El primer suplicio, Eduardo Acevedo Díaz

Fue en el sitio de 1870. Lo recuerdo bien. Todo se grabó en mi pupila y luego indeleble en el fondo de mi memoria. La mañana en que el condenado debía marchar al suplicio era muy hermosa, tibia, llena de vivos reflejos, ceñida en el alto del naciente con la diadema deslumbradora de la grandeza…