por el bien de su esposa, ceñirse a la conducta que él le indicaba. Sobre todo en la manera de tratarla, para evitar que recayera en uno de sus arrebatos de furia cada vez más frecuentes y peligrosos.

-Es raro -dijo Saturno-. Siempre fue de genio fuerte, pero de mucho dominio.

El medico hizo un ademán de sabio. “Hay conductas que permanecen latentes durante muchos años, y un día estallan”, dijo. “Con todo, es una suerte que haya caído por aquí, porque somos especialistas en casos que requieren mano dura”. Al final hizo una advertencia sobre la rara obsesión de María por el teléfono.

-Sígale la corriente -dijo.

-Tranquilo, doctor -dijo Saturno con un aire alegre-. Es mi especialidad.

La sala de visitas, mezcla de cárcel y confesionario, era un antiguo locutorio del convento. La entrada de Saturno no fue la explosión de júbilo que ambos hubieran podido esperar. María estaba de pie en el centro del salón, junto a una mesita con dos sillas y un florero sin flores. Era evidente que estaba lista para irse, con su lamentable abrigo color fresa y unos zapatos sórdidos que le habían dado de caridad. En un rincón, casi invisible, estaba Herculina con los brazos cruzados. María no se movió al ver entrar al esposo ni asomó emoción alguna en la cara todavía salpicada por los estragos del vitral. Se dieron un beso de rutina.

-¿Cómo te sientes? -le preguntó él.

-Feliz de que al fin hayas venido, conejo -dijo ella-. Esto ha sido la muerte.

No tuvieron tiempo de sentarse. Ahogándose en lágrimas, María le contó las miserias del claustro, la barbarie de las guardianas, la comida de perros, las noches interminables sin cerrar los ojos por el terror.

-Ya no sé cuántos días llevo aquí, o meses o años, pero sé que cada uno ha sido peor que el otro -dijo, y suspiró con el alma-: Creo que nunca volveré a ser la misma.

-Ahora todo eso pasó -dijo él, acariciándole con la yema de los dedos las cicatrices recientes de la cara-. Yo seguiré viniendo todos los sábados. Y más si el director me lo permite. Ya verás que todo va a salir muy bien.

Ella fijó en los ojos de él sus ojos aterrados. Saturno intentó sus artes de salón. Le contó, en el tono pueril de las grandes mentiras, una versión dulcificada de los propósitos del médico. “En síntesis”, concluyó, “aún te faltan algunos días para estar recuperada por completo”. María entendió la verdad.

-¡Por Dios, conejo! -dijo atónita-. No me digas que tú también crees que estoy loca!

-¡Cómo se te ocurre! -dijo él, tratando de reír-. Lo que pasa es que será mucho más conveniente para todos que sigas un tiempo aquí. En mejores condiciones, por supuesto.

-¡Pero si ya te dije que sólo vine a hablar por teléfono! -dijo María.

Él no supo cómo reaccionar ante la obsesión temible. Miró a Herculina. Ésta aprovechó la mirada para indicarle en su reloj de pulso que era tiempo de terminar la visita. María interceptó la señal, miró hacia atrás, y vio a Herculina en la tensión del asalto inminente. Entonces se aferró al cuello de su marido gritando como una verdadera loca. Él se la quitó de encima con tanto amor como pudo, y la dejó a merced de Herculina, que le saltó por la espalda. Sin darle tiempo para reaccionar le aplicó una llave con la mano izquierda, le pasó el otro brazo de hierro alrededor del cuello, y le gritó a Saturno el Mago:

-¡Váyase!

Saturno huyo despavorido.

Sin embargo, el sábado siguiente, ya repuesto del espanto de la visita, volvió al sanatorio con el gato vestido igual que él: la malla roja y amarilla del gran leotardo, el sombrero de copa y una capa de vuelta y media que parecía para volar. Entró en la camioneta de feria hasta el patio del claustro, y allí hizo una función prodigiosa de casi tres horas que las reclusas gozaron desde los balcones, con gritos discordantes y ovaciones inoportunas. Estaban todas, menos María, que no sólo se negó a recibir a su marido, sino inclusive a verlo desde los balcones. Saturno se sintió herido de muerte.

-Es una reacción típica -lo consoló el director-. Ya pasará.

Pero no pasó nunca. Después de intentar muchas veces ver de nuevo a María, Saturno hizo lo imposible para que recibiera una carta, pero fue inútil. Cuatro veces la devolvió cerrada y sin comentarios. Saturno desistió, pero siguió dejando en la portería del hospital las raciones de cigarrillos, sin saber siquiera si llegaban a María, hasta que lo venció la realidad.

Nunca más se supo de él, salvo que volvió a casarse y regresó a su país. Antes de irse de Barcelona le dejó el gato medio muerto de hambre a una noviecita casual, que además se comprometió a seguir llevándole los cigarrillos a María. Pero también ella desapareció. Rosa Regás recordaba haberla visto en el Corte Inglés, hace unos doce años, con la cabeza rapada y el balandrán anaranjado de alguna secta oriental, y en cinta a más no poder. Ella le contó que había seguido llevándole los cigarrillos a María, siempre que pudo, hasta un día en que sólo encontró los escombros del hospital, demolido como un mal recuerdo de aquellos tiempos ingratos. María le pareció muy lúcida la última vez que la vio, un poco pasada de peso y contenta con la paz del claustro. Ese día le llevó el gato, porque ya se le había acabado el dinero que Saturno le dejó para darle de comer.

