La lluvia, Arturo Uslar Pietri (Español 3)

La luz de la luna entraba por todas las rendijas del rancho y el ruido del viento en el maizal, compacto y menudo como la lluvia. En la sombra acuchillada de láminas claras oscilaba el chinchorro lento del viejo zambo; acompasadamente chirriaba la atadura de la cuerda sobre la madera y se oía la respiración corta y silbosa de la mujer que estaba echada sobre el catre del rincón.
La patinadura del aire sobre las hojas secas del maíz y de los árboles sonaba cada vez más a lluvia, poniendo un eco húmedo en el ambiente terroso y sólido.
Se oía en lo hondo, como bajo piedra, el latido de la sangre girando ansiosamente.
La mujer sudorosa e insomne prestó oído, entreabrió los ojos, trató de adivinar por las rayas luminosas, atisbó un momento, miró el chinchorro, quieto y pesado, y llamó con voz agria:
—¡Jesuso!
Calmó la voz esperando respuesta y entretanto comentó alzadamente.
—Duerme como un palo. Para nada sirve. Si vive como si estuviera muerto…
El dormido salió a la vida con la llamada, desperezóse y preguntó con voz cansina:
—¿Qué pasa Usebia? ¿Qué escándalo es ese? ¡Ni de noche puedes dejar en paz a la gente!
—Cállate, Jesuso y oye.
—¿Qué?
—Está lloviendo, lloviendo, ¡Jesuso! y no lo oyes. ¡Hasta sordo te has puesto!
Con esfuerzo, malhumorado, el viejo se incorporó, corrió a la puerta, la abrió violentamente y recibió en la cara y en el cuerpo medio desnudo la plateadura de la luna llena y el soplo ardiente que subía por la ladera del conuco agitando las sombras. Lucían todas las estrellas.
Alargó hacia la intemperie la mano abierta, sin sentir una gota.
Dejó caer la mano, aflojó los músculos y recostóse en el marco de la puerta.
—¿Ves vieja loca, tu aguacero? Ganas de trabajar la paciencia. La mujer quedóse con los ojos fijos mirando la gran claridad que entraba por la puerta. Una rápida gota de sudor le cosquilleó en la mejilla. El vaho cálido inundaba el recinto.
Jesús tornó a cerrar, caminó suavemente hasta el chinchorro, estiróse y se volvió a oír el crujido de la madera en la mecida. Una mano colgaba hasta el suelo resbalando sobre la tierra del piso.
La tierra estaba seca como una piel, áspera, seca hasta en el extremo de las raíces, ya como huesos; se sentía flotar sobre ella una fiebre de sed, un jadeo, que torturaba los hombres.
Las nubes oscuras como sombras de árbol se habían ido, se habían perdido tras de los últimos cerros más altos, se habían ido como el sueño, como el reposo. El día era ardiente. La noche era ardiente, encendida de luces fijas y metálicas.
En los cerros y los valles pelados, llenos de grietas como bocas, los hombres se consumían torpes, obsesionados por el fantasma pulido del agua, mirando señales, escudriñando anuncios…
Sobre los valles y los cerros, en cada rancho, pasaban y repasaban las mismas palabras.
—Cantó el carrao. Va a llover…
—¡No lloverá! Se la daban como santo y seña de la angustia.
—Ventó del abra. Va a llover…
—¡No lloverá!
Se lo repetían como para fortalecerse en la espera infinita.
—Se callaron las chicharras. Va a llover…
—¡No lloverá!
La luz y el sol eran de cal cegadora y asfixiante.
—Si no llueve, Jesuso, ¿qué va a pasar?
Miró la sombra que se agitaba fatigosa sobre el catre, comprendió su intención de multiplicar el sufrimiento con las palabras, quiso hablar, pero la somnolencia le tenía tomado el cuerpo, cerró los ojos y se sintió entrando al sueño.
Con la primera luz de la mañana Jesuso salió al conuco y comenzó a recorrerlo a paso lento. Bajo sus pies descalzos crujían las hojas vidriosas. Miraba a ambos lados las largas hileras del maizal amarillas y tostadas, los escasos árboles desnudos y en lo alto de la colina, verde profundo, un cactus vertical. A ratos deteníase, tomaba en la mano una vaina de frejol reseca y triturábala con lentitud haciendo saltar por entre los dedos los granos rugosos y malogrados.
A medida que subía el sol, la sensación y el color de aridez eran mayores. No se veía nube en el cielo de un azul llama. Jesuso, como todos los días iba, sin objeto, porque la siembra estaba ya perdida, recorriendo las veredas del conuco, en parte por inconsciente costumbre, en parte por descansar de la hostil murmuración de Usebia.
Todo lo que se dominaba del paisaje, desde la colina, era una sola variedad de amarillo sediento sobre valles estrechos y cerros calvos, en cuyo flanco una mancha de polvo calcáreo señalaba el camino.
No se observaba ningún movimiento de vida, el viento quieto, la luz fulgurante. Apenas la sombra si se iba empequeñeciendo. Parecía aguardarse un incendio.
Jesuso marchaba despacio, deteniéndose a ratos como un animal amaestrado, la vista sobre el suelo, y a ratos conversando consigo mismo.
—¡Bendito y alabado! ¿Qué va a ser de la pobre gente con esta sequía? Este año ni una gota de agua y el pasado fue un inviernazo que se pasó de aguado, llovió más de la cuenta, creció el río, acabó con las vegas, se llevó el puente… Está visto que no hay manera… Si llueve, porque llueve… Si no llueve, porque no llueve…
Pasaba del monólogo a un silencio desierto y a la marcha perezosa, la mirada por tierra, cuando sin ver sintió algo inusitado, en el fondo de la vereda y alzó los ojos.
Era el cuerpo de un niño. Delgado, menudo, de espaldas, en cuclillas fijo y abstraído mirando hacia el suelo.
Jesuso avanzó sin ruido, y sin que el muchacho lo advirtiera, vino a colocársele por detrás, dominando con su estatura lo que hacía. Corría por tierra culebreando un delgado hilo de orina, achatado y turbio de polvo en el extremo, que arrastraba algunas pajas mínimas. En ese instante, de entre sus dedos mugrientos, el niño dejaba caer una hormiga.
—Y se rompió la represa… y ha venido la corriente… bruum… bruuuum… bruuuuuum… y la gente corriendo… y se llevó la hacienda de tío sapo… y después el hato de tía tara… y todos los palos grandes… zaaas… bruuuuum… y ahora tía hormiga metida en esa aguazón…
Sintió la mirada, volvióse bruscamente, miró con susto la cara rugosa del viejo y se alzó entre colérico y vergonzoso.
Era fino, elástico, las extremidades largas y perfectas, el pecho angosto, por entre el dril pardo la piel dorada y sucia, la cabeza inteligente, móviles los ojos, la nariz vibrante y aguda, la boca femenina. Lo cubría un viejo sombrero de fieltro, ya humano de uso, plegado sobre las orejas como bicornio, que contribuía a darle expresión de roedor, de pequeño animal inquieto y ágil.
Jesuso terminó de examinarlo en silencio y sonrió.
—¿De dónde sales muchacho?
—De por ahí…
—¿De donde?
—De por ahí.
Y extendió con vaguedad la mano sobre los campos que se alcanzaban.
—¿Y qué vienes haciendo?
—Caminando.
La impresión de la respuesta dábale cierto tono autoritario y alto, que extrañó al hombre.
—¿Cómo te llamas?
—Como me puso el cura.
Jesús arrugó el gesto, degradado por la actitud terca y huraña.
El niño pareció advertirlo y compensó las palabras con una expresión confiada y familiar.
—No seas malcriado —comentó el viejo, pero desarmado por la gracia bajó a un tono más íntimo—. ¿Por qué no contestas?
—¿Para qué pregunta? —replicó con candor extraordinario.
—Tú escondes algo. O te has ido de casa de tu taita.
—No, señor.
Preguntaba casi sin curiosidad, monótonamente, como jugando un juego.
—O has echado alguna lavativa.
—No, señor.
—O te han botado por maluco.
—No, señor.
Jesuso se rascó la cabeza y agregó con sorna:
—O te empezaron a comer las patas y te fuistes, ¿ah, vagabundito?
El muchacho no respondió, se puso a mecerse sobre los pies, los brazos a la espalda, chasqueando la lengua contra el paladar.
—¿Y para dónde vas ahora? —Para ninguna parte.
—¿Y qué estás haciendo?
—Lo que usted ve.
—¡Buena cochinada!
El viejo Jesuso no halló más que decir; quedaron callados frente a frente, sin que ninguno de los dos se atreviese a mirarse a los ojos. Al rato, molesto por aquel silencio y aquella quietud que no hallaba cómo romper, empezó a caminar lentamente como un animal enorme y torpe, casi como si quisiera imitar el paso de un animal fantástico, advirtió que lo estaba haciendo, y lo ruborizó pensar que pudiera hacerlo para divertir al niño.
—¿Vienes? —preguntó simplemente—. Calladamente el muchacho se vino siguiéndolo.
En llegando a la puerta del rancho halló a Usebia atareada encendiendo el fuego. Soplaba con fuerza sobre un montoncito de maderas de cajón de papeles amarillos.
—Usebia, mira —llamó con timidez—. Mira lo que ha llegado.
—Ujú —gruñó sin tornarse, y continuó soplando.
El viejo tomó al niño y lo colocó ante sí, como presentándolo, las dos manos oscuras y gruesas sobre los hombros finos.
—¡Mira, pues!
Giró agria y brusca y quedó frente al grupo, viendo con esfuerzo por los ojos llorosos de humo.
—¿Ah?
Una vaga dulzura le suavizó lentamente la expresión.
—Ajá. ¿Quién es?
Ya respondía con sonrisa a la sonrisa del niño.
—¿Quién eres?
—Pierdes tu tiempo en preguntarle, porque este sinverguenza no contesta.
Quedó un rato viéndolo, respirando su aire, sonriéndole, pareciendo comprender algo que escapaba a Jesuso. Luego muy despacio se fue a un rincón, hurgó en el fondo de una bolsa de tela roja y sacó una galleta amarilla, pulida como metal de dura y vieja. La dio al niño y mientras este mascaba con dificultad la tiesa pasta, continuó contemplándolos, a él y al viejo alternativamente, con aire de asombro, casi de angustia.
Parecía buscar dificultosamente un fino y perdido hilo de recuerdo.
—¿Te acuerdas, Jesuso, de Cacique? El pobre.
La imagen del viejo perro fiel desfiló por sus memorias. Una compungida emoción los acercaba.
—Ca-ci-que… —dijo el viejo como aprendiendo a deletrear.
El niño volvió la cabeza y lo miró con su mirada entera y pura. Miró a su mujer y sonrieron ambos tímidos y sorprendidos.
A medida que el día se hacía grande y profundo, la luz situaba la imagen del muchacho dentro del cuadro familiar y pequeño del rancho. El color de la piel enriquecía el tono moreno de la tierra pisada, y en los ojos la sombra fresca estaba viva y ardiente.
Poco a poco las cosas iban dejando sitio y organizándose para su presencia. Ya la mano corría fácil sobre la lustrosa madera de la mesa, al pie hallaba el desnivel del umbral, el cuerpo se amoldaba exacto al butaque de cuero y los movimientos cabían con gracia en el espacio que los esperaba.
Jesuso, entre alegre y nervioso, había salido de nuevo al campo y Usebia se atareaba, procurando evadirse de la soledad frente al ser nuevo. Removía la olla sobre el fuego, iba y venía buscando ingredientes para la comida, y a ratos, mientras le volvía la espalda, miraba de reojo al niño.
Desde donde lo vislumbraba quieto, con las manos entre las piernas, la cabeza doblada mirando los pies golpear el suelo, comenzó a llegarle un silbido menudo y libre que no recordaba música.
Al rato preguntó casi sin dirigirse a él:
—¿Quién es el grillo que chilla?
Creyó haber hablado muy suave, porque no recibió respuesta sino el silbido, ahora más alegre y parecido a la brusca exaltación del canto de los pájaros.
—¡Cacique! —insinuó casi con verguenza—. ¡Cacique!
Mucho gozo le produjo al, oír el ¡ah! del niño.
—¿Cómo te está gustando el nombre?
Una pausa y añadió:
—Yo me llamo Usebia.
Oyó como un eco apagado:
—Velita de sebo…
Sonrió entre sorprendida y disgustada.
—¿Cómo que te gusta poner nombres? —Usted fue quien me lo puso a mí.
—Verdad es.
Iba a preguntarle si estaba contento, pero la dura costra que la vida solitaria había acumulado sobre sus sentimientos le hacía difícil, casi dolorosa, la expresión.