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4 comentarios sobre “Sólo vine a llamar por teléfono, Gabriel García Márquez (Español 3)

  1. Una de las pistas que fueron principalmente introducidas a mí y me llevaron a concluir que esta que pieza se convertiría en algo caótico fue <> Si el primer personaje que es introducido ya en el primer párrafo se encuentra en una situación no muy placentera, esto sirve como indicación de que muy poco bueno puede suceder gracias a esto y puede que la miserable situación continúe. Otra cita contundente respecto a la pregunta sería <> Creo esto ya que muchos autores demuestran el tono del relato a través del ambiente que emiten. Una atmósfera con lluvia es usualmente interpretada como una tempestad e incluye la gran posibilidad de que lo que se aproxima sea bellaco en vez de alegre o positivo. Igual que el clima, la descripción del escenario da la sensación de temor o suena espantoso/misterioso con una frase que dice: <> Que María se haya subido a <> con <> y como vigilante una mujer de aspecto militar ya es algo bastante extraño. La condición del autobús, de ella y de las mujeres preocupa.
    El ambiente, como brevemente descrito en el párrafo anterior, está inicialmente repleto de suspenso y luego cede a crear curiosidad, pero varía mientras transcurre la historia. Empezando con el primer párrafo, el autor nos da a saber que la protagonista, María, <> y todo esto en <> estas frases a mí me hacen pensar en un ambiente con suspenso dada la condición en la cual se encuentra. De esto, tomó un autobús <> con <> eso ya me hace caer en un suspenso aún más grande, ya que si estas mujeres son parte de algo y luego ella es introducida a la manada por una mujer <> no puede ser muy normal eso. Ya al decir la mujer con aspecto de militar <> mi cerebro piensa a donde, que harán en este lugar por María descrito como <> Bastante suspenso es dado al lector cuando el autor escribe <> y esto porque ¿De verdad va a necesitar María la buena suerte de ella solo para hacer una llamada? ¿Por qué la está abandonando? ¿Acaso piensa dejar ahí a María? Después de preguntar por un teléfono <> <> esta es una oración que me deja pensando “ya se fregó.”
    Usando solamente unas cuantas palabras, describiría el comportamiento de la mujer vestida de militar que abordaba el autobús como una traidora, mentirosa, vil y siniestra engañadora. Mi razonamiento es lógico. Ella traicionó la confianza que se le fue dada por María de la Luz Cervantes al abandonarla en un lugar en el cual ella no pertenecía y la mujer cadete y supuestamente <> aun sabiendo esto, le dijo <> y el abandono de María terminó cuando <> Vos se preguntará porque ”vil” y mi respuesta es que ella ocasionó muchos sucesos malos a María. Por ejemplo, en un párrafo somos informados que antes de salirse del automóvil <> Esto me hace hervir la sangre, me llena de ira. Esta individua, sabiendo que María no era parte de las nuevas reclusas, le mintió haciéndole creer que llegaría a un teléfono, pero no era así. Dudé si ella verdaderamente estaba enterada sobre el origen de María y de que no tenía relación ninguna con las mujeres ahí sedadas, pero al leer <> (el quien le dio entrada a ella inicialmente) confirmé mis dudas.
    Lo que me dicen las monjas que no supieron distinguir si María tenía razón o no es mucho sobre su nivel de profesionalismo e ignorancia. Demostraron ser muy poco profesional. Yo declaro esto ya que la guardiana <> Esto no es nada leve, estamos hablando sobre si alguien va a pasar una gran cantidad de tiempo en un manicomio como las otras, no estando enferma y en vez de buscar una solución encoge de hombros. Esto no solo me demuestra su nivel de profesionalismo, si no que cuanto verdaderamente le importa a esta persona el bienestar de la mujer y que tan en serio toma su oficio. Otra cosa que me demuestra la actitud de estas monjas al no saber si María verdaderamente debería de ser otra interna es que no son muy astutas. Una mujer que necesita tanta ayuda mental que para una mejoría tiene que ser internada en un sanatorio, no trabaja como María demostraba comportarse. Yo me refiero que María actuaba de una manera normal y era significativamente diferente que las demás como para una hacer una inferencia sobre su estado mental en la actualidad.
    El personaje de Herculina es bastante rudo. Ella es, según María, <> con una <> Ella es peligrosa. Yo esto lo sé, ya que no solo sus antecedentes me lo gritan, pero, sino que también el presente. Acerca de ella, se sabe que ha matado y la cifra es dos. La razón por la cual se esto de su horrendo y oscuro pasado es que Gabriel García Márquez escribe e informa de ello: <> Creo que su infancia y adolescencia fue triste y ella estuvo la mayoría del tiempo sola y escasa de amor ma/paternal. Ella provenía de una familia rica, o por lo menos eso es lo que soy informada a través de la oración que María provee sobre el pasado de esta ruda <> Esto yo hipotetizó ya que eso es cliché sobre los ricos y sus familias, pero, puede ser que esto no tenga nada que ver con su realidad o como sucedió su vida.
    El director del sanatorio posiblemente y mostró tanta compasión a María ya que el estado en el cual ella según se encontraba era tan triste que lo llevó a sentir y tratarla con lástima. Esto lo concluye por lo que él dice: <> Esto diciéndonos que él cree que ella está grave y su situación es crítica. Él, al ver el terrible estado en el cual María estaba, le dio otorgó visitas a Saturno, el esposo de María si él se comprometía a seguir algunas reglas tomaba las precauciones debidas. Para mí no está clara la razón exacta por la cual él mostró ese nivel de compasión a María, pero tal vez él sí tiene respeto y esta sincera comprometido con su oficio. O quizá solo muestra ese nivel de compasión porque, aunque él sabe que María está completamente sana, pero hay una persona al mando que impide sacar a alguien ya ingresado, así que no se lo permiten hacer con María.
    No creo poder contestar esa pregunta correctamente con un personaje o nombre. Sé que era alguien en el vínculo de amistades con Rosa Regás, Saturno y María ya que el narrador se incluye: <> De esto, concluyo que, si están juntos en esa situación, han de conocerse bien o por lo menos tener una relación buena. Sé el tipo de narrador que este narrador es: omnisciente. Esto ya que está repleto de datos sobre los personajes y sus historias y del cuento lo sabe todo. Tal vez el narrador es uno de los clientes de la pareja. Un cliente que ellos han servido bastante y uno que está enterado de todo y así informa.
    María fue probablemente percibida como interna por varias razones. Como, por ejemplo, cuando inicialmente puso pie en ese lugar sabemos que la mujer con aspecto a militar le dio una manta a ella que las otras mujeres también estaban <> Si al llegar ahí la señora le sugiere no quitársela, al ver su aspecto físico los que trabajan ahí se verá ella integrada al grupo y confundida con las otras. Otro dato que pudo haberla hecho parecer como otra interna fue su gran insistencia por un teléfono. Esto yo no lo interpreto como una acción extraña, pero si insistes por un aparato tanto y esto mientras tu atuendo es la misma vestimenta que llevan un grupo de internas recién llegadas a un sanatorio entonces si puede ser malinterpretado por algunos. Lo que María hizo fue que <> su situación a una de las encargadas ahí, esto tal vez la hizo parecer muy alterada y omitió un comportamiento como el cuales esas personas están acostumbradas a tratar causando confusión sobre su estado mental. El director después de oírla desahogarse y darle <> fue preguntado si le daba <> la cual él le negó. Después en la historia, el director mencionó esto a su esposo ya que <> Esta puede ser otra indicación de que él por eso cree que María tal vez y si necesitaría ayuda mental.
    Saturno fue perdiendo el control de varias maneras. Empezó por empezar a tener pensamientos y sueños relacionados a María abandonandolo otra vez como ya lo había hecho múltiples veces. El narrador dice: <> Esto dejándonos saber que María alguna vez no fue muy fiel que digamos al pobre de Saturno. El auto también comparte que <> los celos te hacen perder el control y no te dejan pensar claramente o lógicamente, algo que le estaba sucediendo a Saturno. Y sabiendo que esto había pasado previamente, lo deja aún más inquieto ya que si ha pasado una vez, las posibilidades de que vuelva a pasar son grandes. Luego, ya al tenerla localizada y tener las coordinadas GPS de su paradero, Saturno fue a visitarla, pero antes vio al director. El director le dijo, entre varias cosas, intentando aclarar las dudas que Saturno tenía sobre su diagnóstico que <> con esto, yo estoy segura, confundió a Saturno ya que él creía conocer a su esposa. Seguro de que ella estaba mentalmente bien él estaba. El estar en confusión te hace perder el control.
    Una manera que María planeo escapar fue con la ayuda de la guarda nocturna. María estaba más que decidida a salir de aquel infierno o por lo menos eso es lo que nos quiere decir con la siguiente cita <> Las razones varias, no solo no tenía razón lógica por la cual estar ahí, sino que también el trato que recibía era cruel e inhumano incluía baños de agua helada, estar sedada constantemente y extorsión. <> a cambio de este favor ella le prometía a María el universo con un simple <> María cansada del maltrato que recibía ahí <> e hizo lo que ya sabemos que debía y esto para que la guarda fuera a <> Esto sirvió, pero no completamente ya que María no salió a través de la manera por la cual ella posiblemente lo anticipa, pero si salió más tarde y con una vista bastante diferente.
    El tipo de mensaje que me da esta historia es alarmante. De algo tan pequeño como querer hacer una llamada a alguien para actualizar tu estado puedes ir a parar como una interna en un lugar para esos individuos que no están mentalmente estable. De esto, a tener que prostituirte para tu beneficio, pero desgracia, y luego terminar en malos términos con tu esposo y un gato que posiblemente y no deja que se muera el recuerdo de ese mago. La vida te puede cambiar más rápido que tú a ella. Eso, el cambio repentino, no tener control, es lo que me aterra y con esta historia soy recordada de ello. Ahora, sobre estado habitual de María, Rosa Regás dice que a ella María le pareció <> la última vez que la vio. Esto es una señal buena ya que nos dice que está progresando desde su situación anterior. Un nuevo comienzo para muchos en ciertos casos es necesario y esencial para una mejoría. Sé que cometió errores y la razón es porque es humana, pero va rumbo a algo mejor. Rosa también nos informa que tal vez se ha integrado a una religión que antes rechazaba. Se esto ya que dice que parecía estar <> La religión a muchos les da paz mental, así que ¡Enhorabuena!