Tornó a callar y a moverse mecánicamente en una imaginaria tarea, eludiendo los impulsos que la hacían comunicativa y abierta. El niño recomenzó el silbido.
La luz crecía, haciendo más pesado el silencio. Hubiera querido comenzar a hablar disparatadamente de todo cuanto le pasaba por la cabeza, o huir de la soledad para hallarse de nuevo consigo misma.
Soportó callada aquel vértigo interior hasta el límite de la tortura, y cuando se sorprendió hablando ya no se sentía ella, sino algo que fluía como la sangre de una vena rota.
—Tú vas a ver como todo cambiará ahora, Cacique. Ya yo no podía aguantar más a Jesuso…
La visión del viejo oscuro, callado, seco, pasó entre las palabras. Le pareció que el muchacho había dicho “lechuzo”, y sonrió con torpeza, no sabiendo si era resonancia de sus propias palabras.
—…no sé como lo he aguantado toda la vida. Siempre ha sido malo y mentiroso. Sin ocuparse de mí…
El sabor de la vida amarga y dura se concentraba en el recuerdo de su hombre, cargándolo con las culpas que no podía aceptar.
—…ni el trabajo del campo lo sabe con tantos años. Otros hubieran salido de abajo y nosotros para atrás y para atrás. Y ahora este año, Cacique…
Se interrumpió suspirando y continuó con firmeza y la voz alzada, como si quisiera que la oyese alguien más lejos:
—…no ha venido el agua. El verano se ha quedado viejo quemándolo todo. ¡No ha caído ni una gota!
La voz cálida en el aire tórrido trajo un asia de frescura imperiosa, una angustia de sed. El resplandor de la colina tostada, de las hojas secas, de la tierra agrietada, se hizo presente como otro cuerpo y alejó las demás preocupaciones.
Guardó silencio algún tiempo y luego concluyó con voz dolorosa:
—Cacique, coge esa lata y baja a la quebrada a buscar agua.
Miraba a Usebia atarearse en los preparativos del almuerzo y sentía un contento íntimo como si se preparara una ceremonia extraordinaria, como si acaso acabara de descubrir el carácter religioso del alimento.
Todas las cosas usuales se habían endomingado, se veían más hermosas, parecían vivir por primera vez.
—¿Está buena la comida, Usebia? La respuesta fue tan extraordinaria como la pregunta.
—Está buena, viejo.
El niño estaba afuera, pero su presencia llegaba hasta ellos de un modo imperceptible y eficaz.
La imagen del pequeño rostro agudo y huroneante, les provocaba asociaciones de ideas nuevas. Pensaban con ternura en objetos que antes nunca habían tenido importancia. Alpargatitas menudas, pequeños caballos de madera, carritos hechos con ruedas de limón, metras de vidrio irizado.
El gozo mutuo y callado los unía y hermoseaba. También ambos parecían acabar de conocerse, y tener sueños para la vida venidera. Estaban hermosos hasta sus nombres y se complacían en decirlos solamente.
—Jesuso…
—Usebia…
Ya el tiempo no era un desesperado aguardar, sino una cosa ligera, como fuente que brotaba.
Cuando estuvo lista la mesa, el viejo se levantó, atravesó la puerta y fue a llamar al niño que jugaba afuera, echado por tierra, con una cerbatana.
—¡Cacique, vente a comer!
El niño no lo oía, abstraído en la contemplación del insecto verde y fino como el nervio de una hoja. Con los ojos pegados a la tierra, la veía crecida como si fuese de su mismo tamaño, como un gran animal terrible y monstruoso. La cerbatana se movía apenas, girando sobre sus patas, entre la voz del muchacho, que canturreaba interminablemente:
—”Cerbatana, cerbatanita, ¿de qué tamaño es tu conuquito?”
El insecto abría acompasadamente las dos patas delanteras, como mensurando vagamente. La cantinela continuaba acompañando el movimiento de la cerbatana, y el niño iba viendo cada vez más diferente e inesperado el aspecto de la bestezuela, hasta hacerla irreconocible en su imaginación.
—Cacique, vente a comer.
Volvió la cara y se alzó con fatiga, como si regresase de un largo viaje.
Penetró tras el viejo en el rancho lleno de humo. Usebia servía el almuerzo en platos de peltre
desportillados. En el centro de la mesa se destacaba blanco el pan de maíz, frío y rugoso.
Contra su costumbre, que era estarse lo más del día vagando por las siembras y laderas, Jesuso regresó al rancho poco después del almuerzo.
Cuando volvía a las horas habituales, le era fácil repetir gestos consuetudinarios, decir las frases acostumbradas y hallar el sitio exacto en que su presencia aparecía como un fruto natural de la hora, pero aquel regreso inusitado representaba una tan formidable alteración del curso de su vida, que entró como avergonzado y comprendió que Usebia debía estar llena de sorpresa.
Sin mirarla de frente, se fue al chinchorro y echóse a lo largo. Oyó sin extrañeza como lo interpelaba.
—¡Ajá! ¿cómo que arreció la flojera?
Buscó una excusa.
—¿Y qué voy a hacer en ese cerro achicharrado?
Al rato volvió la voz de Usebia, ya dócil y con más simpatía.
—¡Tanta falta que hace el agua! Si acabara de venir un aguacero, largo y bueno. ¡Santo Dios!
—La calor es mucha y el cielo purito. No se mira venir agua de ningún lado.
—Peo si lloviera se podría hacer otra siembra.
—Sí, se podría.
—;Y daría más plata, porque se ha secado mucho conuco.
—Sí, daría.
—Con un solo aguacero se pondría verdecita toda esa falda.
—Y con la plata podríamos comprarnos un burro, que nos hace mucha falta. Y unos camisones para tí, Usebia.
La corriente de ternura brotó inesperadamente y con su milagro hizo sonreír a los viejos.
—Y para tí, Jesuso, una buena cobija que no se pase.
Y casi en coro los dos:
—¿Y para Cacique?
—Lo llevaremos al pueblo para que coja lo que le guste.
La luz que entraba por la puerta del rancho se iba haciendo tenue, difusa, oscura, como si la hora avanzase y sin embargo no parecía haber pasado tanto tiempo desde el almuerzo. Llegaba brisa teñida de humedad que hacía más grato el encierro de la habitación.
Todo el medio día lo habían pasado casi en silencio, diciendo sólo, muy de tiempo en tiempo, algunas palabras vagas y banales por lo que secretamente y de modo basto asomaba un estado de alma nuevo, una especie de calma, de paz, de cansancio feliz.
—Ahorita está oscuro —dijo Usebia, mirando el color ceniciento que llegaba a la puerta.
—Ahorita —asintió distraídamente el viejo.
E inesperadamente agregó:
—¿Y qué se ha hecho Cacique en toda la tarde?… Se habrá quedado por el conuco jugando con los animales que encuentra. Con cuanto bichito mira, se para y se pone a conversar como si fuera gente.
Y más luego añadió, después de haber dejado desfilar lentamente por su cabeza todas las imágenes que suscitaban sus palabras dichas: —…y lo voy a buscar, pues.
Alzóse del chinchorro con pereza y llegó a la puerta. Todo el amarillo de la colina seca se había tornado en violeta bajo la luz de gruesos nubarrones negros que cubrían el cielo. Una brisa aguda agitaba todas las hojas tostadas y chirriantes.
—Mira, Usebia —llamó.
Vino la vieja al umbral preguntando:
—¿Cacique está allí?
—¡No! Mira el cielo negrito, negrito.
—Ya así se ha puesto otras veces y no ha sido agua.
Ella quedó enmarcada y él salio al raso, hizo hueco con las manos y lanzó un grito lento y espacioso.
—¡Cacique! ¡Caciiiique!
La voz se fue con la brisa, mezclada al ruido de las hojas, al hervor de mil ruidos menudos que como burbujas rodeaban a la colina.
Jesuso comenzó a andar por la vereda más ancha del conuco.
En la primera vuelta vio de reojo a Usebia, inmóvil, incrustada en las cuatro líneas del umbral, y la perdió siguiendo las sinuosidades.
Cruzaba un ruido de bestezuelas veloces por la hojarasca caída y se oía el escalofriante vuelo de las palomitas pardas sobre el ancho fondo del viento inmenso que pasaba pesadamente. Por la luz y el aire penetraba una frialdad de agua.
Sin sentirlo, estaba como ausente y metido por otras veredas más torcidas y complicadas que las del conuco, más oscuras y misteriosas. Caminaba mecánicamente, cambiando de velocidad, deteniéndose y hallándose de pronto parado en otro sitio.
Suavemente las cosas iban desdibujándose y haciéndose grises y mudables, como de sustancia de agua.
A ratos parecía a Jesuso ver el cuerpecito del niño en cuclillas entre los tallos del maíz, y llamaba rápido: —”Cacique” —pero pronto la brisa y la sombra deshacían el dibujo y formaban otra figura irreconocible.
Las nubes mucho más hondas y bajas aumentaban por segundos la oscuridad. Iba a media falda de la colina y ya los árboles altos parecían columnas de humo deshaciéndose en la atmósfera oscura.
Ya no se fiaba de los ojos, porque todas las formas eran sombras indistintas, sino que a ratos se paraba y prestaba oído a los rumores que pasaban.
—¡Cacique!
Hervía una sustancia de murmullos, de ecos, de crujidos, resonante y vasta.
Había distinguido clara su voz entre la zarabanda de ruidos menudos y dispersos que arrastraba el viento.
—Cerbatana, cerbatanita…
Entre el humo vago que le llenaba la cabeza, una angustia fría y aguda lo hostigaba acelerando sus pasos y precipitándolo locamente. Entró en cuclillas, a ratos a cuatro patas, hurgando febril entre los tallos de maíz, y parándose continuamente a no oir sino su propia respiración, que resonaba grande.
Buscaba con rapidez que crecía vertiginosamente, con ansia incontenible, casi sintiéndose él mismo, perdido y llamado.
—¡Cacique! ¡Caciiiique!
Había ido dando vueltas entre gritos y jadeos, extraviado, y sólo ahora advertía que iba de nuevo subiendo la colina. Con la sombra, la velocidad de la sangre y la angustia de la búsqueda inútil, ya no reconocía en sí mismo al manso viejo habitual, sino un animal extraño presa de un impulso de la naturaleza. No veía en la colina los familiares contornos, sino como un crecimiento y una deformación inopinados que se la hacían ajena y poblada de ruidos y movimientos desconocidos.
El aire estaba espeso e irrespirable, el sudor le corría copioso y él giraba y corría siempre aguijoneado por la angustia.
—¡Cacique!
Ya era una cosa de vida o muerte hallar. Hallar algo desmedido que saldría de aquella áspera soledad torturadora. Su propio grito ronco parecía llamarlo hacia mil rumbos distintos, donde algo de la noche aplastante lo esperaba.
Era agonía. Era sed. Un olor de surco recién removido flotaba ahora a ras de tierra, olor de hoja tierna triturada.
Ya irreconocible, como las demás formas, el rostro del niño se deshacía en la tiniebla gruesa, ya no le miraba aspecto humano, a ratos no le recordaba la fisonomía, ni el timbre, no recordaba su silueta.
—¡Cacique!
Una gruesa gota fresca estalló sobre su frente sudorosa. Alzó la cara y otra le cayó sobre los labios partidos, y otras en las manos terrosas.
—¡Cacique!
Y otras frías en el pecho grasiento de sudor, y otras en los ojos turbios, que se empañaron.
—¡Cacique! ¡Cacique! ¡Cacique!…
Ya el contacto fresco le acariciaba toda la piel, le adhería las ropas, le corría por los miembros lasos.
Un gran ruido compacto se alzaba de toda la hojarasca y ahogaba su voz. Olía profundamente a raíz, a lombriz de tierra, a semilla germinada, a ese olor ensordecedor de la lluvia.
Ya no reconocía su propia voz, vuelta en el eco redondo de las gotas. Su boca callaba como saciada y parecía dormir marchando lentamente, apretado en la lluvia, calado en ella, acunado por su resonar profundo y basto.
Ya no sabía si regresaba. Miraba como entre lágrimas al través de los claros flecos del agua la imagen oscura de Usebia, quieta entre la luz del umbral.

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5 pensamientos en “La lluvia, Arturo Uslar Pietri (Español 3)

  1. Gilberto Montanez
    Periodo 5
    11/10/17
    La lluvia, Arturo Uslar Pietri (Español 3)

    1. ¿Cómo explicas la reacción primero que tuvo Jesuso y luego que tuvo Usebia, la primera vez que enfrentaron la presencia del chamaco?
    Respuesta: La reacción de Jesuso y de su esposa Usebia, fueron un poco similares, al ver por primera vez la presencia del chamaco. Al principio de la historia, Jesuso se encuentra solo, caminando por el ranchito temprano por la mañana. “Con la primera luz de la mañana Jesuso salió al conuco y comenzó a recorrerlo a paso lento.” Jesuso diariamente caminaba por el ranchito para distraerse y salir de la casa. Pero en esta ocasion, estaba caminando y sintio un movimiento al fondo. El miró la figura de un niñito. “Pasaba del monólogo a un silencio desierto y a la marcha perezosa, la mirada por tierra, cuando sin ver sintió algo inusitado, en el fondo de la vereda y alzó los ojos. Era el cuerpo de un niño.” Entonces, Jesuso quedo sorprendido al ver que si estaba un niño cercas de donde estaba el. Así es que Jesuso rápidamente se le acercó. “Jesuso avanzó sin ruido, y sin que el muchacho lo advirtiera, vino a colocarse por detrás, dominando con su estatura lo que hacía.” Jesuso se puso a ver lo que hacia el chamaco. Al ver que Jesuso se le acercó y lo miró atentamente, me da la impresión de que él se interesó por el chamaco y se sorprendió al ver a un niño en esta ocasión. Entonces, empezó a hablar con el niño y preguntarle de dónde venía. Ellos hablaron por un rato, y después Jesuso le dijo al niño si quisiera acompañarlo de regreso a su casa. “—¿Vienes? —preguntó simplemente—. Calladamente el muchacho se vino siguiéndolo.” Así es que Jesuso se impresionó al ver a un chamaco en el campo, y poder hablar con el. Ahora, cuando Jesuso y el chamaco llegan a la casa, Usebia reacciona. Usebia no se esperaba ver a un chamaco de repente en su casa. “El viejo tomó al niño y lo colocó ante sí, como presentándole, las dos manos oscuras y gruesas sobre los hombros finos. —¡Mira, pues!” Aqui ella grita “Mira, pues!” al ver el nino. También, al verlo detalladamente, Usebia se emocionó. “Una vaga dulzura le suavizó lentamente la expresión.” Aquí se muestra que ella se enterneció con el niño, y su expresión lo demuestra. Y después, Usebia no pudo contener las preguntas para el niño. “—Ajá. ¿Quién es? Ya respondía con sonrisa a la sonrisa del niño.—¿Quién eres?” Yo me puedo imaginar a Usebia con una sonrisa grande y alentadora al hablar con el niño. También se demuestra su bondad con el niño. “Luego muy despacio se fue a un rincón, hurgó en el fondo de una bolsa de tela roja y sacó una galleta amarilla, pulida como metal de dura y vieja. La dio al niño y mientras este mascaba con dificultad la tiesa pasta, continuó contemplándose, a él y al viejo alternativamente, con aire de asombro, casi de angustia.” Ella le dio una galleta al niño, quizás pensando que tenía hambre. Entonces, ella cuido al niño y le dio de comer. Ella se contempló con la pura vista el niño. Esto nos enseña que Jesuso y Usebia, ambos tenian una relacion buena con el nino, y se compadecieron con el.

    2. ¿Cómo ayudan las descripciones en la creación del ambiente?
    Respuesta: Las descripciones del autor en esta historia, nos ayudan a visualizar los diferentes ambientes. Primeramente, al principio de la historia, se muestra como el ambiente es muy desértico. “La patinadura del aire sobre las hojas secas del maíz y de los árboles sonaba cada vez más a lluvia, poniendo un eco húmedo en el ambiente terroso y sólido.” Aquí yo me puedo visualizar un ambiente seco, sin mucha vida. Esta descripción nos ayuda a ver que en realidad necesitaban de la lluvia para que broten los frutos y cosecha. “La tierra estaba seca como una piel, áspera, seca hasta en el extremo de las raíces, ya como huesos; se sentía flotar sobre ella una fiebre de sed, un jadeo, que torturaba los hombres.” Entonces, con estas dos descripciones, podemos ver el ambiente en que vive Jesuso y Usebia. La tierra estaba muy seca, y esto dificulta las posibilidades que crecer la cosecha y prosperar. También, las descripciones nos ayudan a ver la desesperación de Jesus y Usebia con el estado de la lluvia. “—¡Tanta falta que hace el agua! Si acabara de venir un aguacero, largo y bueno. ¡Santo Dios!” Y luego mencionan, “;Y daría más plata, porque se ha secado mucho conuco.” Así es que, esto nos demuestra que el rancho era ya como un desierto de lo seco y árido. Esto creó un sentido de desesperación para Jesuso y Usebia, porque sin la cosecha ellos no podrán tener dinero suficiente. Con estas descripciones, podemos crear una imagen en nuestra mente sobre cómo está la tierra en esos momentos. Jesuso y Usebia estaban pasando por momentos difíciles porque sin la lluvia, ellos no tendrán la oportunidad de sembrar y cosechar frutos en el campo. Estas descripciones ayudan en la creación del ambiente porque nos dejan claro que para ambos, el conuco era muy importante en sus vidas. Estas descripciones son esenciales para crear un ambiente en la historia. Nos ayudan a ver que Jesuso y Usebia realmente necesitan de la lluvia.