  2. Gilberto Montanez
    Periodo 5

    Sólo vine a llamar por teléfono, Gabriel García Márquez (Español 3)

    1. Cuáles son las primeras pistas de que la aventura se iba a volver caótica?
    Respuesta: Al empezar la historia, ya habían algunos detalles que demuestran que la aventura se iba a volver caótica. Empieza el cuento diciendo, “Una tarde de lluvias primaverales, cuando viajaba sola hacia Barcelona conduciendo un coche alquilado, María de la Luz Cervantes sufrió una avería en el desierto de los Monegros.” Aquí nos dice que hay una mujer llamada Maria de la Luz, y que ella estuvo manejando un carro durante la tarde. Era durante la tarde, y se menciona que habían “…lluvias primaverales”. También dice que “…viajaba sola…” y después se le descompuso el caro. En esta primera oración del cuento, ya nos podemos imaginar el escenario que está pasando. Nada mas con escuchar y leer que una mujer estuvo manejando sola durante la lluvia y su carro se le descompuso, nos da una pista de que la aventura se iba a volver caótica. Este evento nos dan una señal de que habran otros sucesos inesperados. Entonces sucede que tenía una importante asunto que atender con su esposo. Y como ya se tarde y no tiene coche, Maria empieza a buscar un teléfono. Necesita llamar a Saturno, su esposo, para dejarle saber que quizás va a llegar tarde. Después, María se impacienta. Ella está preocupada porque cree que Saturno cancelara la reunión, “El marido, que era mago de fiestas, estaba esperándola en Barcelona para cumplir tres compromisos hasta la medianoche, y quería avisarle de que no estaría a tiempo para acompañarlo. Iban a ser las siete. Él debía salir de la casa dentro de diez minutos, y ella temía que cancelara todo por su demora. La guardiana pareció escucharla con atención.” Primero sucede que está sola, su caro se le descompuso, y luego no tiene teléfono para hablar con Saturno. “…sólo lo necesitaba para prevenir a su marido de que no llegaría antes de las siete de la noche.” Y después que se entró en el autobús, se menciona que “…estaba tan aturdida por el percance que olvidó llevarse las llaves del automóvil.” Entonces, ya con estos eventos que sucedieron al principio, ya nos dio una pista de que la historia va a ser caótica. Que inicio de la historia.