    3. Describe cómo fueron cambiando las actitudes y la rutina del matrimonio a raíz de la llegada del niño.
    Respuesta: Las vidas de Jesuso y Usebia realmente cambiaron por completo tras la llegada de Cacique. Primeramente, al principio de la historia, se muestra el estado del matrimonio de ambos. “—¿Qué pasa Usebia? ¿Qué escándalo es ese? ¡Ni de noche puedes dejar en paz a la gente! —Cállate, Jesuso y oye. —¿Qué? —Está lloviendo, lloviendo, ¡Jesuso! y no lo oyes. ¡Hasta sordo te has puesto!” Entonces, nada más con esta ocasión se puede ver cómo se tratan Jesuso y Usebia. Jesuso le grita fuerte mente a su esposa sin respeto. Le dice que ni de noche lo deja en paz. Luego, Usebia le devuelve el grito y le dice “Callate”, y también “¡Hasta sordo te has puesto!”. Entonces, se puede ver que ambos están pasando por momentos difíciles en su matrimonio. Uno le grita al otro, y luego empieza un escándalo por algo sencillo. Jesuso le grita a su esposa sin tenerle compasión y sin palabras buenas. Eusebia le dice que esta sordo por no escucharla. Entonces, Jesuso se levante de su cama y va hacia afuera. “Con esfuerzo, malhumorado, el viejo se incorporó, corrió a la puerta, la abrió violentamente…” Notamos que Jesuso la abrió violentamente. Con el simple hecho de actuar de una manera violenta, nos enseña mucho. Esto puede decirnos que Jesuso actúa violentamente también con Usebia. Y entonces Jesuso no siente ninguna gota de lluvia, y reacciona de una manera fea. “—¿Ves vieja loca, tu aguacero? Ganas de trabajar la paciencia.” Jesuso le dice a su mujer, vieja loca. Que feo! Y Jesuso lo dice sin pensarlo dos veces. Así es que Jesuso ya tiene tiempo tratando a Usebia de manera mala, porque ya esta como de costumbre el llamarla por nombres, como “…vieja loca…” Y también Usebia menciona que ya no aguanta a Jesuso. “—…no sé cómo lo he aguantado toda la vida. Siempre ha sido malo y mentiroso. Sin ocuparse de mí…” Usebia dice que Jesuso es malo y mentiroso con ella… que feo de parte de Jesuso. Pero todo cambia por completo cuando Cacique entra en la vida de ambos. Justo cuando Usebia conoció a Cacique, le dice que, “Tú vas a ver cómo todo cambiará ahora, Cacique. Ya yo no podía aguantar más a Jesuso… La visión del viejo oscuro, callado, seco, pasó entre las palabras.” Entonces, ya con la llegada de Cacique, sus vidas cambiaron. “Todas las cosas usuales se habían endomingado, se veían más hermosas, parecían vivir por primera vez.” La vida de ellos empezó a dar rumbo a lo positivo en sus vidas. “Pensaban con ternura en objetos que antes nunca habían tenido importancia.” Y también, “El gozo mutuo y callado los unía y hermosear.” Así es que ya con la simple llegada de Cacique, la actitud de Jesuso y Usebia se fue progresando y siendo más feliz. Ahora ellos pensaban en cosas positivas para ambos. Sus vidas fueron más felices y por fin, Jesuso y Usebia se trataban con más respeto y cariño. Es como si Cacique les llenó el espacio vacío que tenían en sus corazones. Sus vidas cambiaron, y la vida rutinaria se hizo en una vida de cariño y compasión.

    4. Comenta sobre la importancia de Cacique y del niño en la vida de la pareja.
    Respuesta: Como leímos en la historia, Cacique fue un perro que estaba con Jesuso y Usebia. Este perro fue muy importante para ambos. Posiblemente, fue unos de los animales que amaban tanto. Cuando Usebia le menciona a Jesuso sobre Cacique, se muestran los sentimientos de ellos. “La imagen del viejo perro fiel desfiló por sus memorias. Una compungida emoción los acercaba.” Puede ser que el perro les ayudo en la vida. Algunos campos y ranchos tienen perros para proteger y avisar a la gente. Entonces, cómo sabemos que Jesuso y Usebia viven en un ambiente de rancho, también es posible que este perro fue muy valioso para ellos. Este perro fue como un compañero mas, y un animal precioso. Por eso, Cacique, el perro, fue muy importante en la vida de esta pareja. Pero, también el chamaco fue muy importante en sus vidas. Este niño puede representar un nino que ellos quizás no han podido tener. Jesuso y Usebia puede que tengan ya una edad avanzada, y se dice que ellos están solos en su casa. Asi es que, su matrimonio estaba enfriando porque estaban solos toda la vida. Y cuando el chamaco entró en sus vidas, todo cambio. Ahora se tienen cariño el uno con el otro. Hasta piensan en el futuro de sus vidas con el niño. “—¿Y para Cacique?—Lo llevaremos al pueblo para que coja lo que le guste.” Aquí se demuestra como ya están pensando en la vida del niño ahora en sus vidas. Ya piensan en qué cosas le gustaria a el niño. Y esto da a luz una nueva oportunidad para Jesuso y Usebia de vivir en paz y felicidad. Jesuso y Usebia ya pueden hablar libremente, y expresar sus sentimientos el uno con el otro. Por así decirlo, ya no tienes rencor y odio en sus vidas. Entonces, el niño también fue muy importante en la vida de la pareja. Gracias a el, ya pueden disfrutar de una vida mejor.

    5. ¿Qué simboliza la lluvia y la sequía?
    Respuesta: La lluvia y la sequía simboliza algo muy importante para Jesuso y Usebia. Una cosa que puede simbolizar la lluvia y la sequía son la relación entre Jesuso y Usebia antes de conocer a Cacique. Como hemos visto, la vida entre ambos fue un desastre para ambos. Antes de conocer al chamaco, la vida era una pesadilla completa. “El sabor de la vida amarga y dura se concentraba en el recuerdo de su hombre, agarrándolo con las culpas que no podía aceptar.” La vida de Jesuso y Usebia era “amarga”. Esto quiere decir que la pareja tenía muchos problemas y argumentos. La relación entre ellos fue muy “seco”, como el rancho que parecía desierto. La vida era como una sequía, que no tenía propósito y estaba és estada bajo. No tenían esa “chispa” en sus vidas para quererse mutuamente. Ellos necesitaban algo para sobrellevar estas injusticias. Eran muy infeliz dia tras dia. Jesuso estaba casi siempre afuera, y Usebia limpiando o cocinando dentro de la casa. Estaban viviendo dos vidas diferentes. Pero con la llegada del chamaco, todo cambió por completo. Cacique fue esa lluvia que ellos necesitaban tanto. La lluvia representa lo que ellos necesitaban: la felicidad. Tanto como la tierra necesita lluvia para poder crecer los frutos, Jesuso y Usebia necesitaban esa felicidad para poder tener un vida mejor como pareja. Ahora la relacion es mas activa y feliz. Ellos tenían un amor real, tras la llegada de Cacique. Cacique fue esa lluvia, esa felicidad, que ellos tanto deseaban. Jesuso y Usebia “…parecían vivir por primera vez.” Ya eran felices. Entonces, la lluvia y la sequía representan la relación entre Jesuso y Usebia. Representa la vida de ellos antes y después de la llegada de Cacique. Cacique fue la llave para su felicidad.

    6. Explica tres metáforas e identifica 5 figuras literarias diferentes.
    Respuesta: Yo pude encontrar tres metáforas en este cuento.
    1. “La tierra estaba seca como una piel, áspera, seca hasta en el extremo de las raíces…”
    Aquí en esta metáfora, se explica cómo es que la tierra estaba en sequía. Se compara con la piel, muy áspera, y seca. Finaliza diciendo que está seca hasta en el extremo de las raíces. Entonces, se demuestra como la tierra estaba en un estado muy seco, y muy áspero.
    2. “Bajo sus pies descalzos crujían las hojas vidriosas.”
    Aquí en esta metáfora, se explica cómo bajo los pies de Jesuso, las hojas crujían como vidrio. Esto nos enseña que la hojas y la tierra estaban muy secas. Cuando las hojas crujen cuando las pisas, es que ya están muy secas y muertas las hojas. Las hojas crujían como vidrio, porque se quebraban cuando las pisas. El vidrio se quiebra porque es frágil. Y las hojas cuando están secas se rompen.
    3. “Una vaga dulzura le suavizó lentamente la expresión.”
    Aquí en esta metáfora, se explica como a Usebia se le enterneció su expresión. Ella se puso muy feliz al ver a Cacique, y su alegría fue como algo dulce en esa ocasión. Su felicidad era como una dulzura, y su expresión fue buena.

    También encontré 5 figuras literarias.
    1. Simil: “Luego muy despacio se fue a un rincón, hurgó en el fondo de una bolsa de tela roja y sacó una galleta amarilla, pulida como metal de dura y vieja.”
    2. Personificación: “El color de la piel enriquece el tono moreno de la tierra pisada, y en los ojos la sombra fresca estaba viva y ardiente.”
    3. Sinestesia: “A medida que el día se hacía grande y profundo, la luz situaba la imagen del muchacho dentro del cuadro familiar y pequeño del rancho.”
    4. Hipérbole: “Estaban hermosos hasta sus nombres y se complacen en decirlos solamente.”
    5. Apóstrofe: “¡Tanta falta que hace el agua! Si acabara de venir un aguacero, largo y bueno. ¡Santo Dios!”