    2. Describe el ambiente.
    Respuesta: En el cuento de Solo vine a llamar por el telefono, se habla de Maria, y como le sucedieron muchas cosas inesperadas en su vida. Entonces, al ver cómo su vida cambió por completo, yo creo que el ambiente es muy trágico. Primeramente, porque ya sabemos cómo María se enfrentó a muchos problemas desde el inicio del “viaje” hasta llegar en el hospital mental. Como ya vimos, ella iba en rumbo hacia Barcelona y sola. Luego, su carro se descompone y se pone muy nerviosa al saber que Saturno puede cancelar todos los planes por no llegar a tiempo. Yo creo que esto es muy trágico porque Maria no se lo esperaba para nada. Ella quizás iba muy contenta al volver a ver a Saturno y llegar a casa felizmente. Luego le sucedió lo más peor. Y esa misma tarde estaba lluvioso, y como es normal en películas y libros, cuando llueve es una señal de que algo malo va a pasar. Y durante toda la historia, los escenarios son trágicos. La pobre María tuvo que estar en un hospital mental por mucho tiempo. Ella no queria estar alli, pero tuvo que cumplir la espera. La vida para María se le vino encima. Por estas razones, yo creo que el ambiente de la historia es muy trágico, tanto para Maria y para Saturno.

    3. ¿Cómo explicas la conducta de la mujer vestida de militar que abordaba el autobús?
    Respuesta: Cuando a María se le detuvo el carro a media carretera, ella espero muy pacientemente para que alguien la ayudara. Tras la espera, veía a todos “…los automóviles y camiones de carga que pasaban raudos en la tormenta…”. Pero de repente, “…el conductor de un autobús destartalado se compadeció de ella. Le advirtió, eso sí, que no iba muy lejos.” Entonces, el conductor de un autobús miro que Maria estuvo buscando refugio en la carretera, paró el autobús, y dejo que entrara. Entonces la mujer vestida de militar abordo a Maria. “Una mujer que viajaba junto al conductor, de aspecto militar pero de maneras dulces, le dio una toalla y una manta, y le hizo un sitio a su lado.” Así es que al ver la situación de María, la mujer militar le ayudo. Se menciona que al ver que Maria estaba totalmente mojada por la lluvia, la mujer militar le dio una toalla para secarse. Y luego le hizo un campo para que se sentara en el autobús. Esto es muy generoso de parte de la mujer militar. Ella no conocía a María para nada, pero a pesar de eso, ella vio la necesidad que tenía y la ayudó. Esto nos enseña que la conducta de la mujer militar era muy buena al tratar a Maria bien. Después, la mujer militar hizo algo generoso. “Después de secarse a medias, María se sentó, se envolvió en la manta, y trató de encender un cigarrillo, pero los fósforos estaban mojados. La vecina del asiento le dio fuego y le pidió un cigarrillo de los pocos que le quedaban secos. Mientras fumaban, María cedió a las ansias de desahogarse, y su voz resonó más que la lluvia o el traqueteo del autobús.” Aquí vemos que María iba a fumar un cigarro, pero como estaban mojados, no podían prenderse. Entonces la mujer militar le dio fuego. Esto también nos da otra prueba de que la mujer militar actuó con generosidad con Maria.

    4. ¿Qué te dice de las monjas que no supieron distinguir si María tenía razón o no?
    Respuesta: Al ver como reaccionaron las monjas y que no supieron distinguir si Maria tiene razon o no, me da para entender que María actuaba diferentemente. Yo pienso que las monjas miraban a la gente con diferentes ojos. Pienso que las monjas miraban a María como si era una loca. Las monjas escucharon a Maria constantemente decir, “Es que yo sólo vine a hablar por teléfono.” Entonces, al ver como actuaba Maria, de seguro pensaron que ella estaba loca o que algo le pasó a ella. Como las monjas veían a mucha gente en los autobuses y en el hospital mental, les sonaba raro que una mujer no parará de buscar un teléfono. Y también cuando llego Maria a el hospital mental, notaron que no tenía ni identificación de ahi. “Cuando llegó frente a María se sorprendió de que no llevara su identificación.” Entonces, al mirar a una mujer a quien se le descompuso el carro, estaba mojada, no sabia donde estaba, y no tenía ni identificación, a las monjas se les hacía muy raro ver esto. Y después de estar con el médico y hablar con él, noto que ella necesitaba ayuda. ““Con todo, es una suerte que haya caído por aquí, porque somos especialistas en casos que requieren mano dura”. Al final hizo una advertencia sobre la rara obsesión de María por el teléfono.” Entonces, está la posibilidad de que las monjas si tuvieran razón para creer que Maria estaba loca. Y, pues también ella estaba en un hospital mental, entonces tenían más razón para creer que Maria actuaba raramente.

    5. Analiza el personaje de Herculina.
    Respuesta: Herculina es una de las guardas que trabaja en el hospital mental. Ella es una mujer muy fuerte y alta, y por ello tiene este sobrenombre. “Le bastó con verle la cara para saber que no había súplica posible ante aquella energúmena de mameluco a quien llamaban Herculina por su fuerza descomunal.” Aquí se muestra que Herculina tiene “…fuerza descomunal.” Así es que ella trabaja de guarda en el hospital porque tiene los requisitos para ser eso. Ella es fuerte y la gente le llama por “Herculina”. Ella se encarga de las situaciones muy difíciles en el hospital mental. También se menciona que ella tiene un carácter fuerte y poderoso. “Era la encargada de los casos difíciles, y dos reclusas habían muerto estranguladas con su brazo de oso polar adiestrado en el arte de matar por descuido. El primer caso se resolvió como un accidente comprobado. El segundo fue menos claro, y Herculina fue amonestada y advertida de que la próxima vez sería investigada a fondo. La versión corriente era que aquella oveja descarriada de una familia de apellidos grandes tenía una turbia carrera de accidentes dudosos en varios manicomios de España.” Aquí se muestra de que ella había estado parte en dos casos fatales. Con su “…brazo de oso polar…”, Herculina estranguló a un paciente del hospital mental. Esto le sucedió dos veces consecutivas. Ella fue amonestada por su conducts fuerte contra los pacientes. Ella actua muy animadamente, y por eso es guarda. Con nomas decir “Herculina”, nos da una imagen de una mujer grande y poderosa.

    6. ¿Por qué mostró tanta compasión el director del Sanatorio?
    Respuesta: Yo creo que el director del Sanatorio tuvo mucha compasión con Maria porque sabía que ella no necesitaba estar en el hospital mental. El director realmente comprendia la situacion de Maria y como le paso lo trágico para llegar a estar en el hospital mental. Yo creo que el director del Sanatorio sabia que Maria era más normal que las otras monjas y pacientes del hospital. El seguidamente ayudaba a Maria. “Aprovecha ahora para llorar cuanto quieras -le dijo el médico, con voz adormecedora-. No hay mejor remedio que las lágrimas.” Aquí, el director del Sanatorio sabía que al llorar, María podía desahogarse de sus pensamientos. El director del Sanatorio de seguro ya tenía muchos años trabajando ahí. El quizas sabia las condiciones que tienen las mujeres, y cómo ayudarlos a sobrepasar su tristeza. Se menciona que, “Mientras la oía, el médico la peinaba con los dedos, le arreglaba la almohada para que respirara mejor, la guiaba por el laberinto de su incertidumbre con una sabiduría y una dulzura que ella no había soñado jamás.” Entonces, se aqui se muestra la compasión de el director del Sanatorio. El trataba a María con respeto y cariño, y realmente quería ayudarla. El director del Sanatorio incluso dejó que Saturno entrar para ver a María y a hablar con ella. “Estaba dispuesto a autorizar una visita con las precauciones debidas si Saturno el Mago le prometía, por el bien de su esposa, ceñirse a la conducta que él le indicaba. Sobre todo en la manera de tratarla, para evitar que recayera en uno de sus arrebatos de furia cada vez más frecuentes y peligrosos.” Entonces, nos podemos dar cuenta de que el director trataba con compasión a Maria. Él conocía lo que había pasado María, y que ella necesitaba ayuda. Eso lo miro el director, y por eso deseo ayudarla.

    7. ¿Quién es el narrador?
    Respuesta: Yo pienso que el narrador es el esposo de Maria, el señor Saturno. Yo creo que el narrador es Saturno porque se demuestra que el conoce todos los detalles que le pasaron a Maria. Él sabía lo que pasaba a María en el hospital y todo lo pasado. Incluso, cuando Maria y Saturno tuvieron la oportunidad de hablar en el hospital, María le explicó a el, “No tuvieron tiempo de sentarse. Ahogándose en lágrimas, María le contó las miserias del claustro, la barbarie de las guardianas, la comida de perros, las noches interminables sin cerrar los ojos por el terror.” Aquí nos damos cuenta de que cuando se hablaba de las condiciones de María en el hospital, Saturno ya sabía de todo esto. Saturno narraba todo lo que le pasaba a Maria, porque el ya tenia la informacion de ello. También cuando se habla de lo que hacía el director para conmover a María, Saturno sabía de todo esto. El explicaba en la historia todo lo que Maria sobrellevo en esos momentos difíciles. Saturno explicaba que estaba deseoso por ver a Maria denuevo. Por ejemplo, Saturno le llamo a otras personas. “El lunes de la semana siguiente la compañía de seguros del automóvil alquilado llamó por teléfono a casa para preguntar por María. “No sé nada”, dijo Saturno. “Búsquenla en Zaragoza”. Colgó.” Entonces, Saturno es el narrador de esta historia porque él hablaba como si estaba explicando la historia. El decía todo conforme a lo que paso con la vida de María y los detalles. Por eso, yo creo que Saturno es el narrador de este cuento trágico.

    8. ¿A qué se deberá que María fuera percibida como interna(emocional, need to take off later), por el personal y director del Sanatorio?
    Respuesta: Yo creo que el personal y el director del Sanatorio percibieron a María como interna y emocional, por todo lo que decía y cómo actuaba. Desde que entro a el hospital mental, ella actuó muy emocionalmente. Se menciona que ella lloraba mucho para sentirse mejor. “María se desahogó sin pudor, como nunca logró hacerlo con sus amantes casuales en los tedios de después del amor.” Entonces vemos que María se sentía muy triste al ver que su vida cambió por completo. Ella iba a durar muchísimo tiempo en el hospital mental, y lo sabía. Por eso ella siempre pensaba en Saturno y como ella se sentía por él. Cuando Saturno por fin miro a Maria, se menciona que ella se sintió mejor. “Feliz de que al fin hayas venido, conejo -dijo ella-. Esto ha sido la muerte.” Entonces aquí se menciona que María estuvo feliz al ver finalmente a Saturno. Ya era mucho tiempo de esperar, y por fin miro a su esposo querido. Ella necesitaba ver a Saturno para no estar triste en el hospital. Así es que, con estos detalles, el personal y director del Sanatorio percibieron a María como una mujer muy interna y emocional. Ella lloraba mucho y pensaba sobre las cosas varias veces.