    7. ¿Por qué Usebia siente la necesidad de abrirle sus sentimientos al niño?
    Respuesta: Usebia siente la necesidad de abrirle sus sentimientos al chamaco por varias razones. Primeramente, Usebia se encarina con Cacique, al conocerlo. “Ya respondía con sonrisa a la sonrisa del niño.” Ella se sentía feliz al estar con Cacique. Ella hasta empezó a decirle sobre todos sus sentimientos sobre Jesuso antes. “—Tú vas a ver cómo todo cambiará ahora, Cacique. Ya yo no podía aguantar más a Jesuso…” Aquí, Usebia le dejo saber a Cacique que ella ya no podía aguantar más a Jesuso porque actuaba como un mentiroso y no la respetaba. Yo creo que Usebia abrió sus sentimientos con el niño porque él era la única persona con la que Usebia puede hablar. Ella quizás no se siente segura al hablarle a Jesuso de eso, y entonces ella habla de todos sus sentimientos con Cacique. Ella sabe que el si la escuchara y ella puede confiar en el. Por ello, a ella le gusta estar con Cacique. Incluso, ella abre sus sentimientos a el niño porque él le recuerda de él perro Cacique. A ella le trae bonitos recuerdos el pensar en Cacique. Así es que ella se siente bien cuando le dice todo a Cacique. Es su compañera y la hace muy feliz. Cacique es solo un niño, pero el tiene la capacidad de poder ayudar a otros, como a Usebia. El puede hacerla sentirse muy contenta.

    8. ¿Cómo describe el escritor la búsqueda del niño?
    Respuesta: El escritor describe la búsqueda de el niño como una situación muy dramática y en suspenso. Cacique fue un niño muy cariñoso, y cuando desapareció por completo, Jesuso y Usebia se enloquecieron. Todo el ambiente cambió totalmente. Se menciona que cuando empezar a buscar a el chamaco, el tiempo era de la tarde. “¿Y qué se ha hecho Cacique en toda la tarde?… Se habrá quedado por el conuco jugando con los animales que encuentra…” Y entonces, Jesuso y Usebia fueron a buscarlo durante esa tarde. Pero luego, dice Jesuso que cambió la situación. “—¡No! Mira el cielo negrito, negrito.” Asi es que, ya cambio de tarde a noche en pocos minutos. Esto nos dice que la búsqueda del niño fue muy suspenso porque ya se acercaba la noche, y no buscaban al niño. Después, ellos empiezan a gritar fuertemente, “—¡Cacique! ¡Cacique!”. Ellos se impacientan al no poder buscar al niño. Ellos empezaron buscar por todas partes sin ningún resultado. Gritaron y nadie les respondia. Ya se desesperan y perdieron la calma. Y también Jesuso se puso nervioso. “Buscaba con rapidez que crecía vertiginosamente, con ansia incontenible, casi sintiéndose él mismo, perdido y llamado.” Y el autor describe la situación con mucha tensión. “El aire estaba espeso e irrespirable, el sudor le corría copioso y él giraba y corría siempre aguijoneado por la angustia.” Esto nos demuestra que ambos ya estaban ansiosos por buscar a el querido niño. Pero nada pasaba. Al no poder buscarlo, finalmente cedieron a las lágrimas. “Ya no sabía si regresaba. Miraba como entre lágrimas al través de los claros flecos del agua la imagen oscura de Usebia, quieta entre la luz del umbral.” Entonces, esta historia nos demuestra cómo es que Cacique, el niño, trajo felicidad y amor a la vida de Jesuso y Usebia. Aunque dio mucha alegría, también dio mucha angustia y tristeza al no poder encontrarlo. Esta historia nos enseña lo buena que el tener una relación feliz en el matrimonio. Y como la felicidad puede cambiarte la vida.

  2. La reacción de Jesuso al ver al chamaco por primera vez empezó con una sonrisa de su parte dirigida al niño. Después de recibir unas respuestas de parte del niño que le sonaron autoritativas, se asombra de lo ”sinvergüenza” que era cuando se trataba de responder sus preguntas y luego de un “silencio y aquella quietud” Jesuso le preguntó si quería acompañarlo a su hogar. La reacción de Jesuso fue extraña en lo general. Para mí, que venga de un hombre descrito por su propia esposa como “oscuro, callado, seco” esa charla con un niño de ese tipo y no un regaño o un comentario grosero, diría que este niño lo cambio. Ahora, para Usebia fue algo similar en un aspecto de cambio, descrito mejor con la cita “giró agria y brusca […] una vaga dulzura le suavizó lentamente la expresión […] respondía con sonrisa a la sonrisa del niño.” Usebia reaccionó de una manera inesperada ya que convirtió su agrura y mal humor a una dulce expresión por algo tan simple como tener al niño de frente ya que le recordaba a su perro fiel.

    Las descripciones ayudan en la creación del ambiente bastante, ya que citas como “la tierra estaba seca como una piel, áspera, seca hasta en el extremo de las raíces, ya como huesos;” me llevan a creer que la situación de los protagonistas es parcialmente una relacionada con el desespero ya que yo interpreto una sequía con desesperación, desesperación por agua y vida. Cuando yo pienso en una sequía, lo primero que toma lugar en mi mente es desesperación. Desesperación por lo obvio, agua para sus pobres frutos ahora secos (y qué otra cosa no) e incluso puede que tenga un sentido figurado. En una situación como esa, uno comienza a actuar de una manera extraña y hay cambios drásticos. Me recuerda a una caricatura cual un personaje necesitaba agua y cuando en un episodio no la pudo obtener, me transmitió desesperación, me hizo sentir ansiosa y angustiada sus acciones y como expresaba esa ausencia. Usebia es la que más encaja con mi perspectiva del ambiente. Ella estaba desesperada por tener a alguien con la cual ella podía comunicarse o así lo ponen las siguientes citas que expresan su deseo de hablar pero un impedimento (el cual yo creo proviene de su esposo, Jesuso) la limita/evita de sentirse capaz de hacerlo “hubiera querido comenzar a hablar disparatadamente de todo cuando le pasaba por la cabeza […] huir de la soledad para hallarse de nuevo consigo misma” e “iba a preguntarle si estaba contento, pero la dura costra que la vida solitaria había acumulado sobre sus sentimientos le hacía difícil, casi dolorosa, la expresión.” Que el autor nos dejara saber que ella hubiera querido y no pudiera (hasta ya haberlo contemplado profundamente) me da mucho a saber. Me deja intranquila saber que hay una pareja que vive junta y parecen no agradarse dejan que pase el tiempo de la manera que ellos lo están haciendo. Ese ambiente me entristece y agobia ya que un matrimonio no debería de ser así, tan seco; con tanta escasez de felicidad. Su matrimonio está más en sequía que el lugar en el cual residen.

    Las actitudes y la rutina del matrimonio a raíz de la llegada del niño fueron cambiando en una forma positiva. Jesuso, de llamar a su esposa “vieja loca” y de evadirla o no apreciar su compañía, comenzaba a agradarle su esposa. Esto yo lo creo ya que una cita dice que Jesuso “miró a su mujer y sonrieron ambos tímidos y sorprendidos.” Me hace creer que a Jesuso, como no había anteriormente expresado hacia su mujer en la narración, le agrada su presencia. Usebia, de gruñirle a su esposo cuando quiso llamar su atención, a que después de ver al niño “una vaga dulzura le suavizó lentamente la expresión” me dice que él tuvo un impacto el cual fue, en este caso, hacerla tener una actitud más suave y ser más linda. Una vez el narrador nos dice que “continuó contemplándolos a él y al viejo” y justo antes de hacer eso ella recordó un miembro, Cacique, su perro fiel, a través del niño, cual completaba su vínculo familiar con Jesuso. Por lo menos así es como yo interpreto una cita que habla que Usebia “situaba la imagen del muchacho dentro del cuadro familiar.” Mi actitud hacía la pareja en el comienzo era que eran un matrimonio disfuncional. Para mí que no sé trataban con el respeto debido o parecía que se hablaban como lo hacían de cariño. Ya con la llegada del niño esto cambió ya que hasta Jesuso implicó comprarle vestidura a su esposa algo que ocasionó la unión de sus vínculos y los fortaleció. Esto me deja saber la cita “la corriente de ternura brotó inesperadamente y con su milagro hizo sonreír a los viejos.” Luego la cita “la imagen del pequeño rostro agudo y huroneante, les provocaba asociaciones de nuevas ideas. Pensaban con ternura en objetos que antes nunca habían tenido importancia.” Este niño le cambio la prospectiva a la pareja y “el gozo mutuo y callado los unía y hermoseaba” incluso los llevó a tener “sueños para la vida venidera,” indicación de que ya el aborrecimiento del prójimo no era mutuo.

    La importancia de Cacique, que según el autor era el ”viejo perro fiel” y el niño recién llegado, en la vida de Jesuso y Usebia, era vasta. Yo creo que la mujer era infértil y no tenía la capacidad de procrear ya que si ella quisiera llenar el hueco de soledad que sentía, no pudo optar por tener un hijo así que tuvo lo que le sigue: un perrito. Cuando ella observaba al nuevo ser, ella “situaba la imagen del muchacho dentro del cuadro familiar” y tal vez ahí con esa nueva presencia verdaderamente le vio significado a su unión con Jesuso y lo pudo llamar familia. Creo que ambos eran importantes y tuvieron un impacto significante gracias a la manera en la cual la pareja reaccionó al simple oír del nombre Cacique, mejor explicado con “una compungida emoción los acercaba,” y su reacción: ”sonrieron ambos tímidos y sorprendidos.” Estoy segura de que este perro fiel tuvo un gran impacto en su relación y vida. No solo lo dicta mi experiencia personal, sino que también la acción de Usebia, la cual fue ver semejanza y correlación entre su perro adorado, ahora supongo fallecido y este recién llegado individuo. El niño tuvo mucho que ver en la (posiblemente permanente) mejora en la relación y vida de ellos. Empiezo con la cita ”el niño estaba afuera, pero su presencia llegaba hasta ellos de un modo imperceptible y eficaz.” Esta cual me dice que siguiendo ”—¿Está buena la comida, Usebia? La respuesta fue tan extraordinaria como la pregunta. —Está buena, viejo,” sí tuvo efecto Cacique el segundo y uno positivo. Luego, que el escritor nos diga que la sola ” imagen del pequeño rostro agudo y huroneante, les provocaba asociaciones de ideas nuevas” comprueba un efecto grato. El niño cambio como percibían el tiempo o así me hace pensar la cita ”ya el tiempo no era un desesperado aguardar, sino una cosa ligera, como fuente que brotaba.” Usebia se refería a su esposo, Jesuso, con frases como “malo y mentiroso,” ella pensando “no sé como lo he aguantado toda la vida” y lo interpreta como un “viejo oscuro, callado, seco,” pero mientras transcurre hacia El final, su punto de Vista cambia. Terminaré con una cita que me transmite un pensamiento nuevo: ”el gozo mutuo y callado los unía y hermoseaba. También ambos parecían acabar de conocerse, y tener sueños para la vida venidera. Estaban hermosos hasta sus nombres y se complacían en decirlos solamente.” Estos últimos datos guían hacia la conclusión que su relación ha tenido mejoría. Igual como en una cita en la cual Jesuso directamente muestra dulzura hacia Usebia e importante la hace sentir. Un simple “y unos camisones para ti, Usebia” fue la gran diferencia.

    Yo, a raíz de haber leído la obra literaria ”La lluvia,” hipotetizo que la lluvia simboliza la presencia del niño y la sequía es símbolo de soledad. Hay varios factores por el cual mi razonamiento es este, como la actitud de la pareja; la condición en la que se encontraba el campo; que bien encaja la idea y como fueron impactados los protagonistas después de la llegada del niño. La lluvia, igual que el niño, es algo que tanto Jesuso como Usebia necesitan. Por una parte, la lluvia era imprescindible ya que en el campo, rancho o lugar rural en el cual Jesuso y Usebia habitaban, había una carencia severa de agua. Por lo menos, para mí, así lo dictaban citas como “la tierra estaba seca como una piel, áspera, seca hasta en el extremo de las raíces, ya como huesos; se sentía flotar sobre ella una fiebre de sed, un jadeo, que torturaba los hombres,” ”este año ni una gota de agua” y ”en los cerros y los valles pelados, llenos de grietas como bocas, los hombres se consumían torpes, obsesionados por el fantasma pulido del agua.” Esto es un problema en múltiples aspectos. Varias citas me dan a concluir que la consecuencia más grave era que la sequía no permitía que la agricultura prosperara. Las citas que hablan sobre lo que sucede cuando Jesuso sale al conuco respaldan mi punto e incluyen: “la siembra estaba ya perdida,” ”[Jesuso] miraba las largas hileras del maizal amarillas y tostadas, los escasos árboles desnudos y en lo alto de la colina, verde profundo, un cactus vertical,” y ”tomaba en la mano una vaina de frejol reseca y triturábala con lentitud haciendo saltar por entre los dedos los granos rugosos y malogrados.” Ahora, el niño simboliza la lluvia ya que gracias a la sequía (o el símbolo de soledad) trae la mejoría. Él ocasionó cambio en la pareja y una cita comenta ”Jesuso, como todos los días iba, sin objeto, porque la siembra estaba ya perdida, recorriendo las veredas del conuco, en parte por inconsciente costumbre, en parte por descansar de la hostil murmuración de Usebia,” otra forma de interpretarlo: la evadía. De hacer eso a buscar una excusa y decir ”¿Y qué voy a hacer en ese cerro achicharrado?” al llegar a su hogar, en tiempo inhabitual, hubo progreso. Esto más mejor informado con la cita “contra su costumbre, que era estar lo más del día vagando por las siembras y laderas, Jesuso regresó al rancho poco después del almuerzo.” De la otra mano, la soledad simbolizaba la sequía ya que no solo el niño (que es símbolo de lluvia) la alejaba con su presencia, sino que incluso era algo que Usebia quería que desvaneciera. El personaje de Usebia me guió a pensar lo anterior ya que el autor mencionaba un sinfín número de cosas como ”Usebia se atareaba, procurando evadirse de la soledad frente al ser nuevo,” ”iba a preguntarle si estaba contento, pero la dura costra que la vida solitaria había acumulado sobre sus sentimientos le hacía difícil, casi dolorosa, la expresión,” y ”hubiera querido comenzar a hablar disparatadamente de todo cuanto le pasaba por la cabeza, o huir de la soledad para hallarse de nuevo consigo misma.” Cada una de estas citas mencionan soledad o solitud y dan pistas que me llevan a concluir que ella no deseaba estar en esa circunstancia.

    Una metáfora que encontré es “Bajo sus pies descalzos crujían las hojas vidriosas.” Es una metáfora ya que una metáfora dan una idea o cosa y le atribuyen características de otra, y esta nos dice que las hojas están hechas de vidrio. Supondría que la razón por la cual el autor la incluyo fue para darle efecto y destacar la situación en la cual la pareja (y otros) se encontraban, mejor descrita con una sequía. Otra metáfora es ‘’la noche era ardiente, encendida de luces fijas y metalicas.’’ Esta es una metafora ya que esta comparando a la noche con lo calido. Encaja ya que ayuda en el argumento de que están en una sequía al hablar de lo caluroso. ‘’El viento quieto’’ es un ejemplo de una metáfora ya que compara al viento y la falta de movimiento sin usar ‘como’. Yo la explicaría esto en la manera que el viento estaba ausente ahí o no muy fuerte. Un ejemplo de un símil es “duerme como un palo.” Una figura literaria que encontré en el pasaje es “una rápida gota de sudor le cosquilleó en la mejilla,” la cual es un ejemplo de una personificación. Un ejemplo de lo que yo creo es un antítesis es “Si vive como si estuviera muerto.” “¡Bendito y alabado! ¿Qué va a ser de la pobre gente con esta sequía?” es un modelo de un apóstrofe. Un ejemplo de la figure literaria hipérbole es “el vaho cálido inundaba el recinto.”

    Para mí, al terminar de leer este cuento me pareció evidente la razón por la cual Usebia sentiría la necesidad de abrirle sus sentimientos al niño. En el comienzo de esta obra maestra, el esposo de Usebia le dice a ella: “¡Ni de noche puedes dejar en paz a la gente!” después de que ella simplemente llamara su nombre una vez. Esto para mí es interpretado como algo no de lo peor ya que lo acaban de bajar de las nubes: su sueño. No fue hasta que Jesuso dijo “¿Ves vieja loca, tu aguacero?” que yo contemple si así era el hombre o no. Otras evidencias desde el punto de vista de Jesuso acerca de Usebia me llevan a dar por hecho que sí lo hizo por ser grosero y porque verdaderamente no le agrada mucho su presencia, como: “recorriendo las veredas del conuco, en parte por inconsciente costumbre, en parte por descansar de la hostil murmuración de Usebia.” Este humor, que según Usebia lo describe como “oscuro, callado, seco” y mentiroso entre varias cosas, la orillaría a buscar desahogo o compañía en otro ser ya que su esposo y único compañero, no tenía los requisitos. El único candidato disponible para esa posición era el niño. Ella al procesar que tenía a una persona para expresarse y desahogarse sintió miedo ya que tal vez la rechazaría el niño como lo ha hecho su marido, u otro factor que la limite, el cual yo supongo tiene vida gracias a su marido. Todo esto lo resume unas cuantas citas: “Iba a preguntarle […] pero la dura costra que la vida solitaria había acumulado sobre sus sentimientos le hacía difícil, casi dolorosa, la expresión,” aquí ella está dudando gracias a la escasez de compañía de su pareja. En otra cita, Usebia “tornó a callar […] eludiendo los impulsos que la hacían comunicativa y abierta” y según el narrador omnisciente ella “hubiera querido comenzar a hablar disparatadamente de todo cuanto le pasaba por la cabeza.”

    El escritor hizo un estupendo trabajo cuando llegó la hora de demostrarnos la búsqueda del niño y su desenlace. Empezó por dejar en claro el ambiente con una cita que habla por si misma: “todo el amarillo de la colina se había tornado en violeta bajo la luz de gruesos nubarrones negros.” Ya que sabíamos la atmósfera en la cual la búsqueda tomaba lugar, procedió a describir los obstáculos e impedimentos por los cuales el niño no podría escuchar a Jesuso o a Usebia y esto diciendo “la voz se fue con la brisa, mezclada al ruido de las hojas, y “al hervor de mil ruidos […] rodeaban a la colina.” Después de eso, modificó su tono para que fuera tan intenso como la búsqueda. Él tiró frases como “se oía el escalofriante vuelo de las palomitas” y “estaba ausente y metido por otras veredas más torcidas y complicadas que las del conuco’’ dentro del cuento, intensificando el suspenso en el proceso. El pobre de Jesuso llegó a un punto en el comenzó a alucinar o por lo menos eso dedujo de frases como “la brisa y la sombra deshacían El dibujo y formaban otra figure irreconocible” y “ya no se fiaba de los ojos, porque todas las formas eran indistintas .” Esto nos deja pensando (o por lo menos conmigo sí tuvo este afecto) que es o fue verdad y falso. Yo empecé a dudar de la existencia definitiva del niño. El autor termina por dejarnos saber que después de vasta prolongación de sequía, algo inesperado ocurre: llegó agua en la forma de lluvia.