    9. ¿Cómo fue perdiendo el control Saturno?
    Respuesta: Saturno también se estaba volviendo loco al no buscar a María, su esposa. Al principio el estaba normal, un poco apurado por no ver a María llegar al evento importante. Pensó que ya luego llegaba Maria, y que la lluvia la estaba deteniendo. “Era la primera vez que ella no llegaba a tiempo en casi dos años de una unión libre bien concertada, y él entendió el retraso por la ferocidad de las lluvias que asolaron la provincia aquel fin de semana.” Ya eran muchos años desde que María llegaba tarde a una cita importante. Al ver que el clima y el dia estaba muy lluvioso, Saturno pensó que era normal para que llegara tarde. Pero luego pasaron los días y no regresaba Maria. Entonces, Saturno empezó a pensar que María lo dejó por ir con otro hombre. “Saturno pensó que había vuelto con su primer esposo, un condiscípulo de la escuela secundaria con quien se casó a escondidas siendo menor de edad, y al cual abandonó por otro al cabo de dos años sin amor.” Aquí se puede ver un poco de la desesperación que tuvo Saturno al no ver a Maria. El pensó que era porque se fue con otro hombre sin decir nada. Entonces, más días pasaron y ninguna señal de Maria, y ninguna llamada. Asi es que Saturno ya perdió el control. Se explica que, “Saturno colgó. La negativa de la mujer le pareció una confirmación más de lo que ya no era para él una sospecha sino una certidumbre ardiente. Perdió el control. En los días siguientes llamó por orden alfabético a todos los conocidos de Barcelona.” Aquí se puede ver la desesperación más elevada que estaba pasando Saturno. El “…perdió el control…” En estos momentos, Saturno no dejaba de pensar en María y en que le habría pasado. También se dice que el le llamo a todos los conocidos de Barcelona, para ver si habían escuchado de Maria. Esto comprueba de que Saturno fue perdiendo el control. No podia dejar de pensar en su esposa. Y el normal para que se sintiera así, pues ya eran meses que no veía o escuchaba de Maria.

    10. ¿Cómo planeó escapar María?
    Respuesta: Al estar en el hospital mental por muchos días, María empezó a enloquecerse. Ella ya deseaba salir de ahí, y estar con Saturno. Ella hizo todo lo posible para salir de este hospital mental. “María empezó a correr hacia la entrada del edificio. Una guardiana trató de detenerla con una palmada enérgica, pero tuvo que apelar a un grito imperioso: “¡Alto he dicho!”. María miró por debajo de la manta, y vio unos ojos de hielo y un índice inapelable que le indicó la fila.” Aquí se ve la desesperación de Maria. Ella no quería estar en este lugar salo y tranquilo. Esto hacía que Maria se enloqueciera mucho, y deseaba escapar. Pero, la guardia del hospital se dio cuenta de que Maria iba a escaparse. Así es que “Una de las guardianas la hizo volver a la fila…” La guardiana miro que Maria actuaba diferente y que quería salirse de ahí. Entonces, mandó a Maria a que se volvieron a su cuarto solo. Yo creo que Maria ya no quiso volver a intentarlo porque ya sabía como era Herculina. Si Herculina miraba que Maria intentaba salirse de nuevo, algo que podría pasarle. Herculina había estrangulado a dos pacientes antes, así es que Maria quizas penso en eso y dejo de tratar de escapara.

    11. ¿Qué mensaje te da? ¿Qué crees que fue de ella?
    Respuesta: El mensaje que me da esta historia es sobre como no esperamos lo que nos pueda suceder en la vida. Maria no esperaba nada de esto desde el principio de la historia. Ella planeaba llegar con Saturno al evento importante. Ella para nada creía que su carro se le descompusiera en media calle. Esto fue muy inesperado. También, no esperaba llegar a un hospital mental y tener que estar ahí por muchos meses. Esto también fue muy inesperado para ella. Pero también a Saturno le llegó de sorpresa. Él incluso se estaba volviendo impaciente al no escuchar de Maria y de no tenerla a su lado. El no esperaba encontrar a su esposa en un hospital mental. Toda su vida estaba muy normal, pero estos eventos sucedieron de repente. Esto me da a entender el mensaje. A todos nosotros nos pueden pasar cosas muy inesperadas, incluso lo más peor. Aun si no lo creemos, a todos nos pueden pasar cosas no deseadas. Es como le pasó a María y a Saturno. Ellos para nada esperaban todos estos eventos en sus vidas. Al final, yo creo que Maria se volvió más normal y que salió del hospital mental. Ella esperó muchos meses o hasta años para salir de ahí. Ella merecía salir y poder seguir con su vida normal en Barcelona, y con Saturno como esposo. Yo creo que esto fue de ella lo que paso despues. Al final y al cabo, esta fue un historia muy interesante.

  3. ¿Cuales son las primeras pistas de que la aventura se iba a volver caótica?