  3. Priscilla Quintero
    p.1 11/13/17
    ¿Cómo explicas la reacción primero que tuvo Jesuso y luego que tuvo Usebia, la primera vez que enfrentaron la presencia del chamaco?
    La reacción que tuvo Jesuso cuando miro por primera vez al niño fue una de curiosidad y un poco de frustración. Él siente esto porque cuando habla con el niño es asombrado por las respuestas que da el niño cuando Jesuso le pregunta algo. Un ejemplo de esta conversación es cuando Jesús le pregunta al niño, “¿Cómo te llamas?” y cuando el niño responde, “Como me puso el cura.” Jesuso se siente un poco molesto porque el niño no le da respuestas concretas y es muy terco el niño en no darle las respuestas específicas. Después de esa pregunta el niño responde con más sinceridad en su tono y los sentimientos de frustración desaparecen en Jesuso y la curiosidad que él tiene sobre el niño crece. Cuando Usebia primero conoce al niño tiene una reacción de asombro y amabilidad. Ella le da muchas sonrisas y creo que un instinto de madre tuvo porque ella hace ciertas cosas para el. La historia dice que después de que Jesuso la introdujo a el niño ella, “Quedó un rato viéndolo, respirando su aire, sonriéndole, pareciendo comprender algo que escapaba a Jesuso.” Mi interpretación de esta oración es que Usebia se queda mirándolo porque siente cariño por el niño y le sonríe porque le le da gracia a ella cuando el niño sonríe. Ella comprende algo que Jesuso no comprende porque lo que ella comprende es el instinto de proteger al niño. Aunque Usebia siente el instinto de madre los dos, Usebia y Jesuso, sienten el deber de cuidar del niño como si ellos fueran sus padres.
    ¿Cómo ayudan las descripciones en la creación del ambiente?
    Las descripciones en la historia ayudan a crear el ambiente porque las descripciones nos pueden ayudar a imaginar el lugar en donde la historia toma lugar y como el lugar pueden influir los sentimientos y pensamientos de los personajes. Las descripciones que el autor escribe por la perspectiva de cierto personaje también nos pueden hacer sentir ciertos sentimientos a nosotros, los lectores, y hacernos pensar que algo está pasando cuando en realidad otra cosa está pasando en la historia. Un ejemplo sería el principio de la historia. La historia empieza diciendo nos, “La patinadura del aire sobre las hojas secas del maíz y de los árboles sonaba cada vez más a lluvia, poniendo un eco húmedo en el ambiente terroso y sólido.” Esta oración está escrita por la perspectiva de Usebia y ella cree que suena que está lloviendo aunque unos párrafos después es demostrada equivocada por su esposo Jesuso, quien sale y se da cuenta que en realidad no está lloviendo. Esta descripción nos hace pensar que esta lloviendo y nos enseña un poco como piensa Usebia. Otra cita de la historia que nos enseña como la descripción crea el ambiente es, “Ya irreconocible, como las demás formas, el rostro del niño se deshacía en la tiniebla gruesa, ya no le miraba aspecto humano, a ratos no le recordaba la fisonomía, ni el timbre, no recordaba su silueta.” Esta cita es del final de la historia y es contada por la perspectiva de Jesuso. Él está buscando al niño y no lo puede encontrar. El ambiente que es creado por esta oración es una de ansiedad porque Jesuso no puede recordar cómo el niño era y no lo puede encontrar. El ambiente es creado por las descripciones porque sin las descripciones el lector no puede imaginar que está pasando en la historia y el lector no va a sentir ni entender el mensaje que el autor está tratando de enseñar al lector.
    Describe cómo fueron cambiando las actitudes y la rutina del matrimonio a raíz de la llegada del niño.
    Cuando primero empezamos la historia Usebia y Jesuso tienen una relación en donde solamente se hablan porque viven juntos y necesitan hablarse no porque en realidad quieren hablar. Lo primero que Usebia dice de el en la historia es, “Duerme como un palo. Para nada sirve. Si vive como si estuviera muerto…” Ella se dice esto a sí misma y esto nos dice que ella no siente mucho cariño para el. Esto nos dice que su relación como esposos está débil porque ella dice que él no sirve y luego durante las primeras escenas no se dicen nada cariñosamente como casi todas personas en matrimonios felices hacen. Otra cosa que nos enseña su relación y actitudes sobre ellos es cuando le dice Jesús a Usebia, “¿Ves vieja loca, tu aguacero?” El la llama loca y vieja, algo que no es muy saludable para su relación como esposos. Sus actitudes sobre uno a otro cambian cuando conocen al niño. La historia nos dice, “El gozo mutuo y callado los unía y hermoseaba. También ambos parecían acabar de conocerse, y tener sueños para la vida venidera. Estaban hermosos hasta sus nombres y se complacían en decirlos solamente.” La llegada del niño los cambia a los dos hasta el punto donde empiezan a quererse y piensan en cosas bonitas de la vida. El niño les da vida a la pareja y ellos se sienten más alegres con sus vidas y con sus parejas.
    Comenta sobre la importancia de Cacique y del niño en la vida de la pareja.
    El nombre Cacique que le pusieron a el niño que encontró Jesuso viene de un perro que tenían antes. Cacique, el perro, aparece en sus memorias cuando pregunta Usebia a Jesuso, “¿Te acuerdas, Jesuso, de Cacique? El pobre.” Luego la historia nos dice, “La imagen del viejo perro fiel desfiló por sus memorias. Una compungida emoción los acercaba.” Cuando Jesuso y Usebia piensan en el perro que ambos amaban, los sentimientos hacen que la pareja se sienta más cerca en su relación. El niño les recuerda a el perro fiel que tenían pero el niño cambia aún más los sentimientos que la pareja siente uno al otro. Cacique los hace sentir amor que antes no existía y por eso el niño es una de las cosas más importantes en la vida de la pareja.
    ¿Qué simboliza la lluvia y la sequía?
    En la historia la lluvia simboliza varias cosas. Para la gente de los demás ranchos, la lluvia simboliza dinero y comida. La lluvia también simboliza esto para Jesuso y Usebia. La lluvia simboliza la vida para Jesuso porque él es el que cuida la cosecha. La cosecha es lo que les da a él y a Usebia la comida que necesitan para sobrevivir y sin su cosecha ellos no van a poder seguir viviendo. La lluvia simboliza esperanza y memorias de una mejor vida para Usebia. Durante la historia, ella es vista esperando a la lluvia porque ella necesita a la lluvia. Al principio de la historia el autor dice, “Se oía en lo hondo, como bajo piedra, el latido de la sangre girando ansiosamente.” Esto es dicho por el punto de vista de Usebia. Ella cree que llegó finalmente la lluvia porque ella está desesperada de que llueva. La sequía simboliza la falta de cosecha y la ansiedad de todos. También simboliza lo duro que es la vida de la pareja y de la gente de los otros ranchos.
    Explica tres metáforas e identifica 5 figuras literarias diferentes.
    Tres metáforas de la historia son:
    “Se oía en lo hondo, como bajo piedra, el latido de la sangre girando ansiosamente.” – Esta metáfora habla del el sonido de la lluvia que se oía como sangre del corazón.
    “Duerme como un palo. Para nada sirve. Si vive como si estuviera muerto…” – Aquí habla Usebia sobre su esposo que duerme y vive mecánicamente.
    “Ya no reconocía su propia voz, vuelta en el eco redondo de las gotas.” – La voz de Jesuso cambiaba por culpa de las gotas.
    Cinco Figuras Literarias:
    “Un gran ruido compacto se alzaba de toda la hojarasca y ahogaba su voz”
    “Ya el contacto fresco le acariciaba toda la piel, le adhería las ropas, le corría por los miembros lasos.”
    “La patinadora del aire sobre las hojas secas del maíz y de los árboles sonaba cada vez más a lluvia, poniendo un eco húmedo en el ambiente terroso y sólido.”
    “La noche era ardiente, encendida de luces fijas y metálicas.”
    “¡Bendito y alabado!”
    ¿Por qué Usebia siente la necesidad de abrirle sus sentimientos al niño?
    Usebia, una esposa pobre de México sintió la necesidad de abrir sus sentimientos al niño porque ella siente que como ella no habla con nadie más necesita desahogarse con el. La relación de ella y de su esposo, Jesuso, no ha sido una de las mejores de las relaciones matrimoniales. Yo deduje esto cuando leí, “¿Ves vieja loca, tu aguacero? Ganas de trabajar la paciencia.” Esto es dicho por Jesuso dirigiéndose a Usebia. Esto prueba que su relación no es una buena porque Jesuso la insulta a su cara. Algo que dice Usebia que tambien me dice que su relación con Jesuso no esta estable es, “…no sé cómo lo he aguantado toda la vida. Siempre ha sido malo y mentiroso. Sin ocuparse de mí…” Ella se esta quejando de Jesuso y lo acusa de ser un hombre malo y mentiroso. Entonces, porque Usebia se siente así siente que necesita a alguien con quien hablar de sus problemas y alguien con quien quejarse sobre su esposo.
    ¿Cómo describe el escritor la búsqueda del niño?
    El escritor describe la búsqueda del niño, Casique, como algo caótico, pánico y con miedo. Una cita que describe la búsqueda del niño como yo lo he contado es, “Buscaba con rapidez que crecía vertiginosamente, con ansia incontenible, casi sintiéndose él mismo, perdido y llamado.” Esta frase nos cuenta cómo se siente Jesuso mientras busca al niño. Mientras cada minuto pasa Jesuso se siente más y más lleno de pánico porque no encuentra a Casique. Se siente mal sin Casique porque en ese poco tiempo que habló con él y convivió con él se sintió mejor y casi lo adoptó como su propio hijo.

  4. Cómo explicas la reacción primero que tuvo Jesuso y luego que tuvo Usebia, la primera vez que enfrentaron la presencia del chamaco?
    La reacción de Jesuso y Usebia es un poco diferente cuando se enfrentan por primera vez con el chamaco llamado Cacique. Primero que nada, Jesuso se encuentra a Cacique cuando el sale a caminar por su tierra, “Con la primera luz de la mañana Jesuso salió al conuco y comenzó a recorrerlo a paso lento…cuando sin ver sintió algo inusitado, en el fondo de la vereda y alzó los ojos. Era el cuerpo de un niño”. Jesuso fue el primero en conocerlo y su reacción cuando se enfrentó con la presencia del chamaco es sorprendente por la manera en que descubre su presencia. Jesuso nomas caminaba tranquilo y se sorprende al ver al niño. En cambio se le queda viendo secretamente por vario tiempo hasta que porfin hace una conversacion con el, “Jesuso avanzó sin ruido, y sin que el muchacho lo advirtiera, vino a colocarse por detrás, dominando con su estatura lo que hacía…¿De dónde sales muchacho?”.En resultado de esta conversación, Jesuso invita al niño para que vaya a su casa. Aquí Usebia conoce al niño y su reacción al verlo es un poco diferente a la de Jesuso. Usebia estaba un poco ocupada antes de conocer al niño, “…Usebia atareada encendiendo el fuego”. La reacción de esta mujer es emotiva por la manera en que su alegría es mostrada al verlo,”Una vaga dulzura le suavizó lentamente la expresión”. Esta mujer le agarra cariño en un ratito y aunque también examina al niño en silencio al igual que Jesuso,”Una vaga dulzura le suavizó lentamente la expresión…hurgó en el fondo de una bolsa de tela roja y sacó una galleta amarilla”. La presencia del chamaco hizo que Jesuso y Eusebia tengan una reacción diferente por la manera en la que lo conocen.

    Cómo ayudan las descripciones en la creación del ambiente?
    Las descripciones ayudan en la creación del ambiente en varias maneras. El autor nos describe cómo son algunas cosas como la descripción del ambiente sequo, “La patinadura del aire sobre las hojas secas del maíz y de los árboles sonaba cada vez más a lluvia”. El ambiente también está compuesto en tiempos de desesperación ya que la pareja quiere que llueva para que puedan cosechar,”Tanta falta que hace el agua…Y daría más plata, porque se ha secado mucho conuco”. Al final de la historia el ambiente se cambia a un tiempo de tristeza por la partida del niño que tanto cariño le tuvieron en tan poco tiempo,”Miraba como entre lágrimas al través de los claros flecos del agua la imagen oscura de Usebia, quieta entre la luz del umbral”. EL ambiente cambia en muchas maneras por ciertos las diferentes situaciones y acciones de Jesuso y Usebia.

    Describe cómo fueron cambiando las actitudes y la rutina del matrimonio a raíz de la llegada del niño.
    Las actitudes y la rutina del matrimonio a cambiaron en cierta maneras por ciertas razones. Al principio del cuento podemos ver como Jesuso le falta al respeto a su mujer por un simple error, “Ni de noche puedes dejar en paz a la gente…Ves vieja loca, tu aguacero?”. No solo este incidente demuestra el como era antes Jesuso sino que también Usebia le da una breve descripción de Jesuso a Cacique, “Ya yo no podía aguantar más a Jesuso…La visión del viejo oscuro, callado, seco, pasó entre las palabras”. Era tan mal hombre al principio pero con la llegada del niño Jesuso y Eusebia cambiaron mucho. Su relación entre ellos cambio en la manera en que se miraban el uno al otro, “También ambos parecían acabar de conocerse, y tener sueños para la vida venidera. Estaban hermosos hasta sus nombres y se complacen en decirlos solamente”. Ahora ellos ya sienten más amor y todo por la llegada de un niño el cual ellos nunca pudieron tener, un niño el cual llegó a llenarles el vacío que tenían en su corazón y cambiarles sus vidas por completo.

    Comenta sobre la importancia de Cacique y del niño en la vida de la pareja.
    El verdadero Cacique del cuento era un perro de Jesuso y Eusebia,”La imagen del viejo perro fiel desfiló por sus memorias”. Este era su compañero de los dos el cual era como su hijo ya que no tenían uno propio. Ahora este niño nuevo que ha llegado tiene mucha importancia en la vida de la pareja. Este niño representa al niño que por alguna razón ellos no pudieron tener. Claramente se ve como Jesuso y Eusebia le agarran cariño al niño porque planean varias cosas con él, “Y para Cacique?, Lo llevaremos al pueblo para que coja lo que le guste”. Ellos querían hacer lo que harían si tuvieran a un hijo de adeveras, “La imagen del pequeño rostro agudo y huroneando, les provocaba asociaciones de ideas nuevas”. El niño es importante en la vida de esta pareja ya que los transformó a los dos, por este nino ya ellos tienen una mejor comunicación y hasta se puede decir que su amor apagado se despertó con su llegada, El gozo mutuo y callado los unía y hermoseaba”. El niño era muy importante en sus vidas porque representaba a la criatura que ellos quisieron tener.

    Que simboliza la lluvia y la sequía?
    La lluvia y la sequía simbolizan ciertas cosas en este cuento. Se puede decir que la sequía simboliza la relación entre Jesuso y Usebia antes de que el niño llega a sus vidas. Antes su amor era seco y no había respeto en la relación,” El sabor de la vida amarga y dura se concentraba en el recuerdo de su hombre, cargándolo con las culpas que no podía aceptar”. También en el cuento podemos ver como la relación comienza al principio del cuento y nos damos cuenta que no es una relación feliz y sin respeto,”Ves vieja loca, tu aguacero?”. En cambio se puede decir que la lluvia representa la pureza y el nuevo flujo de la relación entre Jesuso y Eusebia después que llega el niño a sus vidas. Ahora la relacion es mas pasiva y con un amor diferente,“También ambos parecían acabar de conocerse, y tener sueños para la vida venidera”. Ahora su relacion es mas pura como el agua que cae del cielo y las cosas entre ellos habian cambiado,”Todas las cosas usuales se habían endomingado, se veían más hermosas, parecían vivir por primera vez”. La lluvia y la sequía representan la relación entre Jesuso Usebia antes y después de que el niño llegara a sus vidas.

    Explica tres metáforas e identifica 5 figuras literarias diferentes.
    -Tres metáforas en el cuento serían:
    “Bajo sus pies descalzos crujían las hojas vidriosas”
    “Obsesionados por el fantasma pulido del agua”
    “Una vaga dulzura le suavizó lentamente la expresión”
    La primera metáfora describe como las hojas truenan al pisarlas porque están bien secas. Por esta razón el autor las relaciona con vidrios por la manera en que un vidrio tronaria si lo pisaran.. La segunda metáfora relaciona el aguacero que el pueblo necesita con un fantasma. Un fantasma es algo difícil de encontrar ya que casi no salen al igual que la lluvia que el pueblo necesita. El autor relaciona un fantasma con el agua ya que los dos no asisten en el pueblo. La tercera metáfora describe como Usebia se pone feliz al conocer al niño. El autor relaciona la alegría como si fuera algo dulce en el momento.
    5 figuras literarias serian:
    Simil:”Empezó a caminar lentamente como un animal enorme y torpe”
    Personificación:” El color de la piel enriquecía el tono moreno de la tierra pisada”
    Hipérbole:” Estaban hermosos hasta sus nombres y se complacen en decirlos solamente.—Jesuso…—Usebia…”
    Sinestesia:”A medida que el día se hacía grande y profundo”
    Paradoja: “Si llueve, porque llueve…Si no llueve, porque no llueve”

    Porque Eusebia siente la necesidad de abrirle sus sentimientos al niño?
    – Usebia siente la necesidad de abrirle sus sentimientos al niño por varias razones. Una razón seria que ella quiere que el niño se encariñe con ellos para que no se vaya, es decir que quiere que el niño esté agusto con ellos. Un ejemplo sería cuando Eusebia está haciendo el almuerzo,”Miraba a Usebia atarearse en los preparativos del almuerzo y sentía un contento íntimo como si se preparara una ceremonia extraordinaria”. Una madre daría todo por sus hijos y como este nino es el que ellos no pudieron tener, le abre sus sentimientos al que pudo ser su hijo. Eusebia le siente cariño desde el primer momento que lo ve.” sacó una galleta amarilla, pulida como metal de dura y vieja. La dio al niño”. Usebia también le abre sus sentimientos ya que este niño les trae buenos recuerdos de su único amigo que tuvieron, su perro cacique,”Te acuerdas, Jesuso, de Cacique? El pobre”. En fin, Usebia le abrió sus sentimientos al niño porque este niño les haría buena compañía en sus vidas.

    Como describe el escritor la búsqueda del niño?
    -El escritor describe la búsqueda del niño como algo dramático por la forma en que va cambiando el ambiente y las actitudes de Jesuso Y Usebia. Cuando comienzan la búsqueda, el ambiente es en la tarde. Mientras pasan los minutos y no lo encuentran, el ambiente cambia de tarde normal a una tarde negra,”No! Mira el cielo negrito, negrito”. Se puede decir que la búsqueda del niño en este momento es por en vano ya que se ha vuelto de noche y los puede agarrar la lluvia. La búsqueda también es dramática por la manera en que las actitudes de los dos cambian. Podemos ver como los dos lo buscan un poco tranquilamente,”En la primera vuelta vio de reojo a Usebia, inmóvil, incrustada en las cuatro líneas del umbral, y la perdió siguiendo las sinuosidades”. Al paso del tiempo se desesperan y sus actitudes comienzan a cambiar, “Buscaba con rapidez que crecía vertiginosamente, con ansia incontenible, casi sintiéndose él mismo, perdido y llamado”.La búsqueda del niño les trajo tristeza a los dos ya que no lo pudieron encontrar,”Miraba como entre lágrimas al través de los claros flecos del agua la imagen oscura de Usebia, quieta entre la luz del umbral”. Este niño les trajo alegría a sus vidas por poco tiempo y ahora en la búsqueda les trajo tristeza.

  5. ¿Cómo explicas la reacción primero que tuvo Jesuso y luego que tuvo Usebia, la primera vez que enfrentaron la presencia del chamaco?

    ¿Cómo ayudan las descripciones en la creación del ambiente?

    Describe cómo fueron cambiando las actitudes y la rutina del matrimonio a raíz de la llegada del niño.

    Comenta sobre la importancia de Cacique y del niño en la vida de la pareja.

    ¿Qué simboliza la lluvia y la sequía?

    Explica tres metáforas e identifica 5 figuras literarias diferentes.

    ¿Por qué Usebia siente la necesidad de abrirle sus sentimientos al niño?

    ¿Cómo describe el escritor la búsqueda del niño?

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