    Desde el principio del cuento podemos darnos cuentas de algunas pistas que nos dan de que la aventura se iba a volver caótica. Una de las pistas que nos dio de que la aventura se iba a volver caótica es cuando el cuento comienza con que el coche de la protagonista de esta historia quien es Maria le falla en el desierto. En el cuento dice “ Maria de la Luz Cervantes sufrió una avería en el desierto de los Monegros” .Otra pista que podemos observar a lo largo del cuento de que la aventura se iba a volver caótica es cuando estaba en el desierto y no pasaba nada nadie le brindaba ayuda sino hasta una hora después que un señor paró para ayudarle. “Al cabo de una hora de señas desesperadas a los automóviles y camiones de carga que pasaban raudos en la tormenta, el conductor de un autobús destartalado se compadeció de ella.” Otra pista que podemos ver desde el comienzo del cuento de que la aventura se iba a volver caótica es cuando María ya está dentro del carro y se da cuenta de que hay otras mujeres y todas están dormidas, pero sin duda lo que más nos saca de onda es que la mujer vestida de militar le murmura a el conductor que están dormidas, señal de que había algo raro. “-Están dormidas -murmuró.”
    María miró por encima del hombro, y vio que el autobús estaba ocupado por mujeres de edades inciertas y condiciones distintas, que dormían arropadas con mantas iguales a la suya” .Con esto podemos ver que el cuento simplemente no llevaba un buen comienzo y como tal era muy probable que terminaría con un mal fin.

    2. Describe el ambiente

    El ambiente de este cuento toma lugar en Barcelona en el desierto de Monegros y donde toma mayor parte del cuento que es en el hospital de enfermas mentales. El ambiente de este cuento se puede decir que es un ambiente confuso ya que por un malentendido es que este cuento se trato de tal manera. Tambien se podria decir que es un ambiente de suspenso porque uno jamás se hubiera imaginado que por una simple confusión fuera internada en el hospital como una enferma mental por el simple hecho de un a confusión y por eso condenada a perder a su esposo y vivir una vida como una prisionera y sin poder ser feliz jamás. “Nunca más se supo de él, salvo que volvió a casarse y regresó a su país”. Otra razón por la cual este cuento tiene un ambiente de suspenso es por la razón de que ni la protagonista, ni ella misma jamás se hubiera imaginado que se acostaria con la guardia nocturna por un favor.

    3. ¿Cómo explicas la conducta de la mujer vestida de militar que abordaba el autobús?
    En el cuento podemos observar que la conducta de la mujer vestida de militar que abordaba el autobús es de conducta preocupada. En el cuento la mujer vestida de militar le dice a el conductor “-Están dormidas -murmuró.” Así que podemos inferir que no querían que escucharan porque ,qué otra razón tendrían para tener a muchas mujeres atrás y que todas estuvieran dormidas. También podemos inferir que la mujer vestida de militar tiene una actitud amable ya que vio que maría estaba batallando prendiendo el cigarrillo y le regaló fuego. También después cuando la dejan donde dejaron a las otras muchachas cuando se iba le deseo buena suerte. “Le pidió a María otro cigarrillo, y ella le dio el resto del paquete mojado. “En el camino se secan”, le dijo. La mujer le hizo un adiós con la mano desde el estribo, y casi le gritó “Buena suerte”.”

    4. ¿Que te dice de las monjas que no supieron distinguir si Maria tiene razon o no?
    Lo que me dice de las monjas que no supieron distinguir si Maria tiene razon o no es que son muy entregadas con su trabajo y no son fáciles de convencer quizás ya tienen experiencia de mujeres tratando de hacerlas tontas con cuentos de que no están malas de la cabeza y por eso y porque su nombre no está en la lista es que ellas están confundidas y no supieron distinguir. En el cuento dice “María le dijo su nombre con un suspiro de alivio, pero la mujer no lo encontró después de repasar la lista varias veces. Se lo preguntó alarmada a una guardiana, y ésta, sin nada que decir, se encogió de hombros.” las mujeres no sabían qué hacer estaba confundidas ya que al repasar para buscar su nombre en las lista no le encontraban.

    5. Analiza el personaje de Herculina
    El personaje de Herculina es una mujer muy grande y con mucha fuerza. La forma en la que la describen pareciera como si estuvieran hablando de una luchadora que quiere atrapar o incluso hasta con su fuerza matar a su rival que en este caso son las internas. En el cuento dice “ Asustada, escapó corriendo del dormitorio, y antes de llegar al portón una guardiana gigantesca con un mameluco de mecánico la atrapó de un zarpazo y la inmovilizó en el suelo con una llave maestra. María la miró de través paralizada por el terror.” También podemos darnos cuenta de que Herculina es de carácter rudo ya que al parecer nada le ablandaba el corazón y no tenía compasión de las internas y mató a dos internas como nada como si fueran cosas minimas de poco valor. “ En el cueto nos podemos dar cuenta de que esto es cierto cuando dice “ Le bastó con verle la cara para saber que no había súplica posible ante aquella energúmena de mameluco a quien llamaban Herculina por su fuerza descomunal. Era la encargada de los casos difíciles, y dos reclusas habían muerto estranguladas con su brazo de oso polar adiestrado en el arte de matar por descuido.”

    6. ¿Por que mostro tanta compasión el director del sanatorio?

    El director del sanatorio mostró tanta compasión porque al parecer esa es su manera de ser en el cuento el autor lo describe como un anciano bueno ya que se muestra sonriente y con tan solo dos pasos que dio hizo sentir bien a María como si hubiera generado buenas vibras. En el cuento dice “ Pero entonces el mundo era un remanso de amor, y estaba frente a su cama un anciano monumental, con una andadura de plantígrado y una sonrisa sedante, que con dos pases maestros le devolvió la dicha de vivir. Era el director del sanatorio.” Base como al autor describe al director del sanatorio podríamos decir que era un buen señor y que lo único que quería era ayudar a María aunque tal vez para la mala suerte de Maria no la supo ayudar como a ella le hubiera gustado. Al final del cuento cuando saturno va a el sanatorio por Maria el director le dice a saturno “-Síguele la corriente -dijo.” señal de que el director quería que María estuviese bien y no quería que por alguna razón él le dijera a María algo que la pudiera alterar y que de alguna manera causara que su estado mental se volviera peor.

    7. ¿Quien es el narrador?
    El narrador de este cuento es omnisciente ya que sabe todo con precisos detalles y muestra por qué los personajes es que toman esas decisiones. En el cuento podemos observar esto cuando dice “Él no supo cómo reaccionar ante la obsesión temible”. En esta oración podemos comprobar que el narrador del cuento es omnisciente ya que no solamente está contando cómo es la historia sino también sus sentimientos de ellos lo que están sintiendo y pensando que no cuentan los personajes en la historia. Otro ejemplo que podemos observar es cuando “Era evidente que estaba lista para irse, con su lamentable abrigo color fresa y unos zapatos sórdidos que le habían dado de caridad.” Aquí el narrador omnisciente está hablando por ella y de cómo ella estaba para irse sin que ella lo cuente a nosotros.

    8. ¿A que se debera que Maria fuera percibida como interna, por el personal y director del Sanatorio?
    Que María fuera percibida como interna por el personal y el director del sanatorio se debía a una confusión ellos creían que estaba loca por la razón de que lloro cuando el médico la estaba acariciando. Obviamente creyeron que ella estaba loca porque quien llora por la razón de que alguien le acaricia el palo. Pero ellos no sabían que había una historia detrás de eso y que ella lloraba porque era la primera vez que ella se sentía escuchada sin la necesidad de tener acostarse con él a cambio de ser escuchada.” María se desahogó sin pudor, como nunca logró hacerlo con sus amantes casuales en los tedios de después del amor. Mientras la oía, el médico la peinaba con los dedos, le arreglaba la almohada para que respirara mejor, la guiaba por el laberinto de su incertidumbre con una sabiduría y una dulzura que ella no había soñado jamás. Era, por primera vez en su vida, el prodigio de ser comprendida por un hombre que la escuchaba con toda el alma sin esperar la recompensa de acostarse con ella.” Poco después en el cuento vemos que la inscriben como interna. En el cuento dice”Esa misma tarde María fue inscrita en el asilo con un número de serie, y con un comentario superficial sobre el enigma de su procedencia y las dudas sobre su identidad.” También vemos cual era la razón por la cual el director del sanatorio percibió que Maria fuera interna. En el cuento el director del sanatorio dice “ pues la obsesión de fumar había llegado a ser tan intensa como la del teléfono.” El director creía estaba loca por su disque obsesión de fumar y del teléfono pero igual que con el personal no sabia que habia una razon detras de eso. No es que ella estuviera loca por lo del teléfono sino que estaba angustiada porque solo quería avisar a su esposo que llegaría tarde pero nadie le daba el teléfono y cada vez se desesperaba más.
    9. ¿Cómo fue perdiendo el control Saturno?
    La manera en la que Saturno fue perdiendo el control fue que se desespero de no saber nada de Maria. En el cuento tambien podemos observar que dice “Saturno estaba dándole de comer al gato, y apenas si lo miro para decirle sin más vueltas que no perdieran el tiempo, pues su mujer se había fugado de la casa y él no sabía con quién ni para dónde. Era tal su convicción, que el agente se sintió incómodo y le pidió perdón por sus preguntas.” El ya estaba enfado de buscarla tanto que llegó a la conclusión de creer que igual y se habia ido con algun hombre como la habia hecho una vez cuando salia con el y ella lo dejo por otro.

    10. ¿Como planear escapar Maria?

    Obviamente para escapar tienes que tener un plan que asegure tu salida. El plan de María aunque no le agradaba en nada lo que tenía que hacer lo hizo todo con tal de salir de una buena vez. A fin de que pudiera salir tenía que encontrar una forma de enviarle algún mensaje a Saturno y la única manera en la que lo podía hacer era acostándose con la guardiana nocturna.
    “El precio de María, exigido por ella de antemano, fue llevarle un mensaje a su marido. La guardiana aceptó, siempre que el trato se mantuviera en secreto absoluto. Y la apuntó con un índice inexorable.” En esta oración podemos ver que Maria tenia muy claro lo que tenia que hacer y para conseguir eso hizo lo único que podía hacer. Aunque al final desafortunadamente su plan no salió bien. En el cuento dice “aún te faltan algunos días para estar recuperada por completo” y eso fue lo que totalmente derrumbó su mundo todas sus esperanzas y su sacrificio para que Saturno le dijera que le faltaba tiempo para recuperarse.

    11. ¿Que mensaje te da? ¿Qué crees que fue de ella?
    El mensaje que nos de este cuento es que no tenemos que dar algo por hecho si no sabemos si es cierto o no o si ocurrió o no. Como en este cuento que está basado en puras suposiciones y nadie está seguro si lo que está pasando o es cierto o no. Yo creo que lo que fue de ella es que definitivamente se tuvo que haber vuelto loca. Y pues como no estarlo si quien crees que que te quiere y te conoce no te ayuda ni cree en ti cuando mas necesitas de él. Creo que se enfado y busco la manera de acabar con toda su infelicidad. Lo más probable que haya sucedido sería que se le haya venido a la mente la amenaza de la guardiana nocturna donde le decía que si alguna vez decía que se había acostado con ella la iba a matar. Eso es lo mas seguro que haya llegado a eso y decidir desobedecer para que la matara y de una vez acabara con su sufrimiento.

  4. Cuáles son las primeras pistas de que la aventura se iba a volver caótica?

    Describe el ambiente.

    ¿Cómo explicas la conducta de la mujer vestida de militar que abordaba el autobús?

    ¿Qué te dice de las monjas que no supieron distinguir si María tenía razón o no?

    Analiza el personaje de Herculina.

    ¿Por qué mostró tanta compasión el director del Sanatorio?

    ¿Quién es el narrador?

    ¿A qué se deberá que María fuera percibida como interna, por el personal y director del Sanatorio?

    ¿Cómo fue perdiendo el control Saturno?

    ¿Cómo planeó escapar María?

    ¿Qué mensaje te da? ¿Qué crees que fue de ella?

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